12/09/2019

Reportage
 
LATINOAMÉRICA ANTE EL RETO DE ALIMENTAR AL MUNDO BAJO LA AMENAZA DEL CAMBIO CLIMÁTICO

América Latina y el Caribe destaca como la principal región exportadora neta de alimentos en el mundo, por encima de Europa y Estados Unidos, pero tiene el reto de transformarse y tomar iniciativas para hacer frente al cambio climático que altera su producción.

AFP
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Dentro de tan solo once años, en el 2030, algunas zonas de la región podrían ya sentir los efectos del aumento de 2 °C de la temperatura, según indicó el martes en Santiago de Chile un grupo de expertos de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Los efectos de la sequía en las plantaciones de aguacates de México y Chile o los provocados por el calor en los cafetales de Centroamérica se viven hoy como situaciones extraordinarias, pero esta región proveedora de proteínas de sus mares, tierras y ríos está obligada a cambiar sistemas de producción, de consumo y de comercialización a raíz de la crisis climática.

«Si no actuamos ya frente a esto que hoy en día nos parece una emergencia, se va a convertir en el nuevo ‘normal’, y esa es la dimensión enorme de los desafíos que tenemos por delante», advirtió Julio Berdegué, representante Regional de la FAO para América Latina y el Caribe.

«En 2030 tendremos el 40% de nuestra región ya con los famosos 2 °C adicionales», apuntó Berdegué al presentar la “Serie 2030”, integrada por 33 estudios que abordan los principales desafíos rurales, agrícolas, alimentarios y ambientales en la zona.

Dos grados que lo cambian todo

América Latina contribuye con más del 45% de las exportaciones netas mundiales de alimentos. Y, a pesar del panorama desalentador para una región con el 90% de territorios rurales, los expertos también estiman que «esta contribución podría aumentar considerablemente en los próximos años».

La clave consiste en aplicar cuanto antes las políticas apropiadas para aumentar la producción de manera sostenible.

Los mares de la región son privilegiados en la producción de proteínas para la alimentación, a lo que se suma una acuicultura creciente, como indicó Carolina Trivelli, investigadora principal del Instituto de Estudios Peruanos. Pero también alertó de que «el aumento de la temperatura está afectando ya las aguas relevantes para la pesca, haciendo que se desplacen especies, y eso obliga a un cambio en las actividades pesqueras y en los procesos de transformación posteriores», con un impacto en «la disponibilidad, en el tipo y en la composición de especies con las que contamos».

También mencionaron el «drama de los productores centroamericanos de café» amenazados por el aumento de temperaturas en las zonas altas. «Esas alturas se van a mover, van a subir. ¿Qué vamos a hacer con los miles de productores? Son inversiones enormes», comentó Berdegué.

«Más allá de las pequeñas ventajas que alguien pueda sacar en algún cultivo, claramente todos perdemos en un escenario de dos grados más», resumió el representante de la FAO. A modo de ejemplo, los expertos señalan que algunos países como Argentina y Uruguay tendrían mejores condiciones para producir más leche, pero «a costa de que países como Perú, Ecuador o Colombia, que perderían ese potencial; y puede que en leche gane Argentina pero va a perder en trigo, va a perder otras muchas cosas. En el balance no hay ganadores con 2 °C más».

¿Ganadería sostenible?

El análisis destaca que en 2050 la producción de alimentos deberá aumentar un 60% para atender las necesidades de casi 10.000 millones de personas en el mundo. La magnitud de las políticas públicas y de las inversiones privadas son colosales para hacer frente a la transformación que necesitan los sistemas alimentarios en la región.

Mientras en Occidente crece el debate sobre la necesidad de una industria ganadera sostenible, «por otro lado hay unos cientos de millones de consumidores en Asia que por primera vez tienen los ingresos necesarios para comer algo de carne, y están demandando mucha carne», algo que confronta a los países productores como Brasil, Argentina o Uruguay.

Los desafíos están centrados en cambiar el impacto humano en el medioambiente, «sobre nuestros bosques, las aguas que contaminamos, los suelos que erosionamos, que desertificamos, las selvas que se queman, en un contexto de cambio climático que ya está aquí y hace mucho más difícil la tarea».

Y tampoco hay que subestimar el gran impacto en los hábitos de consumo de alimentos altamente procesados que han acarreado «una epidemia de sobrepeso y obesidad que cuesta dos trillones de dólares en los presupuestos de salud y un 2% del PIB mundial», tal como señaló Berdegué.