01/11/2015

¿Publicidad versus realidad?
XANDRA ROMERO
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Muchas veces hablamos de lo mucho que “manipulan” los anuncios y las estrategias de marketing de la industria alimentaria. En otros artículos hemos comentado de lo que es comida real y la que no lo es. En este contexto, hablábamos, entre otros nutrientes, del azúcar, de cómo, cuánto y cuándo debe aparecer en una etiqueta nutricional.

Como ya hemos comentado recientemente, la OMS (Organización Mundial de la Salud), dentro de sus recomendaciones para el control de la obesidad y las enfermedades relacionadas, ha fijado el límite de consumo diario de azúcar para personas adultas en 25 gr.

Sin embargo, el problema es que hoy en día, la mayoría de alimentos que se consumen de forma habitual tienen grandes cantidades de azúcar añadida, como los yogures y lácteos, salsas, panes, frutos secos, cereales de desayuno, galletas, precocinados y bebidas, principalmente.

Asimismo, incluso aquellos productos publicitados como ligth o bajos en grasa y hasta los que llevan alegaciones de salud en su publicidad («Cuidar tu digestión», «Bueno para el corazón», etc) o los que mencionan alguna “lindeza” por su contenido en vitaminas y minerales, van hasta arriba de azúcar añadido. Pero, claro, con tanto marketing, con un envoltorio que “vende” salud, lo compramos sin mirar la letra pequeña de atrás (la información nutricional) y luego vienen las sorpresas.

Sorpresas como, por ejemplo, la que nos encontramos al comparar la cantidad de azúcar que hay en cuatro galletas Oreo (16,4 g de azúcar), con la que tiene un Activia frutos del Bosque (16,9 g de azúcar), que se nos dice que es algo sanísimo.

Otra sorpresa es el yogur bebible de Eroski Bon yourt sabor fresa, que alega ser bajo en grasa (lo es), rico en calcio y está en el supermercado en la zona de lácteos «para cuidarse». Ofrece realmente por 180 g, solo, efectivamente, alrededor de 70 Kcal (1,8 g de grasa), pero, atentos, porque aporta alrededor de 20 g de azúcar por botella. Es decir, en una botella, te tomas más de dos sobres de azúcar.

Igual ocurre con los productos destinados a niños. Un claro ejemplo son las galletas Dinosaurus, que están avaladas por la AEP (Asociación Española de Pediatría). La realidad es que un aval de este calibre debería asegurar la calidad del producto y sin embargo, si leemos la información nutricional, vemos que el segundo ingrediente es el azúcar. Esto significa que después de los cereales, lo que más llevan las galletas en cantidad es azúcar. Es decir, con cuatro galletas, que es la ración que ellos proponen, los niños se están metiendo entre pecho y espalda 8,8 g de azúcares, más cantidad que un sobre de azúcar.

Estos son solo tres ejemplos para ver la importancia de no fijarse en lo que pone en el envoltorio por delante, ni en las alegaciones de salud que hace, ni en los avales científicos (una pena no poder fiarnos de esto). Mira la letra pequeña y si tiene más de 5 g por ración (por ración que te vayas a comer tú, no por ración que indica el fabricante) o si el azúcar está en el listado de ingredientes en los tres primeros puestos o incluso si todo el producto cuenta con más de cinco ingredientes, no es comida.