Vaya por delante la opinión de que el Gobierno de Urkullu habría acabado aprobando la ley única que ayer retiró. Hace una semana quedó escrito en estas mimas páginas que ello sería factible porque «en la oposición hay grupos más responsables que lo que el Ejecutivo ‘propagandea’». Esa impresión se vio dos días después confirmada por unas palabras del secretario general de Sortu en ETB1. En una entrevista, Arkaitz Rodríguez criticó que la forma de presentar esa ley era «un ejercicio de despotismo y autoritarismo» de Lakua, aunque dejó caer que el Ejecutivo «quizá tendrá a su favor» que en la oposición hay «fuerzas mucho más responsables que ellos».
En todo caso, durante los últimos días el Gobierno y el partido que lo sostiene han empezado a dudar de si tenían cartas en la mano o en la manga para sostener hasta el final su propio órdago y en un giro de guión han decidido cambiar de juego, aunque lo haya hecho manteniendo un tono de perdonavidas impropio de quien está en minoría.
Hace una semana, cuando ya sabía que a la oposición no le gustaba nada lo que estaba haciendo, porque se lo habían dicho directamente en las reuniones habidas, el consejero de Hacienda, Pedro Azpiazu, aseguró que no había plan B. «Los grupos tienen libertad de voto; pero plantear ahora un plan B no tiene sentido. Este es el plan A y es el que espero que se apruebe cuanto antes» dijo ante todos los medios. Ayer comprobamos que si no había plan B en siete días se había preparado uno.
Lo que no ha corregido el Gobierno es su interés por seguir metiendo el dedo en el ojo a los grupos de la oposición, poniendo nuevas espinas también en los tres proyectos actuales. El PP ha hecho público que la subida de la RGI le parece excesiva, pero la une a la derogación del recorte del 5% en ayudas familiares, que es una demanda del partido de Alfonso Alonso. Elkarrekin Podemos se ha mostrado en contra de la subida a la educación concertada porque cree que hay que concentrarse en la red pública, y el Ejecutivo la une a la dotación para la UPV-EHU que multiplica por veinte la subida para los conciertos. Las partidas para la RGI son menores de las que EH Bildu ya rechazó en el debate presupuestario. Y hay más detalles feos. Aún así, el 14 de febrero votaciones.

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