18/09/2019

Reportage
 
LOS TRABAJADORES DE GENERAL MOTORS, EN HUELGA POR PRIMERA VEZ DESDE 2007

Cerca de 50.000 trabajadores estadounidenses de General Motors iniciaron una huelga el lunes, un movimiento social de una amplitud excepcional que podría prolongarse debido al impasse en las negociaciones salariales con la dirección del grupo automotriz.

AFP
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La huelga «probablemente va a durar» ya que «solo estamos de acuerdo sobre un 2% de las disposiciones del nuevo convenio y todavía queda que nos entendamos sobre el otro 98%», declaraba el lunes a AFP Brian Rothenberg, portavoz de UAW, el potente sindicato del sector del automóvil de EEUU. Esta central ha recibido el mandato de sus afiliados para iniciar esta huelga, la primera en GM desde 2007.

La producción de vehículos del gigante de Detroit, reflotado con dinero público después de su histórica quiebra en el año 2009, quedó interrumpida en Estados Unidos debido a la huelga, según indicó Rothenberg, lo que podría llevar al desabastecimiento de los concesionarios.

Con camisetas y pancartas que recogían lemas relativos a esta movilización social, los trabajadores se manifestaron, en calma, ante las entradas a las instalaciones de GM, repartidas en diez estados. «Estamos preparados para que esta huelga dure el tiempo necesario para obtener un contrato justo», comentó a AFP un empleado ante la planta de Detroit Hamtramck, un pequeño suburbio de la denominada Motor City.

Las negociaciones entre la dirección de General Motors y UAW se retomaron el mismo lunes y estaba previsto que se prolongaran durante la jornada de ayer.

Alrededor de 46.000 asalariados de GM que trabajan en 31 fábricas se sumaron a la huelga, vigilada de cerca por la clase política a poco más de un año de la elección presidencial, en cuya campaña una de las grandes cuestiones es la relacionada con los empleos industriales.

«No quiero que GM construya fábricas en China, ni en otros países (...). GM obtiene la mayoría de sus beneficios en Estados Unidos», declaró Donald Trump, quien dijo que espera que la huelga sea «de corta duración». El mismo repique de campana se escucha en el campo de los candidatos demócratas: «Un empleo es más que un recibo de pago; es dignidad y respeto», indicó el exvicepresidente Joe Biden, mientras que el senador Bernie Sanders instó a la dirección de GM a «poner fin a la avaricia».

GM y UAW debaten desde julio sobre un nuevo convenio para los próximos años. Sustituirá al que expiró el pasado sábado, 14 de setiembre, y servirá de base para las negociaciones en Ford y Fiat Chrysler.

Grandes diferencias

Las negociaciones habían llegado a un punto muerto, ya que la brecha es muy grande entre las reivindicaciones sindicales y las propuestas de la dirección en torno a los salarios, las prestaciones por atención médica, el estatus de los trabajadores eventuales y la seguridad del empleo.

UAW también reclama que se reactiven cuatro fábricas. Una de esas plantas se ubica en Lordstown, Ohio, uno de los estados industriales, junto con Michigan, que pueden ser determinantes en el resultado de las elecciones presidenciales de 2020.

Con su lema “America First” (Primero EEUU), Trump prometió mantener, e incluso aumentar, los empleos industriales en estos estados especialmente afectados por las deslocalizaciones y una mano de obra más barata en México. Y aunque ya no sea el que fue en los años 70 y 80, el sector del automóvil estadounidense continúa siendo un gran proveedor de empleos industriales y el pulmón económico de algunos estados.

Según el lobby Alliance of Auto Manufacturers, la industria automovilística sostiene 9,9 millones de empleos directos e indirectos en Estados Unidos y supone cerca del 3% de su producto interior bruto (PIB).

«Hemos presentado una oferta sólida para mejorar los salarios y los beneficios sociales, así como para aumentar los empleos en Estados Unidos de forma sustancial», indicó a AFP un portavoz de GM. «Estamos negociando de buena fe», añadió.

La dirección de la compañía afirma que ha ofrecido más de 7.000 millones de dólares de nuevas inversiones en las factorías estadounidenses y que ha propuesto crear 5.400 empleos adicionales.

El pasado año, el grupo dirigido por Mary Barra registró un beneficio neto de 8.010 millones de dólares, pero desde entonces se enfrenta, como el conjunto del sector, a la desaceleración global de las ventas de vehículos nuevos y a la guerra comercial.

Esta huelga podría costar hasta 100 millones dólares por día, pero esa cifra podría ser mucho mayor si se prolonga en el tiempo, como estima Arthur Wheaton, profesor en la Universidad Cornell (Nueva York).

De momento, el valor de las acciones de General Motors cayó el lunes un 4,25% en la Bolsa de Wall Street. Los trabajadores, por su parte, «pierden dinero al instante», como resalta Wheaton.

Desde UAW se destaca que los trabajadores se han puesto en huelga después de «ayudar incansablemente durante años a que General Motors alcance beneficios de récord», mientras que la dirección «se niega a dar ni una migaja para ayudar a las familias trabajadoras de clase media».

Esta huelga también es una prueba crucial para esta gran federación sindical, que afronta la erosión de la militancia y se ha visto envuelta en un escándalo de sobornos. En este contexto, en junio UAW fracasó en su intento de constituir una sección en una fábrica de Volkswagen en Tennessee.