Lo geométricamente histórico es nuestra antológica pasividad y cómo retroalimentamos la trampa esclava que nos encarcela. Nos roban, sí; nos dejamos robar, que es aún peor. La maldición neoliberal nos trae ya unas desigualdades sociales en metástasis y el sueño húmedo thatcheriano -no hay sociedad, solo mercado- ha devenido en pesadilla cotidiana