Aritz Intxusta
Redactor de actualidad

Denuncian exorcismos y terapias para ‘curar’ la homosexualidad en un centro de Ziritza

Una investigación de Newtral conocida este lunes recaba el testimonio de cinco mujeres que estuvieron internadas en el centro Vida Nueva, que gestiona un culto evangelista en Nafarroa. Estas mujeres denuncian terapias de conversión de género, malos tratos y matrimonios forzados.

El centro Vida Nueva, de Ziritza, que ha sido denunciado por exocismos y terapias frente a la homosexualidad.
El centro Vida Nueva, de Ziritza, que ha sido denunciado por exocismos y terapias frente a la homosexualidad. (Iñigo URIZ | FOKU)

El centro Vida Nueva surgió en los 80 como lugar de desintoxicación en una sociedad marcada por el sida y la heroína. Al frente se encuentra una iglesia evangelista fundada por Luis Nasarre y María Carmen Sotés. Constituye un sitio de referencia para los servicios sociales como el área de Salud Mental de Osasunbidea.

Una investigación de Newtral ha recabado el relato de cinco mujeres que estuvieron internas allí y que aseguran haber sufrido humillaciones, castigos desproporcionados, prácticas sectarias y hasta haber sido objeto de exorcismos.

Noemí López Trujillo, periodista al frente de la investigación, remarca a NAIZ que el testimonio de estas mujeres ha sido contrastado después con otros elementos.

Así, relata que ella misma llamó al centro para interesarse por un tratamiento para «curar» su bisexualidad y que quien le atendió no solo no le negó que allí se realizaran ese tipo de prácticas, sino que le animó a acudir, pues ellos le propiciarían «una Vida Nueva».

Financiación pública

El centro está financiado por instituciones públicas, incluido el Gobierno navarro (55.000 euros), el Ayuntamiento de Iruñea, el Ministerio de Trabajo (105.150 euros) y el de Transformación Digital. Actualmente, según la web de Vida Nueva, el centro cuenta con capacidad para 155 internos.

La última memoria publicada indica que en 2024 atendieron a 134 personas. 38 de ellas, un 21%, fueron derivaciones de instituciones públicas, correspondiendo 10 casos a los servicios sociales navarros y otros 12 de centros sanitarios de Osasunbidea.

López Trujillo matiza que no se trata de conciertos públicos, pues finalmente son los afectados o sus familias los que asumen el coste de ese ingreso (de unos 200 o 300 euros, según indica la web de Vida Nueva).

Pese a no haber nada protocolizado, sí que la solicitud se haría desde el sector público a través de una «colaboración coordinada».

El internado hoy se encuentra a las afueras de Ziritza, en la carretera que une a esta pequeña localidad con Etxarri. Años atrás, esta institución tenía su sede en Ibero.

La investigación recoge el testimonio de Mónica (nombre falso), quien relata que fue castigada en varias ocasiones con encierros en un sótano que podían prolongarse días. También se le aplicaron técnicas de sumisión y prácticas de tipo sectario, como el asignarle una «sombra» –otra interna– que le vigilaba constantemente.

Fue objeto de humillaciones públicas por masturbarse y de intentos de cambiar su orientación sexual hacia la heterosexualidad. Para lograr este objetivo, el culto evangelista llegó a someterla –según este testimonio– a exorcismos mediante la imposición de manos para «sacarle de dentro al demonio».

«Te obligan a tumbarte o te dan fuerte con la mano en la frente hasta que te caes al suelo, y ahí empiezan a ponerte las manos en la cabeza, en los hombros, en los brazos, en las piernas, en la espalda… Y empiezan a hablar en lenguas raras, creo que pentecostales, porque dicen que el Espíritu Santo les llena y así se dirigen a los demonios para ahuyentarlos. A mí me lo hicieron al llegar para quitar la rebeldía de mí porque decían que era una puerta a los demonios», relata esta mujer.

Sumisión y matrimonios forzados

López Trujillo remarca que con técnicas propias de las sectas se pretendió convertir a estas cinco personas en «mujeres recatadas, sometidas a los hombres». Algunas de ellas le han descrito cómo se las instruía para no decir que no al esposo nunca, tampoco a la hora de mantener relaciones sexuales.

Tres de las mujeres que han prestado su testimonio describen un sistema de matrimonios forzados en el que Nasarre tenía la última palabra. Así, cuando un miembro varón del culto deseaba a una mujer, debía alzar su propuesta al fundador y, si el fundador accedía, se aplicaban sobre la elegida chantajes emocionales y técnicas de persuasión abusivas para que consintiera.

La investigación, además, apunta a que algunas de las personas clave de la institución, como la doctora María Garzón, no disponen de la titulación que publicitan. Así, Garzón dice estar habilitada para ejercer como psicóloga clínica, sin estar en posesión de la carrera de Psicología y tampoco haber superado el examen conocido como PIR.