08/09/2018

JEAN-CLAUDE TRICHET
EXPRESIDENTE DEL BANCO CENTRAL EUROPEO

El 15 de setiembre se cumplirá el décimo aniversario del desplome de Lehman Brothers en la Bolsa de Nueva York. No era la primera entidad que quebraba a consecuencia del estallido de la burbuja inmobiliaria, pero se convirtió en uno de los símbolos más claros del terremoto financiero que dio paso a la crisis económica global. Jean-Claude Trichet formó parte de un reducido grupo de personas que tomaron decisiones cruciales en aquellos momentos.

«El verdadero inicio de la crisis financiera que iba a golpear el mundo lo percibí el 9 de agosto de 2007 por la mañana»
AFP|PARÍS
En ese momento estaba en mi segunda residencia, en Saint-Malo, en contacto electrónico constante con el BCE y los miembros del directorio. Tomamos la decisión en dos horas y media.
Explicamos que la quiebra de Lehman podría tener consecuencias catastróficas, pero entendí que el Gobierno estadounidense no salvaría Lehman si no había una solución privada.
El crecimiento de la deuda de los países avanzados se ha ralentizado, pero esa ralentización queda compensada por una aceleración del endeudamiento de los emergentes.

La situación financiera actual es «tan peligrosa» como cuando quebró el banco estadounidense Lehman Brothers en setiembre de 2008, según asegura el expresidente del Banco Central Europeo (BCE) Jean-Claude Trichet, que asistió en primera fila a la crisis financiera de hace una década. Estos son extractos de una entrevista realizada por AFP, el pasado martes en París, en la que recuerda cómo vivió aquellos sucesos.

«Ahora se reconoce que el sobreendeudamiento masivo de las economías avanzadas fue un factor clave en el origen de la crisis financiera mundial de los años 2007 y 2008», declara Trichet a la citada agencia.

«El crecimiento de la deuda, en particular la privada, de los países avanzados se ha ralentizado, pero esa ralentización queda compensada por una aceleración del endeudamiento de los emergentes. Eso es lo que vuelve el sistema financiero mundial al menos tan vulnerable, sino más, que en 2008», considera quien fue presidente del BCE entre 2003 y 2011.

Durante su mandato, la institución monetaria europea tuvo que afrontar la crisis financiera junto a los demás grandes bancos centrales mundiales.

«El verdadero inicio de la crisis financiera que iba a golpear el mundo lo percibí el 9 de agosto de 2007, por la mañana, cuando nos enfrentamos a una interrupción completa del funcionamiento del mercado monetario de la zona euro», recuerda. El mercado hipotecario estadounidense había dado varias señales de fragilidad, pero todo se aceleró a mediados de 2007 con las primeras quiebras en Estados Unidos.

A finales de julio, las bolsas mundiales se tambalearon y el contagio alcanzó a Europa. Alemania tuvo que inyectar dinero en el banco IKB, un plan de rescate de más de 3.000 millones de euros. El 9 de agosto de 2007, el grupo bancario francés BNP Paribas congeló tres de sus fondos invertidos en EEUU, cuyo saldo se había reducido en 400 millones de euros en unos días.

El pánico

El pánico se extendió y el mercado monetario, en el que los bancos intercambian dinero, quedó paralizado.

«La situación no tenía precedentes desde la Segunda Guerra Mundial: no había ninguna actividad normal, ninguna transacción entre bancos, ninguna tasa de interés en el mercado (...). Entonces tomo con mis colegas la decisión de dar toda la liquidez solicitada por las instituciones financieras sin límite».

Aquel 9 de agosto de 2007, unos 50 bancos de la zona euro piden al BCE 95.000 millones de euros para poder afrontar sus obligaciones, una suma nunca vista. Y el organismo europeo concede esos préstamos.

«En ese momento estaba en Bretaña, en mi segunda residencia de Saint-Malo, en contacto electrónico constante con el BCE y los miembros del directorio. Tomamos la decisión en dos horas y media», cuenta Trichet.

«Esa decisión fue considerada como muy importante por todos los observadores y los participantes del mercado porque demostraba que el BCE podía tomar muy rápidamente decisiones muy atrevidas», comenta.

«Había dos escuelas: los que pensaban que la crisis de las subprime anticipaba algo grave e importante, y los que consideraban que era una simple corrección del mercado, bastante sana y sin gravedad sistémica. Yo pertenecía a la primera escuela», agrega.

En vez de mejorar, la situación siguió deteriorándose en los meses siguientes hasta la crisis total: el 15 de setiembre de 2018, el banco de negocios estadounidense Lehman Brothers se declaró en quiebra. Aunque Lehman era el banco de negocios más pequeño de Wall Street, «fue el detonante», dice Trichet.

«(En los días precedentes), estoy en contacto con Ben Bernanke [el jefe de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed)], con Tim Geithner [el presidente de la Fed de Nueva York], con mis colegas del mundo entero», recuerda.

«Explicamos que la quiebra de Lehman podría tener consecuencias catastróficas, pero entendí que el Gobierno estadounidense no salvaría Lehman si no había una solución privada», prosigue el expresidente del Banco Central Europeo.

Las autoridades estadounidenses, criticadas por los demócratas y también por los republicanos tras la ayuda pública brindada a los organismos de financiación hipotecaria Fannie Mae y Freddie Mac, dejó quebrar Lehman Brothers.

«Mi sentimiento es que el Gobierno estadounidense consideraba que no tenía, en aquel momento, la capacidad política para intervenir con dinero público. Así que yo me preparaba para una catástrofe», confiesa el economista francés.

El BCE avisa de que la próxima crisis también estará ligada al mercado inmobiliario

La presidenta del Consejo de Supervisión del Banco Central Europeo, la francesa Danièle Nouy, cree que la próxima crisis económica estará ligada al mercado inmobiliario, aunque considera que en estos momentos los bancos están «mucho mejor preparados» para afrontarla que hace una década.

En una entrevista con la agencia de noticias letona Leta, de la que se hizo eco Europa Press, Nouy admite que lo «único» que sabe a «ciencia cierta» es que habrá otra crisis, aunque desconoce cuándo o dónde surgirá. Pero sospecha que la próxima crisis la causará, de nuevo, el mercado inmobiliario. «Muchas de las crisis anteriores han estado relacionadas con el mercado inmobiliario, aunque no sea de manera directa», subrayó esta experimentada mujer de las finanzas.

No obstante, Nouy opina que, gracias a que el Mecanismo Único de Resolución (MUR) está en marcha, los bancos están «mucho mejor preparados» para afrontar un shock económico, ya que teóricamente los mecanismos de gestión de crisis son «más fuertes». Precisamente, ella ha sido la encargada de implementar el MUR, cuyo objetivo es la «resolución ordenada de los bancos en quiebra con un coste mínimo para los contribuyentes y la economía real» de la Unión Europea.

Esta reguladora también alerta de que los tipos de interés variable «tienen riesgo», ya que no hay «garantía» de que, cuando suban, los beneficios de las compañías o los salarios de los trabajadores también se incrementen al mismo ritmo. «Vamos a seguir de cerca los desarrollos del mercado inmobiliario», aseguró. GARA


 

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