10/09/2018

Reportage
 
SEMANA CLAVE EN GUATEMALA TRAS EL VETO AL JEFE ANTICORRUPCIÓN DE LA ONU

El presidente guatemalteco, Jimmy Morales, ordenó que no se permita entrar en el país al jefe de la Cicig, el fiscal Iván Velásquez. La guerra declarada por el mandatario contra la agencia anticorrupción de la ONU ha incrementado la tensión. Esta semana será clave.

Alberto PRADILLA
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La guerra del presidente, Jimmy Morales, contra la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (Cicig), ha llevado al país centroamericano al borde del precipicio. Por un lado, el mandatario y sus aliados (militares, grandes empresarios y la mayoría de integrantes del Congreso). Por el otro, organizaciones sociales y una parte de la comunidad internacional a la que, por ahora, no se ha sumado Estados Unidos. Esta semana está previsto que la Corte de Constitucionalidad (CC) decida sobre la orden del presidente de no permitir el ingreso en el país del jefe de la misión anticorrupción de la ONU, el fiscal colombiano Iván Velásquez. También están previstas manifestaciones en su apoyo. Habrá que ver hasta qué punto es capaz de llegar Morales para imponer su veto a la Cicig.

El 31 de agosto, Morales se rodeó de militares para anunciar que no renovaba el mandato de la Cicig, que concluye el 3 de setiembre de 2019. Seis días después, junto a los pesos pesados de su Gobierno (Vicepresidencia, Gobernación y Cancillería) daba otra conferencia en la que cargaba contra la ONU, acusaba a Velásquez y sus colaboradores de cometer irregularidades en Guatemala y, lo más importante, se negaba a responder si acatará una orden de la CC que le obligue a readmitir a Velásquez. Está previsto que los magistrados hablen el lunes.

En agosto de 2017, después de que Morales declarara «non grato» al comisionado y tratase de expulsarle, los jueces le dieron amparo y prohibieron cualquier intento de sacarle del país. Esto hace que haya sectores en Guatemala que consideran que el presidente ha desobedecido a la Corte y que estamos en la antesala de un autogolpe de Estado.

Morales ha advertido en dos ocasiones que no acatará «órdenes ilegales». Es decir, que podría incurrir en desacato si la CC le exige reintegrar a Velásquez. Si se llega a ese momento, los magistrados pueden ordenar destituir a los ministros y abrir un proceso contra el presidente. No obstante, si eso llega, es posible que entremos ya en un contexto de autogolpe de Estado, así que poco podrán decir los magistrados. Los jueces han pedido informes al Gobierno para que explique su beligerancia contra la Cicig. En realidad, Morales puede poner fin al mandato de la agencia de la ONU, que lleva en el país desde 2006. Lo sorprendente son sus argumentos. Desde hace una semana lleva a acusando a Velásquez y sus colaboradores de cometer ilegalidades en Guatemala. Sin embargo, esos presuntos delitos no han sido denunciados ante el Ministerio Público.

En el ámbito internacional, la Cicig tiene el apoyo absoluto del secretario general de la ONU, Antonio Guterres, y de la Unión Europea, que es su principal sostén financiero. Guterres ha pedido a Velásquez que siga al frente de la agencia aunque sea desde el exterior de Guatemala. Quien se ha mantenido tibio es EEUU. La Cicig siempre ha gozado del apoyo bipartidista en Washington, tanto con George W. Bush como con Barack Obama. Esto ha cambiado con la llegada la poder de Donald Trump. Morales fue el primer presidente que siguió a su homólogo de la Casa Blanca y cambió la embajada en Israel de Tel Aviv a Jerusalén. Parece que la jugada le ha servido para recibir el apoyo de EEUU, ya que el secretario de Estado, Mike Pompeo, habló de una «Cicig renovada» sin condenar los ataques de Morales.

 

Movimientos militares que recuerdan a tiempos pasados

Guatemala ha sido un país de dictaduras militares y golpes de Estado. El último lo dio Jorge Serrano Elías en 1993, hace 25 años, en un contexto de conflicto armado interno, ya que la paz con la guerrilla no se firmaría hasta 1996. Fue un intento de autogolpe que recuerda a los actuales movimientos de Jimmy Morales, pero que se encontró con el rechazo de parte del Ejército, empresarios y sociedad civil. Esa es la duda en el momento actual. Si se materializará la oposición al presidente.

El mandatario ha recurrido a los uniformados como forma para meter miedo y hostigar a la sociedad civil. Se rodeó de militares para anunciar que la Cicig no seguirá en Guatemala. Mandó a varios jeeps artillados a patrullar la sede de la agencia anticorrupción y se ha extendido el rumor que su intención era sacar al comisionado por la fuerza y meterle en un avión, algo que se evitó por la intercesión de EEUU.

En las últimas jornadas, líderes sociales y campesinos han denunciado estar siendo hostigados por agentes de la Policía Nacional Civil. Gobernación ha suspendido todos los permisos y tiene a todo el personal en alerta.

Mañana hay convocada una protesta ante el Congreso y el miércoles diversas marchas que bloquearán la capital. Habrá que ver si Policía o Ejército no tratan de aprovechar las protestas para generar una escalada que justifique el estado de sitio.A. PRADILLA