Ibai Azparren
Aktualitateko erredaktorea / Redactor de actualidad

50 años sin Reboiras, militante gallego delatado por ‘El Lobo’

La infiltración de ‘El Lobo’ desencadenó en 1975 una oleada represiva que segó la vida de Josu Mujika, Andoni Campillo y Montxo Martínez. Pero un cuarto nombre resuena con fuerza desde Galiza: Xosé Ramón Reboiras Noia, «Moncho», joven militante de la UPG. ¿Quién fue aquel revolucionario gallego?

Xosé Ramón Reboiras Noia, en una imagen de archivo.
Xosé Ramón Reboiras Noia, en una imagen de archivo. (FUNDACIÓN MONCHO REBOIRAS)

La madrugada del 12 de agosto de 1975, más de 200 agentes de la policía franquista, la Guardia Civil y la policía local rodearon un edificio en Ferrol. En su interior, acorralado, se encontraba Xosé Ramón Reboiras Noia, conocido como «Moncho», uno de los cuadros más prometedores de la Unión do Pobo Galego (UPG). Fue abatido con disparos por la espalda. Tenía solo 25 años, pero su ejecución truncó un liderazgo político clave para el nacionalismo gallego. Hoy, su historia vuelve a resonar también desde Euskal Herria: todo apunta a que su muerte estuvo marcada por las filtraciones de Mikel Lejarza, alias "El Lobo", que habría permitido a la Brigada Político-Social cerrar el cerco sobre él.

A pesar de su prematura muerte, Reboiras se ha convertido en una figura central en la memoria de Galiza. Xosé Manuel Pereiro y Xurxo Martínez González escribieron su biografía “Reboiras. O camiño da rebeldía” y su rostro, con el característico bigote que usaba para pasar desapercibido, aparece en murales, es recordado en homenajes y da nombre a una fundación. Sin embargo, su fallecimiento tuvo escasa repercusión fuera de Galiza, en un contexto marcado por la represión de los últimos años de vida de Franco.

Su relevancia se debe al papel que desempeñó en la definición ideológica y la estructuración organizativa del movimiento nacionalista en un momento clave: la primera mitad de los 70, cuando se sentaron las bases de lo que representa hoy. «Moncho» era, según recuerdan desde Galiza, el «arquetipo de supermilitante», que con 19 años ya formaba parte en la UPG, partido matriz del actual BNG.

Tumba de Reboiras en Imo. (FUNDACIÓN MONCHO REBOIRAS).

«Reboiras fue un joven comprometido con el reconocimiento de Galiza como nación, y con la liberación nacional y de clase», señala por teléfono Uxío-Breogán Diéguez, historiador, profesor de la Universidade da Coruña y biógrafo de Reboiras. Su pensamiento introdujo dos aportaciones clave: por un lado, articuló una lectura marxista de la opresión nacional gallega, influida por los movimientos de liberación del llamado Tercer Mundo, que denunciaban las estructuras coloniales impuestas sobre sus territorios.

Por otro, como explica el historiador e investigador Moncho Ermida, fue impulsor del principio de autoorganización: «Entendía la autodeterminación no solo como un derecho democrático formal, sino como un proceso político ligado a la recuperación de soberanía. Para él, la autorrealización -la articulación de la sociedad gallega en distintas estructuras propias- era un elemento esencial de ese camino». De ahí, su desempeño en la activación de diversos frentes del movimiento nacionalista gallego: el sindical, a través del Sindicato Obreiro Galego; el campesino, con las Comisiones Labregas; el estudiantil, mediante los Estudantes Revolucionarios Galegos; y el cultural.

DE TEIS AO PAÍS

Xosé Ramón Reboiras Noia nace el 26 de enero de 1950 en Imo, Dodro. Sin embargo, con tan solo diez años se marcha junto a sus padres y hermano Manuel a Vigo, principal ciudad industrial de Galiza. Su padre, maquinista de buques, montó un bar junto a su madre en el barrio eminentemente obrero donde se afincaron, Teis. Reboiras completó sus estudios de Bachillerato mientras ayudaba a su madre en el bar Noia. «Ese bar era visitado por muchos trabajadores y operarios organizados sindicalmente, tomando Reboiras conciencia de lo que es la explotación de clase», recuerda Diéguez.

Fue en ese contexto donde Reboiras comienza a formarse políticamente, influido por el galleguismo cultural y de izquierdas de finales de los años 60. Un papel clave en ese despertar lo tuvo el padre Xaime Seixas, figura destacada de la Teología de la Liberación. Su compromiso con la cultura gallega quedó simbolizado en 1965, cuando celebró una misa en homenaje a Rosalía de Castro íntegramente en gallego, pronunciando un discurso que desafió la censura franquista.

Fue en ese ambiente donde Reboiras participó en la creación del grupo cultural O Castro y participó en la Asociación Cultural de Vigo, mientras cursaba sus estudios en la Escuela de Peritos Industriales. En 1969, con solo 19 años y en pleno estado de excepción, ingresó en la UPG. Desde entonces, se volcó en la expansión del partido, primero en Vigo y su entorno, y más tarde por toda Galiza, recorriéndola en un modesto Seat 600 cargado de panfletos y ejemplares de Terra e Tempo.

Esta organización, entonces incipiente, había nacido seis años antes y, como recuerda Ermida, tenía más militantes en Madrid que en el interior de Galiza. Tras la guerra del 36, parte de la actividad clandestina nacionalista estaba ligada al Partido Galeguista de Castelao, que a partir del 50 renuncia al nacionalismo y «utilizan como ideología de sustitución el europeísmo federalista», remarca Ermida.

A su juicio, «Moncho» es una figura central que reconstruye el nacionalismo. Él, junto a una nueva generación de jóvenes, da un salto adelante en lo organizativo y pone en marcha la articulación de un nacionalismo enfocado también en la constitución de un sindicalismo obrero gallego. «El nacionalismo no tenía tradición en el movimiento obrero, hasta entonces hegemonizado por el Partido Comunista a través de CCOO», afirma.

De ahí surgieron los primeros brotes del sindicalismo nacionalista, germen a partir del SOG, de la ING..., de la actual Confederación Intersindical Galega (CIG), principal central sindical en Galiza. Entre 1971 y 1972, la nueva dirección de la UPG definió su línea estratégica: convertir el nacionalismo en un movimiento de liberación nacional de masas y a la UPG, en su partido de vanguardia, afirma Diéguez.

FOLGA E FRONTE MILITAR

En ese periodo se suceden acontecimientos clave tanto a nivel estatal como internacional que impactan directamente en el auge de la insurgencia. El 10 de marzo de 1972, el régimen franquista mata a los militantes comunistas gallegos Daniel Niebla y Amador Rey en Ferrol, y en septiembre una huelga general paraliza Vigo durante semanas. La dictadura entra en una fase de tensión creciente: una acción de ETA acaba con la vida de Carrero Blanco en 1973 y, poco después, la Revolución de los Claveles pone fin al régimen salazarista en Portugal.

Tras la huelga de Ferrol, Reboiras redactó un informe -según explica Diéguez- en el que exponía lo sucedido y defendía la necesidad de crear un «destacamento armado». Su objetivo era doble: acompañar las movilizaciones populares de la época y llevar a cabo expropiaciones que permitieran financiar la lucha y hacer frente al franquismo.

Todo ello abre la puerta a trabajar las relaciones internacionales en las que se enmarca la relación con ETA(pm). «La constitución del SOG y la AN-PG en la primavera de 1975, así como las relaciones con el Portugal revolucionario y con ETA (pm), no fueron fáciles de digerir para el régimen y la policía, que hasta entonces habían subestimado la capacidad política y operativa del nacionalismo gallego», dice Diéguez. Todo cambió con la infiltración en ETA de Mikel Lejarza “El Lobo”, cuya información permitió detener a centenares militantes de ETA en el verano de 1975, según el historiador Iñaki Egaña. Fue él quien alertó de la presencia en Galiza de dos miembros de ETA, Iñaki Villanueva y Emilio Goitia, que habían participado junto al destacamento de Reboiras en acciones como el asalto a la Caja de Ahorros de A Coruña y el robo en la comisaría de Lugo. Tras un enfrentamiento con la policía, «Moncho» se había visto obligado a pasar a la clandestinidad un año antes.

O 12 DE AGOSTO DE 1975

La Policía tenía a finales de julio de 1975 constancia de que Villanueva y Goitia se encontraban en Lugo, iniciando un seguimiento para desmantelar lo que la policía denominaría en 1975 la «plataforma ETA-UPG» y detener a los máximos responsables. "El Lobo" había estado en dos ocasiones en Galiza y conocido a Reboiras en una reunión en Madrid.

El 11 de agosto, Reboiras se escondía en Ferrol junto a los también destacados militantes Elvira Souto y Lois Ríos. A primera hora, un enorme despliegue policial cercó el edificio. Souto y Ríos lograron escapar. Reboiras, en cambio, salió a distraer a los agentes, cruzó azoteas, corrió entre edificios y descendió a la calle. Ya en la Rúa da Terra, recibió disparos por la espalda. Malherido, se refugió en un portal. Allí fue rematado. El informe forense hablaría de suicidio, una versión desmontada desde el primer momento por la autopsia, testigos y diversas investigaciones.

Aquella operación marcó «el golpe más duro contra el nacionalismo gallego desde 1936», según Ermida, que, al igual que Diéguez, afirma que el papel de “El Lobo” fue decisivo. Una veintena de militantes fueron detenidos en los días posteriores. El propio Lejarza admitiría su papel directo en sus memorias, escritas junto al periodista Fernando Rueda.

Pese a que el Gobierno español reconoció en 2009 a Reboiras como víctima de la dictadura, la justicia volvió a blindar la impunidad de la dictadura. La querella por su muerte, presentada bajo la nueva Ley de Memoria Democrática, fue archivada por el juzgado de Ferrol en 2024.

El 12 de agosto se cumplirán 50 años de la operación impulsada por la infiltración de “El Lobo”, que a su vez provocó la detención de decenas de militantes de ETA, el fracaso de la fuga de Segovia, y la muerte de Josu Mujika, Andoni Campillo, Montxo Martínez… junto al único militante no vasco de esa lista: Xosé Ramón Reboiras Noia, «Moncho», que con 25 años y seis de militancia a sus espaldas dejó una huella imborrable en su movimiento.