22/11/2015

¿Los quesos son adictivos?
XANDRA ROMERO
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La pasión por el queso parece que es una cuestión que va más allá del placer gastronómico. Desde esta semana, un estudio elaborado por la Universidad de Michigan compara la “adicción” al queso y a otros alimentos con los efectos que producen en el cuerpo el alcohol, el tabaco y otras drogas.

El estudio “Which foods may be addictive? The roles of processing, fat content, and glycemic load” ha investigado sobre los presuntos efectos adictivos que producen algunos alimentos altamente procesados (ricos en grasa saturada y trans, y azúcares simples) y cuáles serían las razones “químicas” que expliquen estos efectos.

Los resultados del estudio indican que el alimento más adictivo fue la pizza (con queso), ya que los productos lácteos contienen una proteína llamada caseína (el queso tiene más cantidad por ser un producto concentrado) que durante la digestión tendría unos efectos similares a los de los opiáceos.

Sin embargo, y aunque el debate sobre si existe o no una adicción alimentaria no es nuevo, todavía no se dispone de evidencias científicas claras como para asegurar una u otra cosa.

No obstante, actualmente la comunidad científica sostiene dos teorías sobre la adicción a la comida. La primera de ellas afirma que son determinados alimentos o ingredientes contenidos en estos los causantes de una verdadera adicción, similar a la que se le atribuyen a algunas drogas y sustancias estupefacientes. Además, señalan que esta teoría ayudaría a explicar, en cierta medida, el constante incremento de las cifras de obesidad y los trastornos por atracón.

Los que se posicionan a favor de esta teoría argumentan que existen evidencias, por ejemplo, de la dependencia al azúcar en modelos animales, pues se ha visto que es una sustancia que libera opioides y dopamina (sustancias químicas que activan los centros de recompensa cerebrales), es decir, lo que hace que sintamos placer. Y por ese motivo, puede tener un potencial adictivo, ya que se relaciona con cambios neuroquímicos en el cerebro que también se producen con las drogas adictivas.

Sin embargo, la segunda teoría argumenta que no hay evidencias para asegurar una

adicción alimento/ingrediente-dependiente. Pero sí se muestra más receptiva a la hora de reconocer una adicción conductual hacia la comida en general o conductas alimentarias adictivas. Para ello, remarca que, al igual que sucede con otros comportamientos (adictos a los juegos de azar o a las compras), el acto de comer también puede ser observado como un comportamiento adictivo en individuos predispuestos y en circunstancias ambientales.

Los investigadores del NYU Langone Medical Center han descubierto recientemente que la hormona insulina, además de controlar los niveles de azúcar en la sangre y la saciedad, también aumenta los niveles de dopamina cerebral, es decir, que la insulina controla los centros de recompensa y placer del cerebro.

Esto sugiere que los roedores, y presumiblemente la gente, pueden optar por consumir mayor cantidad de azúcares para aumentar la insulina y, con ello, la dopamina en el cerebro para sentir más placer. Por lo tanto, una mayor búsqueda del placer refuerza ese comportamiento, que se convierte en hábito.