21/07/2019

Temas
IKER FIDALGO
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La cultura siempre ha estado ligada a las cuestiones que atañen a la humanidad. Los grandes temas han estructurado gran parte de la creación contemporánea, mirando hacia un tipo de poesía cuyo objetivo es el de encontrarse dentro de un espacio que es compartido por el público consumidor. Con el discurso de la posmodernidad, la entrada de la importancia individual y la desaparición de los grandes discursos propone terrenos tan fértiles como la cotidianidad o la vivencia individual. Esto que no es una contraposición, pues las preguntas existenciales siguen abarcando el fondo de nuestras dudas como sociedad, supone un desvío de la mirada y una apertura de las barreras interdisciplinares. La legitimación del arte se desprende del baremo de la alta cultura y se agarra a nociones mucho más reconocibles, cercanas y compartidas. La poesía de lo propio, parece ser un estandarte para arrancar del terreno de lo inalcanzable la creación plástica y artística. Sin embargo, el arte no ha logrado aún liberarse para siempre de el halo enigmático que lo eleva a espacios intangibles. Puede que la única manera que tenga de funcionar sea manteniendo ciertas estructuras verticales que necesiten de momentos de veneración para ser entendidas y asumidas, una separación que se logra desde los cimientos que lo sustentan. La exposición como lugar de encuentro es una de ellas y, sin duda, la más representativa de la evolución de la producción cultural actual.

Jesper Just (Dinamarca, 1974) es, hasta el 20 de octubre, el protagonista de la sala Film&Video del Museo Guggenheim de Bilbo. Recordemos que este espacio está dedicado a la proyección de proyectos audiovisuales de diferente índole, pero casi siempre asentados en un lenguaje de la instalación. En esta ocasión, el espacio está conformado por dos pantallas enfrentadas que crean un espacio en el que cada visitante se encontrará embutido entre dos estímulos narrativos. Prácticamente ausente de cualquier diálogo, la responsabilidad del relato recae sobre una imagen de exquisita factura en la que las miradas y la gestualidad de lo que sucede, asume una dimensión que se nos parece escapar en nuestro día a día. El poema “The Right of Way”, del escritor americano William Carlos Williams, es la fuente de la que proviene el título de la pieza realizada el pasado 2011. “This nameless spectacle (Este espectáculo innombrable)” constituye un alegato a favor de la potencia de lo cotidiano y de la levedad de los pequeños sucesos que componen nuestra experiencia de vida. Aquellos detalles que, si bien parecen no ser de gran relevancia, son el sustento de nuestra existencia. El protagonismo de lo trivial como motor de todo lo que sucede vuelve a ocupar un lugar relevante en la producción artística, pues parece imposible deshacer la pareja arte/vida que venimos asumiendo desde la mitad del pasado siglo.

El 5 de julio se inauguró en la sala de exposiciones de la casa de cultura del barrio donostiarra de Egia la muestra titulada “Los Omanís”, a cargo del fotógrafo Mikel Blasco. Este proyecto de fotografía documental relata el día a día de la costa Omaní, a través de su cultura ligada a la pesca y las formas de construcción de sus casas, cuya sostenibilidad reside en la mano de obra barata. El proyecto, fue realizado en Omán durante la guerra de Yemen e incide en la relación con Emiratos Árabes y su condición de potencia económica. Hasta el 30 de este mes podemos acercarnos a la galería y conocer la labor desempeñada por Blasco, cuya trayectoria profesional abarca muchas facetas a pesar de su juventud.