19/05/2019

Perspectiva
IKER FIDALGO ALDAY
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Una exposición es, en ocasiones, un mecanismo para la dirección de la mirada. Muchas de las estrategias comisariales habituales tienen que ver con la creación de un discurso en torno a una idea, tema o líneas de investigación alrededor de las cuales se desarrollan varios diálogos entre piezas, trabajos y textos. Existen espacios intersticiales que quedan sin definir y que surgen de los encuentros entre los distintos inputs que suponen los estímulos que rodean a lo expositivo. De nuevo, la experiencia vital de cada cual es la que completa el diálogo, definiendo la posición desde la que se lee. Aun y todo, existen temáticas que nos proporcionan el marco de interpretación. Una posición marcada que dicta el lugar en donde colocarse para entrar de lleno en un matiz concreto de lo que se presenta. Desde estas líneas hemos reivindicado en más de una ocasión la necesidad de emancipar al público de la excesiva dirección.

A veces, subyace un ansia de control por parte de un diseño expositivo que acaba por saturar el contenido entre textos explicativos, numeraciones y juegos de luces que parecen no dejar lugar a la libertad del propio recorrido. Una galería o una sala se antoja más interesante cuando juega con lo imprevisible y confía en la relación mirada-pieza. El equilibrio entre ambas maneras de trabajar es, sin duda, una de las cuestiones más difíciles del diseño expositivo.

Koldo Mitxelena Kulturenea de Donostia inauguró el pasado febrero una muestra bajo el título “Todas las bibliotecas del mañana”. Una reflexión en torno al papel de la biblioteca y a su misión como espacio para el archivo y trasmisión de la memoria que sustenta a una sociedad. Desde los incunables hasta los catálogos de búsqueda on-line, acotamos prácticamente toda la construcción cultural de nuestro tiempo. La biblioteca como depósito pero también desde su perspectiva de servicio público, como espacio de consulta y préstamo, cumple una función inapelable en el desarrollo de un tejido cultural.

Hasta el 1 de junio podemos disfrutar de una extensa muestra que plantea diferentes caminos que recorrer. Por un lado, encontramos el mapa de la sala dividido en una numeración por páginas, proponiendo de entrada una secuencia ordinal que conduce el recorrido. Cada estancia cuenta con una pieza, un panel informativo sobre una biblioteca reconocida a nivel mundial y una pequeña balda con ejemplares de distinta autoría. Encontramos menciones a la New York Public Library, la biblioteca de Alejandría o la British Library compartiendo espacio con piezas de Karmelo Bermejo, Alicia Framis o Ignasi Aballí. Aunque puede que nos topemos en ocasiones con una sensación de sobresaturación en la que echemos de menos espacios de respiro, conviene que nos acerquemos al centro donostiarra para ver piezas como “Marcapáginas”, de Maider López (Donostia, 1975), una recopilación de objetos utilizados como separadores que comenzó en colaboración con la editorial Consonni con motivo del lanzamiento del “Video Green” de Chris Kraus. Varios paneles acristalados presentan una colección de hojas, carnets, tarjetas, notas manuscritas, billetes de metro o calendarios, entre otros muchos elementos. Una poética del gesto íntimo de la lectura como un punto de encuentro compartido.

Por su parte, la sala Amárica de Gasteiz alberga hasta el 2 de junio la exposición del fotógrafo Ricardo Cases (Orihuela, 1971). Tres series fotográficas de proyectos diferentes son presentadas bajo el título “Un ambiente soleado”. El color y la presencia del Levante marcan la mirada de Cases que, desde esta triada, propone un acercamiento a una cotidianeidad de la que es conocedor. “Paloma al aire” (2011), “El porqué de las naranjas” (2014) y “Sol” (2017) son las colecciones que habitan la sala alavesa.