31/05/2020

Desconfinamiento alimentario
XANDRA ROMERO
014_salud

Durante este confinamiento he tenido mucho tiempo para aprender sobre ciertas formas que tenemos las personas de enfrentarnos al malestar. Hemos acabado con las existencias de Amazon, Wallapop y páginas similares en busca de máquinas y artículos de ejercicio, hemos hecho temblar Youtube con rutinas de abdominales y sentadillas y, por el contrario, hemos arrasado supermercados en busca de levadura y harina para volvernos locos haciendo pan, masa de pizza, repostería, etc.

Es curioso porque este “movimiento social” se ha trasladado a las redes sociales o, ¿quizá haya sido a la inversa? Y, durante estos meses, hemos sido testigos de cómo las publicaciones sobre comida y ejercicio físico iban aumentando de una manera desproporcionada, ejerciendo tanta presión que, en algunos casos, hemos podido llegar a compararnos negativamente si no realizábamos esa actividad física o no comíamos de forma muy saludable.

Quizá para muchos no haya supuesto más que una forma de “hacer” y no “pensar” en la situación que aún vivimos, pero ¿qué pasa con los más vulnerables? Pues que la presión es mayor debido a que sus pensamientos en relación a la pérdida de peso, el miedo a engordar y la necesidad de compensar son mayores. Pensamientos tales como “¿lo tendría que hacer?”, “comer y no moverme no es sano, debería de hacer algo de ejercicio”, “voy a engordar”…

Todo esto me ha hecho plantearme cómo, a pesar de ser o no creyentes, parece que en términos “corporales” la mayoría tenemos interiorizado algo así como la dicotomía “premio/pecado (pan, repostería); castigo/absolución (machacarme a abdominales)”, o dicho de otro modo: solo podemos disfrutar de ciertas cosas si hemos hecho algo para merecerlo. Y este es un concepto tremendamente peligroso para nuestra salud física y mental.

En contrapunto está emergiendo como solución la “alimentación intuitiva”, que se define como una forma de alimentación adaptativa en estrecho contacto con las señales fisiológicas internas de hambre y saciedad. Este tipo de alimentación, más allá de ser innovador, resulta ser algo inherente al ser humano pero que hemos perdido a lo largo de los años a causa de la cultura de dieta, la amplísima disponibilidad de comida que tenemos hoy en día, horarios... El caso es que se sostiene sobre cuatro elementos: 1. Permiso incondicional para comer cuando sea y cualquier alimento que se desee. 2. Comer por razones físicas (hambre) en lugar de emocionales. 3. Confiar en las señales de hambre y saciedad para determinar cuándo y cuánto comer. 4. Congruencia con la elección de alimentos y percepción corporal.

Alimentarse de este modo más “original”, a diferencia de nuestra percepción de alimentación actual, es cambiar el enfoque completamente; es centrarse en la salud en contraste con poner el foco en el peso corporal, y apoyar la adaptación a los procesos internos de regulación del hambre y la saciedad.

Se ha demostrado que las personas que pueden considerarse como “comedores intuitivos” son conscientes de sus señales internas de hambre y saciedad y confían en estas señales para guiar su comportamiento alimenticio alejando así la preocupación por la comida y su efecto, las sobreingestas y la restricción dietética.

Es por todo esto que la ingesta intuitiva ha ganado reconocimiento, ya que se ha asociado a diversos parámetros de bienestar físico y psicológico, además de no haberse observado ningún efecto adverso. La alimentación “punitiva” a la que llevamos sometidos tantos años, lejos de enseñarnos a comer en un sentido más amplio que el solo hecho de elegir los alimentos, nos mantiene en un bucle de prohibiciones absurdas, transgresiones que no deberían ser tal y, al fin y al cabo, en lucha constante con nuestro propio cuerpo que, en el peor de los casos, acaba enfermando física y/o mentalmente.

Por eso, aprovechemos este camino hacia esa “nueva normalidad” para dejar atrás esta forma “machacona” de alimentarnos y de ver y sentir nuestro propio cuerpo, para empezar a escuchar nuestras propias señales, o ¿acaso el hambre y la saciedad no son señales igualmente importantes como lo es respirar?