Beñat Zaldua
Barcelona
Interview
Vicent Partal
Director de Vilaweb

«El país ha asumido que la forma más sensata de seguir viviendo es la independencia»

Curtido como periodista en diferentes procesos de independencia, Vicent Partal lleva años al frente de Vilaweb, referencia del periodismo electrónico en Catalunya. En esta entrevista nos da algunas de las claves para entender el auge del independentismo catalán en los últimos años.

Vicent Partal, director de Vilaweb, en la redacción de Barcelona.
Vicent Partal, director de Vilaweb, en la redacción de Barcelona.

Recientemente se han cumplido dos años desde la masiva manifestación del 10 de julio de 2010 en contra de la sentencia del Constitucional contra el Estatut. Desde entonces, el independentismo no ha hecho más que crecer. ¿Cómo lo explica?
Yo creo que Catalunya no está cerca de un proceso de independencia, sino que está ya en ese proceso de independencia. Cuando se escriba un libro de aquí a no se cuántos años, explicando cómo ha pasado esto, el último capítulo comenzará o con la sentencia del Tribunal Constitucional o con la votación del nuevo Estatut. En todo caso, hay dos orígenes muy contundentes en este crecimiento del independentismo: un malestar generalizado de décadas por la cuestión de la financiación, que ya se ha traducido políticamente en el tema del expolio y es asumido por la población. Digamos que eso aguantaba hasta que explota el tema del Constitucional, que supone una bofetada a la voluntad popular hasta para los más moderados. Yo creo que eso libera una fuerza nueva porque, a diferencia de lo que pasaba en Euskal Herria, aquí el independentismo siempre había sido muy minoritario. La clave de todo lo que está pasando, resumido en una frase, es que el país ha asumido que la forma más sensata de seguir viviendo es convertirse en un Estado independiente.

Hay quien sitúa este crecimiento del independentismo en las bases de CiU, pero hay quien señala, cruzando datos, que el 70% de los independentistas se sitúan en la izquierda. ¿En qué espectro político situaría el grueso de los independentistas?
Creo que la matemática recreativa da para mucho, yo no sé determinarlo exactamente. Pero creo que el gran cambio se produce dentro de Convergència, ya que su base electoral se ha convertido en independentista por primera vez en la historia. También hay un posicionamiento como el de Jordi Pujol, que a mi me parece muy ilustrativo de lo que está pasando en el país. Un hombre que ha luchado para situar Catalunya dentro de España y que ahora ha tirado la toalla, al verlo imposible.

¿Esa conversión de la base de CiU hacia el independentismo puede acabar convirtiéndose en un problema para el Govern?
Sí. CiU tiene una situación delicada. Tiene un gran poder, ya que controla prácticamente todos los resortes de poder del país, y tiene que elegir una opción. Hay que tener en cuenta varias cosas. Primero, CiU es un partido que sabe convivir con posiciones diversas. Eso es muy difícil, pero lo sabe hacer muy bien. Pero a veces eso le provoca problemas serios, como ahora, cuando ya no es el momento de buscar un consenso sino de tomar una decisión. CiU también tiene otra cosa muy interesante y es que tiene un olfato político monumental. Ellos siempre dicen, ‘nosotros tenemos que marcar el camino, pero al girarnos, no podemos ver que no nos sigue nadie’. ¿Qué problema tienen ahora? Yo diría que la gente ya los ha pasado por delante, ahora más bien están frenando. Es muy complicado defender eso de ‘independentismo sí, pero ahora no toca’. Por lo tanto, creo que llegará un momento en el que CiU tenga un problema serio con este tema.

¿Ve a CiU capaz de dar el paso rupturista hacia la independencia?
Yo siempre digo que no tengo fe en nada, tampoco tengo fe en Artur Mas ni nada parecido. Pensar en si Mas será capaz de dar el paso es una cuestión de fe, yo no tengo ni idea, no lo conozco suficientemente. Más que una impresión, yo por mi vida como periodista, en la que he estado en seis países la noche que se hacían independientes, he visto que muchas veces te haces independiente sin quererlo. De repente te encuentras en medio de una situación que desencadena un proceso y eso acaba en la independencia. La clave del posible problema que tendrá CiU no es tanto si en el momento de la verdad responderá o no, que eso a mi me parece demagógico decir que sí o que no, el problema para CiU es gestionar el ‘tempo’. Es decir, la gente está muy nerviosa, tiene ganas de ir rápido, no aguanta mucho más, y si, por ejemplo, CiU en las próximas elecciones en vez de presentarse con un programa claramente independentista se presenta con un programa difuso, yo creo que empezará a tener problemas.

Se ha hablado mucho de que el independentismo que ha crecido es un independentismo sociológico, sin demasiada traducción en el campo político. ¿Qué hace falta para que ese independentismo se convierta en un movimiento político?
Yo es que creo que hay una confusión de términos. Una cosa es la lucha política, que si yo voto a la izquierda, a la derecha, a la socialdemocracia, etc. Eso es una cosa. El independentismo solo vota el día del referéndum y, evidentemente, vota a los partidos independentistas que quieren hacer avanzar el proceso. Son votaciones diferentes. Yo creo que hay, por una parte de la población, una obsesión en la creación de un frente independentista para el cual yo no veo bases razonables. Los partidos independentistas están peleados entre ellos, al país no le gustan esas fórmulas. Por lo tanto, yo no me pondría excesivamente nervioso por este tema. Lo que es importante es que cada vez más fuerzas políticas asuman la independencia como objetivo político inmediato. En ese sentido, Convergència ha dado un paso clarísimo en su Congreso, o ICV, que hace dos años que está dando pasos muy contundentes. Son dos elementos muy positivos que ensanchan el panorama independentista. El independentismo social no tiene por qué traducirse en un movimiento político, la sociología del país no funciona así. Lo que pasa es que eso puede conducir a que fracasemos. Ese es otro tema. No está escrito que vayamos a ganar. Yo creo que en la situación actual, sería muy extraño que esto no desembocara a corto plazo en un proceso de independencia, pero no está garantizado.

¿Qué le parecen iniciativas como la Assemblea Nacional Catalana?
Yo lo he observado con mucha curiosidad. Estuve en la presentación y he estado en algún acto. Creo que son procesos paralelos. Forma parte de ese nerviosismo que tiene el país, pero no deberíamos confundir planos. Una cosa son los partidos políticos, que son fundamentales, porque al final, la declaración de la independencia la hará el presidente o el Parlament. Ese es el plano político. Hay otro plano que es el de la sociedad civil, donde entidades como Ómnium han jugado un papel muy activo. Las consultas fueron, probablemente, el fenómeno central de la ola de independentismo que tenemos y la ANC, tengo la sensación de que intenta recuperar el espíritu de las consultas, como también lo intenta otro núcleo, que para mí también es muy importante y que es la Associació de Municipis Independentistes, que está consiguiendo unir municipios de diferentes colores políticos con la voluntad de volver a hacer un referéndum, pero que sea un referéndum nacional, el mismo día. Para mí son planos diferentes, y se equivocarían si intentasen hacer otra cosa, si la ANC intentara ser un partido para presentarse a unas elecciones se equivocaría.