
Hoy Euskal Herria se despierta un poco huérfana. O tal vez no. Porque se fue Lucio, pero quedan los frutos que infatigablemente cultivó a lo largo de su vida en diferentes partes del mundo y también en el País Vasco-Navarro de sus amores. Amaba Euskal Herria, «a pesar de tantos fachas que hay», pero sobre todo amaba a la humanidad.
Deja en el país miles de amigos, compañeros y compañeras de luchas, que lo conocieron y que comprobaron esa curiosa sensación del primer encuentro de darle la mano o un beso: parecía tener pegamento. Quedabas adherido por algo bueno por llegar. A algo bueno por hacer. Esparcía revolución hasta en los detalles más nimios. Y le brillaba el diente de metal al reír con ganas.
Era un seductor. Sus armas: Una inteligencia natural extraordinaria y una entrega vital sin descanso a la causa de la justicia social y la libertad. A la anarquía. Era anarquista de un país de anarcos que militan en el socialismo. Y eran capaces de admirarse mutuamente. Para él eran «las izquierdas».
«Sois anarquistas sin saberlo», reprochaba con la socarronería típica de su Ribera natal. Y brillaba el diente. No escatimo esfuerzos en ayudar a tantos otros que no eran como él pero necesitaban de su ayuda, de su talento, de su refugio. ¡Cuántos amigos y amigas llorarán hoy la marcha de Lucio en América del Norte y del Sur, en África, en Oriente Medio, en Europa...! También vascos y vascas de varias generaciones que conspiraron y actuaron para un mundo mejor.
También los familiares de presos políticos vascos, que encontraron un hogar esporádico en ese faro de humanismo y rebelión que es el centro Louise-Michelle de París. Con los jóvenes que abarrotaban los gaztetxes y las charlas cuando llegaba el infatigable viejo con txapela y bufanda roja para hablar de las cosas que todavía están por hacer. Más que nunca. Porque Lucio era un conspirador y un revolucionario.
Se ha hablado mucho del inagotable «tesoro de Lucio», fruto de sus expropiaciones a la banca internacional. Dicen que todavía hoy reparte aliento allá donde se necesita oxígeno para vivir, para luchar. ¿Será leyenda? No: Lucio, su vida, sus ideas, eran el tesoro. Se nos va otro gigante.

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