@albertopradilla
IRUÑEA

Deseos y vetos a la espera de la aritmética

A pesar de que la indefinición ha marcado la mayor parte de discursos a la hora de hablar de alianzas, se pueden establecer hipótesis. El segundo puesto tras UPN será decisivo para formar Gobierno.

Potenciales pactos en Nafarroa.
Potenciales pactos en Nafarroa.

La gran incógnita no resuelta durante dos semanas de campaña está en determinadas preferencias a la hora del pacto. Los partidos del régimen han sido bastante más claros que las formaciones que aspiran a dar un vuelco al Gobierno foral, con la excepción de EH Bildu, que ha insitido en delimitar sus predilecciones a Geroa Bai, Podemos e Izquierda-Ezkerra, es decir, las formaciones que no han sustentado el poder hasta el momento. Decir que serán las matemáticas las que tengan la última palabra es una obviedad. Porque, como han repetido hasta la saciedad candidatos como Adolfo Araiz o incluso Uxue Barkos, la clave está en que el bloque del cambio supere los 26 escaños que dan la mayoría absoluta. Cuando hoy a las 22.30 se hagan públicos los resultados finales, después de ese endiablado recuento que siempre se sigue conteniendo la respiración, será el momento de concretar. Ya no valdrán los guiños ni las ambigüedades. El reparto despejará el tablero y tocará pactar. Hay muchas expectativas en juego y es importante recordar qué ha dicho cada uno durante los últimos 15 días para no llevarse a engaño.

«El PSN no es de fiar» es una de las frases más repetidas en campaña. Lo han reiterado Araiz (EH Bildu), Laura Pérez (Podemos) y José Miguel Nuin (Izquierda-Ezkerra). Sin embargo, Uxue Barkos (Geroa Bai) se resiste a descartar el acuerdo con María Chivite (PSN). Por eso, la clave está en que el bloque del cambio obtenga 26 escaños. A partir de ahí habría que ver quién queda en primer lugar y asume la responsabilidad de liderar un Gobierno alternativo. Eso sí, siempre por detrás de UPN, al que todas las encuestas sitúan como ganador pese a vaticinar un fuerte retroceso.

Si analizamos los programas queda patente la cercanía entre EH Bildu, Geroa Bai, Izquierda-Ezkerra y Podemos. Las interferencias externas han llegado en la formación liderada por Laura Pérez, sometida a un doble mensaje. En Iruñea, su candidata deja claro que no acepta exclusiones. Desde Madrid, sin embargo, llegan mensajes para condicionar los acuerdos. En el Estado se ha extendido la idea de que un pacto con la coalición abertzale sería perjudicial para su estrategia de acceder a la Moncloa a finales de año. Así que Pablo Iglesias ha lanzado recados imponiendo condiciones. Otra cosa es que el mandato madrileño, si es que se produce, sea respetado en Nafarroa. «Madrid ya ha entendido que más le vale que no se meta en los asuntos de Navarra», argumentaba, contundente, Laura Pérez en una entrevista con GARA.

Tampoco se puede descartar que esté en marcha lo que Adolfo Araiz ha calificado como «plan b». Es decir, que Geroa Bai busque una alianza con PSN e Izquierda-Ezkerra que deje fuera a la coalición abertzale. Hasta el momento, Uxue Barkos ni confirma ni desmiente, por lo que solo hay rumorología y los antecedentes, que apuntalarían esta tesis. Este movimiento puede darse en dos variables. La primera, con la hipótesis de que el bloque del cambio obtenga 26 parlamentarios. La indefinición de Geroa Bai y sus guiños al PSN («ha sido régimen pero en sus manos está cambiar la historia», dijo Barkos a este periódico) permiten considerar la opción de que la actual diputada en el Congreso español trate de alcanzar el pacto que se frustró en 2007 confiando en que los números le permitan salir adelante con la abstención de EH Bildu y el apoyo de Podemos. Hay precedentes, como el Ayuntamiento de Eguesibar, en el que Geroa Bai, Izquierda-Ezkerra y PSN desalojaron a UPN y dejaron fuera a la coalición abertzale. Aquí habría que ver si en Ferraz ven con buenos ojos depender del voto de los de Araiz o acercarse a Barkos. Chivite rechaza alcanzar pactos con los soberanistas pero tampoco ha sido clara ante la pregunta de si aceptaría sus votos. El precedente es la frustrada moción de censura de marzo de 2014, pero la líder del PSN insiste en que su formación «ha cambiado» desde entonces. También es cierto que aquí entra la variable Podemos, totalmente impredecible.

La segunda opción de este Ejecutivo sin UPN pero con el PSN podría llegar en caso de que el bloque del cambio no llegue a 26. Nuevamente, el concurso de EH Bildu resultaría imprescindible para sacarlo adelante. La clave está en quién queda primero entre las fuerzas de la oposición. No es lo mismo que Geroa Bai alcanzase el segundo puesto que fuese superada por EH Bildu y tratase de formar gobierno entre la tercera y la cuerta (o quinta) fuerza del Parlamento.

Quien tiene clarísimo con quién pretende pactar para perpetuarse en el poder es UPN. La formación liderada por Javier Esparza ve amenazada su supremacía por primera vez en muchos años y ha recurrido a todo su arsenal ultra para retener el voto. Ha dejado claro que aspira a reeditar el pacto de régimen con el concurso del PSN. María Chivite responde que, a priori, no entraría. Una fórmula que recuerda bastante al «OTAN, de entrada no» popularizado por Felipe González. Todo ello, con la amenaza de una repetición de elecciones pendiente.

Condicionados por la aritmética, en estas elecciones se da la paradoja de que obtener el segundo puesto es casi tan relevante para alcanzar el Gobierno.

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