21/02/2016

Estafas
BERTA GARCIA

S uelen ocurrir con mucha frecuencia, a cualquiera y en cualquier lugar y hora, ya que el estafador planifica bien sus objetivos y sus dianas. Desde una llamada telefónica diciendo que te ha tocado un viaje «totalmente gratis» hasta una venta piramidal en la que vas a convertirte en «millonario» de la noche a la mañana, todo vale cuando la parte estafada cae presa de la ilusión de ser tocada por la suerte y no se para a pensar en cuándo entró a participar en un sorteo o si aún queda algún desconocido en el mundo que dé algo gratis.

La casuistica es muy larga y diversa: préstamos rápidos, artículos de arte o antigüedades, venta de coches nuevos o usados, buscadores de empleo, mudanzas, cirugía plástica, tarjetas de crédito, centros de salud, ventas por internet, inversiones en metales preciosos, viviendas o terrenos inexistentes, sistemas de adelgazamiento, etcétera.

Y aunque, en principio, parece que actuamos como consumidores y usuarios, no hay que asimilarlos como problemas de consumo, a pesar de que haya incumplimiento de contratos, publicidad engañosa, letra pequeña que no hemos leído... Eso sí, podemos recurrir a los tribunales o a organismos de defensa del consumidor.

Estafas y fraudes deben ser resueltos a través de la autoridad policial –antes que en una oficina del consumidor– y hay que actuar con rapidez, ya que el tiempo es oro.

Sirvan varias recomendaciones de “botiquín de urgencia” por si alguna vez nos toca la mala suerte de picar el anzuelo.

• Nunca se envía dinero con el fin de recibir un premio. Esta ya es una señal roja para desconfiar.

• Nunca se debe proporcionar la información financiera personal (como los datos de la cuenta, etcétera). Los bancos no suelen pedir datos por teléfono o correo electrónico.

• Si se ha entregado dinero como señal o se ha proporcionado el número de la tarjeta bancaria, hay que notificarlo al banco y cerrar la cuenta vinculada a dicha tarjeta.