14/07/2019

chronicle
 
LA VIDA AL OTRO LADO DEL PUENTE ARRANCADO EN SANSOAIN

UNA VEINTENA DE HABITANTES CONTINÚAN VIVIENDO EN SANSOAIN. TIENEN LUZ, PERO EL AGUA SE LES ACABA. LA CASETA CON EL SISTEMA DE BOMBEO DEL RÍO AL DEPÓSITO YA NO ESTÁ. SE LA COMIÓ LA RIADA. TRAS LA DESAPARICIÓN DEL PUENTE DE ENTRADA, SOLO SE ACCEDE AL PUEBLO MEDIANTE UN RODEO POR UN PARQUE EÓLICO.

Aritz INTXUSTA
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Jon Campos, propietario del Coto de la Valdorba, sigue matando el tiempo en la barra del bar. Pero es imposible que entre nadie.

Sansoain es el primer pueblo de la carretera que sale del restaurante El Maño hacia Olleta. Es una carretera estrecha, tan estrecha que no tiene línea central que distinga los carriles. Transcurre al lado de un riachuelo que es más una acequia y que, hasta esta semana, estaba lleno de huertas en sus riberas. Las intensas lluvias transformaron el riachuelo en un torrente con una fuerza bestial. Ya no quedan huertas. Todo es un mar de barro con el cadáver de una furgoneta aún clavado. Fueron esas aguas marrones que caían desde Orbaibar las que abrieron ese enorme socavón en la N-121 que salió en todas las televisiones.

Antes de arrasar la carretera general, el riachuelo agigantado acumuló árboles y suciedad formando un tapón en el puente por el que se accede a Sansoain. Luego lo acabó arrancando de cuajo. El extraño dibujo de los quitamiedos da fe de la ferocidad de las aguas. Pero al otro lado del puente, la vida sigue.

Sansoain estuvo unos años despoblado hasta que se instaló allá el Coto de la Valdorba, un coto de caza privado que cuenta también con bar restaurante y, desde hace poquitos años, con un hotel de cuatro estrellas. Jon Campos, propietario del negocio, sigue matando el tiempo en la barra del bar. Supuestamente está cerrado, pero sigue poniendo cafés cuando algún vecino pasa por allá en busca de noticias. No cobra, no tiene ganas. Da la impresión de que está allá por fijarse una rutina y no volverse más loco.

Nadie de fuera va a pasar por el bar, ni por el restaurante y a los últimos clientes del hotel los tuvo sacar en pleno diluvio. Las reservas que ha anulado las tiene que compensar económicamente. Cuesta cerca de una hora llegar a Sansoain desde Tafalla. Y solo se llega con un guía que se sepa bien los cruces del parque eólico de Olleta. En este caso, Alberto Irisarri, edil de Leotz (municipio al que pertenece Sansoain) cumple esa función. «Solo insisto en una cosa. Que pongan un puente. Provisional o lo que sea. Esta gente no puede esperar. Esa es la urgencia, para lo demás ya hay tiempo» remarca desde su todoterreno.

En el pueblo nadie sabe nada. Campos desconoce cuándo podrá volver a coger reservas. Su establecimiento da trabajo a siete personas de continuo, más los extras del fin de semana. «Solo quiero un poco de orientación. Algo a lo que atenerme». Está quejoso porque dice que los obreros que trabajan en El Maño terminan a las seis de la tarde. En Sansoain dicen que primero se solucionará la general y luego vendrán al pueblo.

Además de dejarles sin su salida natural hacia Tafalla e Iruñea, el río les ha dejado sin agua corriente. El aljibe desde el que bombean agua al depósito que se encuentra encima del pueblo también ha sido arrastrado por el agua. La Mancomunidad de Mairaga les ha transmitido que no tiene camiones que puedan adentrarse por esas pistas. Nadie sabe qué ocurrirá si se acaba lo que hay en el depósito. Las reservas están a la mitad.

Jesús Sanado, uno de los vecinos, entra al Coto a ver si hay alguna novedad. «Estamos aislados, algunos están pensando en irse. Queremos información. ¿Qué pasa si tenemos una urgencia médica? Esto no puede ser. No podemos seguir así», subraya.