Entrismo y cooptación

Recordarán los militantes del más inmediato posfranquismo aquellos debates sobre la formación de nuevas organizaciones políticas, sindicales o sociales y la práctica del entrismo. Los «troskos» eran partidarios de ello y gentes de la LCR y LKI se afiliaban a UGT con la sana intención de mover la línea del centenario sindicato hermano del PSOE hacia posiciones más revolucionarias. Bueno... no vamos a juzgar ahora su éxito. Además, en general, todos los partidos acudían también a la cooptación como fórmula para nutrir sus direcciones de afines o de buscar referentes sociales que incorporar a sus siglas. «Tú, pa’dentro», podría ser un resumen sencillo.
En el caso que nos ocupa, la contratación por organismos del sector público ligados a la energía y los suelos para este tipo de proyectos de dos directivos de la multinacional Solaria, convendría saber si estamos ante una práctica de «entrismo» o de «cooptación».
Siquiera por hacer un ejercicio teórico. Puede que la empresa haya decidido ir colocando peones suyos en la Administración en puestos que a la postre sean de su interés. O puede que el Ente Vasco de la Energía y la Diputación Foral de Araba entiendan que les conviene tener entre su personal directivo, que pagamos entre todos, a quienes hasta ahora tenían por misión, incluso ante las propias institucionales, defender los intereses privados de su empresa, es decir, Solaria.
Cabe también la posibilidad de que todo sea fruto de una casualidad; bueno, de dos casualidades. «Es el mercado, amigos», como dijo Rodrigo Rato en el Congreso en la comisión de investigación de los pufos de Bankia.
O quizá se pueda pensar en la alternativa más preocupante y siniestra: que Solaria, el EVE y Álava Agencia de Desarrollo, dependiente de la Diputación Foral de Araba, tengan intereses más o menos coincidentes y a la postre ninguna de las partes sepa exactamente cuáles son sus límites. A veces, a eso, le llaman «colaboración público-privada». Y conste que dicha colaboración puede ser provechosa si quien va al volante y fija la dirección es la parte pública. Sucede que no siempre se ve que sea así.
En los momentos previos a que todo hace apuntar a que Solaria va a volver a encontrarse de nuevo con la oposición de ayuntamientos de todos los colores a que ocupen sus tierras, resulta llamativo saber que hay hombres en el equipo público que antes llevaban la camiseta de la multinacional. Y aunque no tengan que tomar decisiones directas o se busquen modos de fijar su abstención o inhibición formal si tuvieran que adoptarlas, será difícil hacer olvidar el probable establecimiento de lazos informales entre las partes.
Antes de que todo esto saltara a los medios -quizá porque los gestores no lo esperaban- alguien debería haber pensado en lo de la mujer del César.

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