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Cien días que han trastocado el orden mundial

Después de cien días de invasión, miles de muertos y millones de desplazados, los equilibrios mundiales han quedado trastocados y los cambios de estrategia han reducido la rápida operación inicial a frentes cada vez más localizados. Rusia controla el 20% de Ucrania y sigue el avance en el Donbass.

 Habitantes de Sloviansk abandonan la ciudad, a la que se acerca el frente en el Donbass.
Habitantes de Sloviansk abandonan la ciudad, a la que se acerca el frente en el Donbass. (Aris MESSINIS | AFP)

Cien días después del inicio de la ofensiva rusa en Ucrania, Moscú controla el 20% del territorio ucraniano, según el presidente del país, Volodymyr Zelensky; el continente europeo está desestabilizado, el orden geopolítico global se ha trastocado y la economía internacional flaquea. Rusia también se ha debilitado, pero la invasión sigue adelante.

Aunque Moscú aún no ha obtenido una gran victoria sobre el terreno e incluso ha tenido que revisar su estrategia para centrarse en el Donbass, no da señales de detenerse.

Por el contrario, las fuerzas rusas avanzan lenta pero inexorablemente. Ucrania ya solo controla el 5% de la región de Lugansk, donde siguen los ataques en la ciudad de Severodonetsk y en localidades cercanas, donde en las últimas horas las tropas rusas llevaron a cabo varias operaciones de asalto, según el Estado Mayor ucraniano. También en la vecina Donetsk las fuerzas rusas continúan atacando posiciones de las tropas ucranianas con morteros y artillería y se preparan para reformar la ofensiva sobre Sloviansk.

Los frentes de batalla se extienden a lo lago de más de mil kilómetros.

No obstante, en estos cien días, Rusia ha ido reduciendo la operación que comenzó con el objetivo de desmilitarizar y desnazificar Ucrania, alejarla de la OTAN y proteger a la población rusófona a ofensivas cada vez más localizadas.

La resistencia del Ejército ucraniano, el rearme por parte de sus aliados occidentales y fallos en el despliegue bélico ruso hicieron a Moscú renunciar al frente norte y al asedio de Kiev y Chernigov. La ayuda del espionaje occidental unida al uso de armas antitanque como los Javelin o Stinger combinados con la localización por drones contribuyeron a la destrucción de carros blindados, artillería y otros vehículos rusos en su intento de avanzar.

A finales de marzo, el Ejército ruso anunció el repliegue señalando que la ofensiva en el norte trataba de alejar a las fuerzas ucranianas del este del país y reducir su potencial. La retirada multiplicó las denuncias por «crímenes de guerra» en localidades de los alrededores de Kiev, como en Irpin, Bucha o Borodyanka, masacres que Moscú ha negado tajantemente.

En el frente sur, Rusia tuvo más éxito. A principios de marzo, los rusos se hicieron con la ciudad de Jerson –la única capital de provincia tomada–, con Berdiansk y Melitopol. Además comenzaron el asedio a la estratégica ciudad portuaria de Mariupol, clave para la creación del corredor desde el Donbass a la península de Crimea.

A finales de abril Rusia dio por tomada Mariupol, que Kiev convirtió en símbolo de una resistencia que había retrasado la ofensiva final sobre el Donbass, y Moscú, en el de la rendición del batallón neonazi Azov, atrincherado durante semanas en la acería Azovstal. 

Rusia retiró luego tropas de la región de Jarkov, fuertemente bombardeada, para centrar aún más el foco en Lugansk y Donetsk y asegurar ya que «no corremos para cumplir un plazo».

El Estado Mayor ucraniano advierte ya de preparativos rusos para retomar la ofensiva que había dejado de lado con Sloviansk y Kramatorsk, las dos principales ciudades en esta región bajo control ucraniano,  como objetivo.

Ucrania solo espera tener suficientes armas pesadas y de gran alcance de Occidente para una contraofensiva, como los lanzamisiles Himars entregados por EEUU, que asegura tener la promesa por parte de Kiev de que no los utilizará para atacar territorio ruso. Moscú no lo cree y acusa a Kiev de preparar un ataque desde la región septentrional de Sumy. Las próximas semanas aclararán si el nuevo armamento eleva el conflicto a otro nivel o lo prolongan hasta un desgaste que fuerce la reapertura de las estancadas negociaciones.

En estos cien días, los refugiados no han dejado de huir hasta alcanzar los 6,8 millones de personas, además de otros ocho millones de desplazados internos. El número de muertos ya supera los 4.000, según la ONU.

La OTAN y la carrera de armamentos se refuerzan

La invasión de Ucrania ha fortalecido a la OTAN –que Emmanuel Macron llegó a situar en «muerte cerebral–, con un EEUU más dominante regando de armas a Kiev y Europa poniendo en solfa la autonomía estratégica de la Unión Europea. Suecia y Finlandia, tradicionalmente no alineados, han presentado sus solicitudes para unirse a la OTAN; Dinamarca se suma a la defensa comunitaria, y Alemania da un giro a su política militar. EEUU y sus aliados también han desplegado miles de tropas en las fronteras de Rusia, Polonia y los Estados bálticos.

La Alianza ha situado 40.000 soldados en su flanco oriental junto con importantes medios aéreos y navales y con el apoyo de despliegues nacionales. La UE esgrime su unidad para endurecer las sanciones contra Rusia, pero parece haber llegado al límite del gas. A ello se añaden importantes incrementos en los presupuestos militares y en el rearme de las fuerzas desde tierra, aire, mar al espacio y el ciberespacio.

Paria para Occidente, que lo califica como un «criminal de guerra» y somete a Rusia a sanciones sin precedentes, Putin cuenta con el silencio tácito de otras potencias, empezando por China, pero también de Brasil, India, Sudáfrica y buena parte de los países africanos y latinoamericanos.