Kurdistán ruge con el triunfo del AKP
LA JORNADA ELECTORAL ESTUVO MARCADA POR LAS EXTREMAS MEDIDAS DE SEGURIDAD EN LAS REGIONES KURDAS, LAS IRREGULARIDADES Y UNA ALTA PARTICIPACIÓN DEL 86 %. EL JÚBILO DE LAS PRIMERAS HORAS EN LAS REGIONES KURDAS DIO PASO A LAS PROTESTAS DESPUÉS DE CONOCERSE LA VICTORIA DEL AKP.

Cuando los anatolios se dirigían hacia las urnas, eran conscientes de que cada voto podía cambiar el destino del Estado turco. Había tensión en cada facción por ver qué sucedería con el HDP. Doce horas más tarde, cuando se anunció que los pro-kurdos superaron el corte electoral, las calles de Kurdistán Norte no lo celebraron: el AKP había logrado la mayoría absoluta. Esto provocó protestas en las calles kurdas por lo que estimaron un fraude electoral. Mientras, en Anatolia, los seguidores islamistas corearon el nombre de su líder: Recep Tayyip Erdogan.
Durante la jornada, los medios reflejaron cientos de irregularidades. Según dijeron, varios interventores del HDP fueron detenidos, no se permitió a los observadores internacionales controlar las urnas en Agri, y en Teliba, una aldea de Sirnak, las fuerzas turcas impidieron la votación. Además, los kurdos veían a la seguridad –380.000 efectivos– como una extensión del Gobierno para entorpecer su voto. Mientras en la mayoría de ciudades turcas los agentes iban con un chaleco que permitía su identificación, en las regiones kurdas, la Gendarmería, con el rostro cubierto y fusil en mano, reflejaba la situación bélica que vive Kurdistán Norte.
Anoche, un coche explotó en la región kurda de Nusaybin. Su coalcalde, Cengiz Kök, explicó a GARA que «aún no se sabe si fue un atentado, pero al menos hay veinte heridos«.
La sombra del fraude, algo común en Anatolia, provocó que los partidos enviasen a más de dos millones de observadores, a los que se unió la plataforma independiente Oy ve Ötesi. «Kedi gelebilecek –un gato podría venir–», explicó Firat, uno de los voluntarios. Esta expresión es utilizada para decir que han robado votos cortando la electricidad. A mediodía, en el distrito estambulí de Güngören, un transformador explotó, desencadenando las especulaciones.
Firat es un joven turco al que no le extrañaba que el AKP intentara cambiar la voluntad del pueblo. Mohammed Keles, quien votó por los islamistas, aseveró, por contra, que todo es al revés, reflejando la polarización que hoy en día va más allá de la causa kurda. «En el sureste, el PKK amenaza a la gente para que voten por el HDP», afirmó en un colegio electoral de Ankara.
Erdogan, en boca de todos
Keles es un artista de música tradicional turca de 45 años. En su chaqueta llevaba una chapa con la bandera turca. Es nacionalista y musulmán. A su espalda, uno de los retratos de Atatürk parecía observar el discurrir del plebiscito. En cada colegio la imagen se repetía, aunque de la boca de la gente salieron palabras que siempre conducían a Erdogan. «¿Cómo veo la situación actual? Pues es todo menos buena. El atentado, la corrupción, las peleas. Todo por Erdogan», se quejó Hasan Polat, un jubilado que acudió a votar junto a su mujer. «Lo mejor sería una mayoría para que Erdogan gobierne en solitario», aventuró Keles.
Firat participó como voluntario porque no pudo votar por estar empadronado a cientos de kilómetros. Si lo hubiese hecho, su papeleta habría ido al HDP. No porque sea pro-kurdo, más bien porque su partido, el ODP, nunca llegaría al 10% de los votos necesarios para entrar en el Parlamento. Hay gente que, al igual que él, piensa «en el voto útil, anti-AKP o anti-kurdo». Es el legado de los 13 años de dominio absoluto islamista, de la polarización, de una Constitución obsoleta. Pese a todos los problemas, los anatolios volvieron a dar un lección democrática: el 86% de los electores votaron en una jornada que certificó la revolución política kurda y el nuevo sultanato de Erdogan.

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