
525 a 13. Ese fue el resultado electoral de 1984 que da una pista sobre lo que está ocurriendo ahora en Minneapolis. Ronald Reagan vapuleó a Walter Mondale en todos y cada uno de los estados de Estados Unidos, salvo en Minnesota –y en la ciudad de Washington D.C., claro–. El territorio, que vota mayoritariamente al Partido Demócrata desde 1976, es hoy el escenario donde no solo se está escribiendo el futuro de Estados Unidos, sino también el del resto del mundo.
Lejos de ser la única razón por la que Donald Trump ha decidido mostrarse especialmente severo con Minnesota, la fijación del magnate con estados marcadamente demócratas no es nueva. Durante el primer año de su presidencia, el ICE provocó disturbios y movilizaciones tanto en Los Ángeles como en Chicago.
Más allá del carácter «progresista» de Minneapolis, la presencia y relevancia de la comunidad somalí en el estado ha sido un factor añadido que ha venido como anillo al dedo al cuerpo parapolicial encargado, en teoría, de la deportación de inmigrantes en situación irregular. Mientras la fiscal general, Pam Bondi, señaló a Minneapolis como ejemplo de «ciudad santuario», la comunidad somalí –acostumbrada a ser blanco de acusaciones generalizadas– recibió las declaraciones como un déjà vu.
No es casualidad
El estado norteño alberga una de las mayores poblaciones somalíes fuera de África, con varias generaciones nacidas y formadas en suelo estadounidense. La presencia de la comunidad en la ciudad no solo es notoria en mezquitas y comercios locales, sino también en figuras como la congresista Ilhan Omar, que representa la voz migrante dentro de las propias instituciones estatales.
Esa visibilidad, sin embargo, los ha convertido en objeto de ataques retóricos y físicos, especialmente desde que la Administración Trump los señalara como «amenaza» bajo el pretexto de combatir el fraude en programas sociales. Dichas investigaciones habrían derivado en más de sesenta condenas, la mayoría de personas de origen somalí. Aun así, algo que la Administración Trump ha ocultado de manera sistemática es que la supuesta cabecilla del mayor esquema resultó ser una ciudadana blanca nacida en el propio estado.
Minnesota ha sido durante décadas lo que algunos definen como un «laboratorio de políticas progresistas». Fue en este territorio donde se llegó a debatir –y rechazar por un estrecho margen– la sustitución del Departamento de Policía por una agencia de seguridad pública. El compromiso con una agenda más social se ha mantenido durante décadas.
Tras tres tiroteos y dos muertos, queda por ver si la fijación de Trump de enviar al ICE a los territorios «inseguros» deriva o no en una ruptura social capaz de traspasar fronteras.
Atacan a una congresista somalí por su rechazo al ICE
La agresión sufrida por la congresista demócrata Ilhan Omar durante un mitin en Minneapolis no solo reveló la fragilidad del clima político estadounidense, sino también el peso del odio dirigido hacia figuras que encarnan la diversidad del país. Un hombre roció con un líquido –probablemente vinagre– a Omar en pleno discurso, antes de ser reducido y detenido. La congresista, de origen somalí y una de las voces más críticas contra las redadas del ICE y la política migratoria de Kristi Noem, apenas interrumpió su intervención y respondió con firmeza: «Minnesota resistirá frente a cualquier cosa que nos lancen».
Esta nueva agresión, precedida por los ataques verbales de Donald Trump, que la ha caricaturizado reiteradamente por su origen, no es más que una de la consecuencias que la represión del ICE está teniendo en la ciudad y en la totalidad del país.

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