El ébola hace patente que la humanidad necesita otra OMs
La OMS falló en casi todo lo que podía fallar a la hora de hacer frente al ébola. Lo han dicho expertos que han analizado la respuesta de la agencia sanitaria, que a partir de mañana examina las medidas a tomar para frenar su pérdida de credibilidad.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) no supo reaccionar ante el brote de ébola en África occidental, no alertó a la comunidad internacional con suficiente vigor sobre el peligro de que se convirtiera en una epidemia y tampoco supo coordinarse con otras agencias de Naciones Unidas.
Esas fueron las contundentes conclusiones de un informe preliminar elaborado por un grupo de expertos independientes a petición del Consejo Ejecutivo de la propia OMS, que en enero pidió hacer una evaluación externa de lo sucedido.
La Asamblea Mundial de la Salud (órgano supremo de la OMS), que se reúne en Ginebra a partir de mañana y hasta el 26 de mayo, tiene ante sí el gran reto de poner en marcha medidas que ayuden a resolver los problemas detectados por los expertos en torno al ébola y otros que se avecinan.
Sin embargo, no invitan al optimismo la propia estructura de la agencia ni su evolución estos últimos años. Como ha denunciado en “Le Monde Diplomatique” el colombiano Germán Velásquez, exdirector del programa de medicamentos y propiedad intelectual de la OMS y actual consejero especial para Salud y Desarrollo en el Centro Sur, de Ginebra, «la forma de funcionamiento de los órganos de gobierno de la OMS (Consejo Ejecutivo compuesto por representantes de 34 estados –actualmente representantes de gobiernos y no técnicos independientes como en el pasado– y la Asamblea Mundial de la Salud –AMS, compuesta por los ministros de Salud y sus delegaciones de los 194 países miembros– es totalmente obsoleta».
No paran ahí las críticas del exdirector del programa de medicamentos de la OMS: «Paralelamente al repetido disfuncionamiento en el manejo de problemas sanitarios de envergadura mundial, y liderado por algunos países industrializados con la complicidad del Secretariado de la OMS y el silencio o impotencia de los países en desarrollo, se lleva a cabo una privatización progresiva de la agencia, que en ocho años ha pasado de tener un presupuesto de 50% de fondos públicos constituidos por las contribuciones obligatorias de los países miembros, a solo un 20%. La agencia está hoy en las manos (80% de su presupuesto) de fundaciones filantrópicas como Bill y Melinda Gates, un pequeño número de países industrializados que ofrecen algunas contribuciones voluntarias y la gran industria farmacéutica». Quienes tienen por objetivo hacer negocio tienen la sartén por el mango, y quienes tendrían que defender la salud de todos dejan hacer y se van apartando.
Lo que está claro es que «sustos» como el del ébola van ser cada vez más frecuentes en el futuro, dada la destrucción de ecosistemas, el incremento de la población humana y de su movilidad y el cambio climático del que ninguna zona del planeta se libra.
Esta misma semana se ha sabido que los expertos han alertado de la llegada «inminente» a Europa de enfermedades tropicales como el virus chikungunya después del brote inicial en el Caribe, un aviso que se enmarcaba en la jornada de la conferencia “Human Health in the Face of Climate Change” organizada por la New York Academy of Sciences, juntamente con la Obra Social La Caixa y Biocat. En una rueda de prensa ofrecida el pasado jueves, el profesor del Instituto Catalán de Ciencias del Clima (IC3) Xavier Rodó informó de que ya se han diagnosticado 850.000 casos de infección por el virus y que la llegada a Europa es un ejemplo de los efectos del cambio climático en la salud. El chikungunya ya ha llegado al Estado francés debido al «incremento del tránsito de viajeros». La enfermedad puede contagiarse a través del mosquito tigre (Aedes Albopictus), cuya expansión favorece el cambio climático. «La amenaza del cambio climático para la salud humana tomará muchas formas, desde un entorno más peligroso al empeoramiento de la calidad del aire y del agua, lo que contribuirá a la propagación de enfermedades infecciosas por todo el planeta», explica el director de estrategia en la OMS, Chris Dye.
¿Será más eficaz la OMS con los nuevos virus que con el ébola? Ser más ineficaz parece poco menos que imposible. Según los expertos que han analizado la respuesta al ébola, hay muy buenas razones para no ser optimistas. «A pesar de que en mayo de 2014 se tenía constancia de la magnitud de la epidemia, que ya afectaba a tres países –Guinea Conakry, Liberia y Sierra Leona–, la OMS no proclamó que la misma era una ‘emergencia de salud pública de preocupación internacional’ hasta el 8 de agosto. Este pronunciamiento tuvo como consecuencia el pánico en muchos países, que establecieron barreras al intercambio comercial y la circulación de las personas, lo que tuvo graves consecuencias en los países afectados», afirman.
Los expertos dirigidos por Barbara Stocking también han criticado a la OMS no haber buscado rápidamente la ayuda del sistema de respuesta humanitaria de la ONU. «Hay un fuerte consenso de que la OMS no tiene ni la cultura ni la capacidad de respuesta operativa ante emergencias. A pesar de ello, antes de agosto de 2014, la OMS no pidió la ayuda de las agencias humanitarias de la ONU. Si se hubiera actuado antes, los recursos habrían aparecido antes, lo que hubiera evitado la crisis que llevó a que se necesitara establecer la Misión de Naciones Unidas para la Respuesta al Ébola», agregan en su informe.

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