
Lejos, muy lejos, en el País de Nunca Jamás y más allá quedaron las hadas y las princesitas de Disney. Han sido reemplazadas por heroínas de acción, y al frente de ellas se sitúa una joven guerrera dispuesta a conquistar el mercado asiático.
Y el público occidental hemos de estar agradecidos de que ‘Raya y el último dragón’ (2021) se estrene en las salas, pero que nadie piense que se trata de una mano tendida hacia la cinefilia, sino, como todo en la casa del ratón Mickey, de una estrategia comercial. Como quiera que las cifras de las ventas o alquileres on line no han sido hechas públicas, al contrario de lo que sucede con la taquilla cinematográfica, no se sabe a ciencia cierta si los lanzamientos de ‘Mulan’ y ‘Soul’ han sido rentables en dicha modalidad. El hecho de que ahora se vuelva al estreno simultáneo en cines y en la plataforma Disney+ da a indicar que finalmente se va a optar por una fórmula mixta que garantice mayores ingresos.
‘Raya y el último dragón’ (2021) es una apuesta fuerte del departamento de animación, cuyo riesgo proviene de que no se trata del consabido remake de un clásico del estudio, obligando a una vuelta a los guiones originales que conllevan la creación de nuevos personajes. Por otro lado, la utilización de un argumento épico obliga a un despliegue técnico sin precedentes, destinado a superar todo lo hecho anteriormente.
Guste más o menos esta historia fantástica inspirada en leyendas de la China milenaria, ofrece un deslumbrante espectáculo visual con el diseño de los Cinco Reinos de Kumandra, cada uno de ellos con su propia ambientación distintiva, tanto en arquitectura como en vestuario o peinados.
Parecen localizaciones reales del sudeste asiático, siendo muy reconocibles los mercados flotantes del río Mekong, con la escena antológica de la persecución de Raya a la pequeña bebé ladrona Noi.

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