Ángel Ferrero
Moscú

El «caso Nemtsov» agita las redes pero causa indiferencia en la calle

La muerte del opositor ruso Boris Nemtsov y las detenciones el fin de semana de cinco personas, acusadas de estar implicadas en su homicidio, y el hecho de que varios de los detenidos sean de origen checheno ha disparado las especulaciones en las redes y en los medios. Un tribunal de Moscú decretó ayer cárcel provisional para Zaur Dadayev, Anzor Gubashev y su hermano menor Shagid, Ramzan Bajayev y Tamerlan Eskejanov por su implicación en la muerte del opositor Boris Nemtsov.

La mañana del sábado, las autoridades rusas detuvieron a dos sospechosos en relación a la muerte del político opositor Boris Nemtsov, según informó el director del Servicio de Seguridad Federal (FSB), Alexander Bortnikov. Los sospechosos son Zaur Dadayev y Anzor Gubashev, proceden del Cáucaso norte y no cuentan con antecedentes penales. Ayer se informó de la detención de otras tres personas, entre ellas el hermano menor de Gubashev.

El anuncio desencadenó de inmediato una oleada de especulaciones en la red, ya que si Dadayev y Gubashev actuaron por encargo de un tercero, ¿de quién puede tratarse y qué intereses tiene en la muerte de Nemtsov?

El opositor Alexéi Navalni publicó en su cuenta de Twitter una captura de pantalla de la página web del Gobierno checheno, un comunicado sobre la entrega de medallas a un grupo de oficiales del Ejército, entre los que figura un Zaur Dadayev, antiguo miembro del batallón Sever (Norte) del Ministerio del Interior de Chechenia.

Mientras tanto, frente a la Embajada estadounidense, el Movimiento de Liberación Nacional (NOD), de tendencia nacionalista, realizaba un piquete en el que los manifestantes portaban pancartas con lemas como «El asesinato de Nemtsov es una provocación de EEUU», «Democracia sangrienta: EEUU asesina» o «EEUU, ¡fuera las manos de Rusia!».

Los comentaristas próximos al Kremlin, los nacionalistas y los comunistas favorecen la hipótesis de una provocación con fines de desestabilizar políticamente el país. Los liberales argumentan que la muerte de Nemtsov es obra de grupos nacionalistas sobre los que el Kremlin no tiene control, resultado de un clima de crispación generado por los medios de comunicación rusos que los acusan de ser «quintacolumnistas».

Ambas versiones cuentan con argumentos sólidos a su favor, lo que complica el asunto. Rusia cuenta con un largo historial, muy anterior a la URSS, de operaciones del Estado encubiertas y conjuras de la oposición por igual. Desde las páginas de «Novaya Gazeta», Vladímir Pastujov elaboraba el pasado miércoles la segunda versión. Según Pastujov, los grupos nacionalistas que han ganado protagonismo tras su participación en el conflicto en Ucrania podrían estar interesados en desestabilizar el país para obligar al Kremlin a decantarse decisivamente hacia el nacionalismo, si no sustituir eventualmente a Vladimir Putin por un líder revanchista.

En «The Nation», el izquierdista Borís Kagarlitsky apuntaba en cambio a la tesis contraria: que los sectores liberales no de la oposición, sino del propio Gobierno, podrían estar tras el homicidio de Nemtsov. «Un golpe así en los escalafones superiores de las autoridades, y no las marchas de la intelligentsia de la oposición, suponen el único riesgo real para Putin, quien, a pesar de todo, disfruta del apoyo de la gran mayoría de rusos», escribe Kagarlitsky. «La creciente crisis en las relaciones con Occidente no causa ningún alborozo a la élite rusa, y la situación económica no proporciona a sus miembros motivos para el optimismo», prosigue.

Afirma que «los órganos del Gobierno están constantemente rechazando, y públicamente además, implementar decisiones del presidente, como ocurrió, por ejemplo, en el conocido caso del impuesto que Putin intentó aplicar a los oligarcas que se enriquecieron con las privatizaciones de los noventa».

En una situación así, concluye, «la cuestión de reemplazar el líder surge inevitablemente, y precisamente en los rangos más elevados de la administración».

Pese a la importancia dada por los medios occidentales, la mayoría de rusos, que no se identifican completamente con ninguna de ambas posiciones y se ocupan de sus quehaceres diarios, ha reaccionado a estos sucesos con una mezcla de indiferencia e incomprensión.

El recuerdo de los vínculos de Nemtsov -quien murió el 27 de febrero por la noche (23.40) en el puente Bolshoy Moskvoretsy, cerca de la Plaza Roja, cuando regresaba a su domicilio después de haber cenado en un restaurante del centro comercial GUM- con los gobiernos neoliberales de los noventa sigue vivo en muchos rusos, por lo que las simpatías hacia el personaje eran más escasas de lo que la cobertura del caso da a entender.