La mar de premios
Hubo el otro día un debate improvisado en una emisora de radio sobre la proliferación de premios, cuando a la presentadora del programa le pareció cansino y redundante tener que anunciar otros nuevos premios más, en este caso de las artes escénicas. Un experto que allí se encontraba dijo que eran necesarios para la industria del audiovisual y, si nos atenemos a lo que anuncian los carteles de las películas es así, porque todos basan la promoción en el número de galardones obtenidos en tal festival o en tal competencia anual. Eso vende.
Otra cosa bien distinta sería ponerse a la salida de una sala de proyección y hacer una encuesta entre el público asistente, para saber si el grado de satisfacción se corresponde con lo que prometía la premiada película por la que han pagado religiosamente su entrada.
Ya sé que no es nada científico, pero he hecho mis pequeñas averiguaciones entre amistades, familiares y gente conocida que consume cine, la mayoría en plataformas digitales, y de dicho muestreo saco mis propias conclusiones.
Un alto porcentaje, casi el total, no ha conseguido ver ‘Todo a la vez en todas partes’ de un tirón, por lo que ya no me siento tan raro al haber completado el visionado tras sucesivas intentonas. Las personas entrevistadas también confesaban sentirse decepcionadas con ‘As bestas’, con la típica y natural observación de «no es para tanto».

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