Xabier Rodríguez

La final de Sadio Mané da la Copa África a Senegal

Los hechos tan inverosímiles que se vivieron en la final de domingo se entienden mejor si se tiene en cuenta el contexto de lo ocurrido. Después de todo, nadie abandona una final si no cree que tiene un motivo poderoso para ello.

El senegalés Sadio Mané alza el trofeo de campeón de la Copa África.
El senegalés Sadio Mané alza el trofeo de campeón de la Copa África. (Ulrik PEDERSEN | AFP)

El periodista argentino Dante Panzeri definía el fútbol como la «dinámica de lo impensado», queriendo destacar la parte imprevisible, incalculable, como la esencia misma del juego. La final de la Copa África entre Marruecos y Senegal fue insólita e imprevisible, sin embargo, no se adaptaría completamente a la descripción de Panzeri, ya que los hechos más inverosímiles ocurrieron cuando el balón no estaba en juego.

Sí, jugadores de Senegal abandonaron el césped después de que el árbitro congoleño, Jean Jacques Ndala Ngambo, pitara un penalti a favor de Marruecos en el minuto 97. Y volvieron unos minutos después, de la mano de Sadio Mané, para ver cómo Brahim Díaz lanzaba la pena máxima al estilo Panenka y Mendy detenía el tiro con facilidad. Al final, el partido lo decidió el gol de Pape Gueye en la prórroga, para darle a Senegal la segunda Copa África de su historia. Pero unos hechos tan inverosímiles se entienden mejor si se tiene en cuenta el contexto de lo ocurrido. Después de todo, nadie abandona una final si no cree que tiene un motivo poderoso para ello.

El despropósito

Marruecos y Senegal eran los máximos favoritos desde el principio de la competición y ambos llegaron a la final sin haber perdido ningún partido. Senegal dejando en el camino a Egipto o a Mali. Marruecos eliminando a Camerún y Nigeria con cierta polémica arbitral. El propio presidente de la federación camerunesa, el exfutbolista Samuel Eto’o, fue sancionado por la CAF por los incidentes provocados en el palco del estadio al término del partido entre su selección y la de Marruecos.

Estas polémicas fueron generando un caldo de cultivo que favorecía la desconfianza en los árbitros y se extendía la sensación de que la selección de Marruecos estaba siendo favorecida. La víspera de la final, la federación senegalesa publicaba un comunicado denunciando varios aspectos relativos a la seguridad del equipo, el alojamiento, las condiciones de entrenamiento y la cantidad de entradas facilitadas para sus seguidores.

Con este ruido de fondo se disputó la final de la Copa África. Con dos equipos bastante parejos, bajo una intensa lluvia y pequeños incidentes que daban muestra de la tensión que rodeaba el encuentro. Al fin y al cabo, no es habitual que un equipo tenga que colocar a uno de los suplentes detrás de su portería, como hizo Senegal, protegiendo la toalla que utiliza su portero para secarse los guantes, ante el intento constante de quitársela por parte de jugadores rivales y también de algunos recogepelotas.

En el minuto 92, Senegal marcaba gol en un córner, pero el árbitro lo anulaba por un empujón previo sobre Achraf Hakimi. Dos minutos más tarde, Brahim era derribado en el área contraria. El árbitro era llamado a revisar el VAR y terminaba señalando penalti para Marruecos. A partir de ahí empezaron los incidentes más graves.

El seleccionador de Senegal, Pape Thiaw, entraba al terreno de juego, indicando a sus jugadores que abandonaran el campo. Muchos le siguieron, pero Mané permaneció en el terreno de juego. Mientras en uno de los fondos del estadio, los seguidores de Senegal tenían enfrentamientos con el personal de seguridad, Mané hablaba con Claude Leroy, antiguo seleccionador senegalés y que se encontraba comentando el partido para una televisión francesa. Leroy contó después que Mané le preguntó qué haría él en esa situación. «Iría a buscar a mis compañeros y los traería al campo para terminar el partido, porque todavía estáis 0-0», le contestó Leroy.

Después, Mané habló con El Hadji Diouf, estrella de la selección senegalesa en el Mundial de 2002. No se sabe qué hablaron, pero, al terminar la conversación, Mané se dirigió decidido al vestuario. Un minuto más tarde, los futbolistas de Senegal volvían al terreno de juego.

El resto ya es de sobra conocido. El jugador del Villarreal, Pape Gueye, marcaba en la prórroga el único gol de la final. Pocos minutos después, Brahim Díaz era sustituido, con muestras evidentes de estar muy afectado, como lo estaban todos los jugadores de Marruecos. A lo largo de la prórroga se les desconcentrados y una vez que les marcaron el gol, no tuvieron ninguna capacidad de respuesta.

Al terminar el partido, Achraf Hakimi recibía el premio al Fair Play para su selección. Bono subía después para recibir el de mejor portero y le seguía Brahim como máximo goleador. Todos abatidos y con la decepción palpable en su rostro. Después, Sadio Mané recibió el premio al mejor jugador del torneo y finalmente, Senegal recibía el trofeo como campeones de África.

Vencedores y vencidos

Marruecos ha anunciado que emprenderá acciones legales ante la CAF y la FIFA por los hechos ocurridos durante la final, al considerar que la retirada de los jugadores de Senegal «tuvo un impacto significativo en el normal desarrollo del partido y en el rendimiento de los jugadores».

El Gobierno ha invertido mucho dinero en la celebración de este torneo, dentro de una estrategia de inversiones multimillonarias en eventos deportivos para los próximos años. Por el momento, la Copa África ha sido un éxito económico para la CAF y de audiencia para las televisiones. El éxito para el país pasaba porque su selección volviera a ganar el trofeo más importante del continente africano, cincuenta años después de su única victoria, pero las cosas no terminaron saliendo como les hubiera gustado. De haberlo logrado, hubiera supuesto un precedente perfecto para el Mundial 2030, que Marruecos organizará junto al Estado español y Portugal. La derrota, por el contrario, devuelve el foco informativo del país a las protestas de los jóvenes por la corrupción política y los deficientes servicios sociales y alimenta el desánimo entre la población.

Senegal, por el contrario, celebra en Dakar, Saint Louis o Ziguinchor, pero también en París, Barcelona o Bilbo. De haber abandonado el terreno de juego, sus futbolistas vivirían ahora una realidad bien distinta y tendrían que afrontar una sanción segura. El liderazgo mostrado por Sadio Mané los empujó a volver al campo y terminaron proclamándose campeones de África. Dinámica de lo impensado, lo llamaba Dante Panzeri, pero a veces al fútbol le gusta ser terriblemente caprichoso.