Pablo Ruiz de Aretxabaleta
Interview
Jon Martínez Larrea
Doctor en Historia. Autor de la tesis ‘Araba borrokan. Langile eta auzo mugimenduak Arabako trantsizioan (1976-1983)’ y del libro ‘3 de Marzo. Huelga, masacre, memoria’

«Aún quedan huellas de la lucha del 3 de Marzo, como el asamblearismo»

El historiador Jon Martínez Larrea es autor del libro ‘3 de Marzo. Huelga, masacre, memoria’ en el que destaca el contexto del movimiento obrero y la incomodidad que causa aún la memoria en ciertos sectores e instituciones. Medio siglo después, observa en Gasteiz huellas de aquella lucha.

Jon Martinez Larrea, historiador, autor del libro ‘3 de Marzo. Huelga, masacre, historia’.
Jon Martinez Larrea, historiador, autor del libro ‘3 de Marzo. Huelga, masacre, historia’. (Jaizki FONTANEDA | FOKU)

El historiador británico Christopher Hill escribió que «cada generación debe volver a escribir la historia porque el pasado no cambia, pero el presente sí». El historiador vasco Jon Martínez Larrea ha escrito para el presente el libro ‘3 de Marzo. Huelga, masacre, memoria’, editado por Txalaparta, que explica el contexto político y social de la movilización obrera. De hecho, el 3 de Marzo de Gasteiz fue el punto de partida de la tesis con la que se doctoró el pasado 26 de septiembre en EHU: ‘Araba borrokan. Langile eta auzo mugimenduak Arabako trantsizioan (1976-1983)’. En ella, analiza los movimientos obrero y vecinal, ambos muy conectados en Zaramaga, el barrio escenario de la masacre.

El 3 de marzo fue un punto de inflexión en el movimiento obrero alavés.

En Araba surge un movimiento obrero bastante radical, en cierta parte inspirado por la lucha de que hubo en 1976. Las comisiones representativas como tal desaparecen en el 77 y los sectores asamblearios más puros pierden fuerza, pero sí que es cierto que en los siguientes años, hasta el 80, en la negociación de los convenios hay un modelo mixto, entre los sindicatos que ya salieron a la luz y las asambleas. Un ejemplo claro es el del Metal, que incluye a casi la mitad de la clase obrera. Incluso se ve en los sindicatos más potentes en este sector, como eran Comisiones Obreras y UGT. UGT estuvo dominada hasta hasta el 83 por el sector 'militant', trotskista. Incluso en Comisiones, dentro del Metal, la gente de EMK dominaba hasta el 81. En ambos casos el fin fue parecido: fueron expulsados. La gente que sale de Comisiones luego fundaron CUIS, que con el tiempo ha sido ESK.

También en muchas empresas, como Michelin, donde hubo un conflicto muy importante y se mezcló con lucha armada y demás, en Forjas y en otras en otras fábricas, las decisiones importantes se tomaron en asambleas hasta ya casi los 80.

Con el movimiento obrero, ocurre como con el vecinal, que en Gasteiz es más tardío pero se desarrolla con mucha fuerza.

Sí, a partir del 76 son años de mucha movilización en todos los sentidos. Hay precedentes –en el 74 surge Aranako (asociación del barrio de Arana)– pero es después del 76 cuando ya surge la Asociación de Zaramaga y el momento vecinal toma mucha fuerza. Surgen asociaciones en prácticamente todos los barrios de Gasteiz y fueron bastante importantes para replantearse lo que era la ciudad de entonces. Tras las elecciones del 79, ya con el nuevo Ayuntamiento, va perdiendo fuerza, incluso ya hay cierta división entre sectores más radicales, que siguen tratando de impulsar la democracia directa, y otros que intentan negociar más con el Ayuntamiento. Por citar una lucha que fue muy importante, la lucha contra los humos de Forjas Alavesas, que consiguió que Forjas tomara medidas. En Alde Zaharra incluso se llegó a crear un centro de salud alternativo.

 

«La memoria del 3 de Marzo sigue siendo conflictiva porque se tiende a olvidar lo que fue el proceso huelguístico anterior»



En su libro habla de que todo este movimiento rompe con el mito de la Araba tranquila y conservadora.

Sin duda alguna. En cierto modo estaba un poco mitificada. Hay que tener en cuenta que la ciudad había cambiado mucho en muy pocos años. Llegan miles de personas, hay una transformación brutal y surge un movimiento obrero prácticamente de cero. La prensa de aquella época, tanto ‘El Correo Español’ como el ‘Norte Exprés’, en editoriales, en cartas y demás, intenta llamar la atención de los obreros para que «no se dejen engañar por cuatro subversivos», y definen esa imagen de ciudad y de provincia tranquila, alejada de conflictos. Incluso se habla del «alavesismo» para intentar que vuelvan al redil.

En 1976 ya no existía esa ciudad. Desde febrero las manifestaciones son continuas.

Sí, había cambiado bastante. Hay un momento que me parece bastante simbólico, cuando se lanzan piedras contra el Círculo Vitoriano, que era el símbolo de reunión de la burguesía vitoriana más clásica. Los obreros de la periferia saltan al centro, que hasta entonces casi había estado reservado para esa burguesía vitoriana.

Uno de los capítulos del libro habla sobre las memorias. En medio siglo ha habido muchos cambios en la memoria. De cómo se recordaba el 3 de Marzo los primeros años, luego en los 80 o ahora, en el 50 aniversario.

Lo que defiendo es que la memoria del 3 de Marzo es cada vez más hegemónica. Ya casi todas las instituciones vitorianas y alavesas participan y han tomado conciencia de su importancia. Incluso este año el Alavés y el Baskonia van a hacer un acto de homenaje. Y es interesante ver que lo que durante muchos años estuvo en el recuerdo de unos cuantos sectores sociales, los más movilizados, ya lo han adoptado todas las instituciones, grandes partidos, sindicatos..., pero hay diferencias a la hora de entender lo que fue la huelga y el 3 de Marzo. Se tiende a olvidar lo que fue el proceso huelguístico anterior. Por eso creo que sigue siendo todavía una memoria conflictiva.

 

«La izquierda abertzale, la izquierda radical y los movimientos sociales en general han sido los que han mantenido este recuerdo»


Más actores se suman a la memoria, pero hay que ver de qué forma se suman.

Por eso sigue siendo conflictiva. No hay que olvidar que durante muchos años esto para las instituciones estuvo prácticamente olvidado. Los sectores más movilizados siguieron manteniendo el aniversario. La izquierda abertzale, la izquierda radical y los movimientos sociales en general han sido los que durante muchos años han mantenido este recuerdo.

Los dos primeros años era incluso clandestino.

El primero fue tremendo y apenas se recuerda. Fue una huelga general total y después del funeral hubo unas cargas tremendas. Muchas de las imágenes que aparecen cuando se habla del 3 de Marzo del 76 son en realidad del 77. Hay hasta una carta del entonces gobernador a Martín Villa diciendo: «Todavía sigue un grupo de personas, ya por la noche, manifestándose por la calle, pero hemos conseguido que no surja una gran manifestación». Aquel año se intentó evitar a toda costa una gran movilización. Los años siguientes ha habido de todo, muchos con cargas policiales. Y a partir de los 80 ya las movilizaciones eran sobre todo por la tarde. A partir de 2000, empiezan a sumarse las instituciones y hay que remarcar que una de las claves para eso fue el trabajo de la Asociación del 3 de Marzo. Durante muchos años prefirieron obviarlo, incluso reprimirlo. Yo pongo un ejemplo que me parece que es bastante paradigmático y es el monolito donde hoy todas las instituciones llevan las flores.

Fue levantado de forma clandestina.

Las barras fueron hechas por los obreros de Forjas y el cemento por los de Aranzabal. Primero lo levantaron en 1982. Fue la Policía y lo destruyó. Pero en el 84 lo hicieron la noche anterior y cuando fue la Policía el cemento ya estaba seco y no lo pudieron quitar. Y desde entonces sigue ahí. Incluso las memorias de los sindicatos son muy distintas. Porque los que entonces eran mayoritarios echaron a gente que venía de la huelga del 76 y plantean desvincularse totalmente. En el 84 hay unas declaraciones de Txarli Prieto [PCE, luego CCOO y secretario general del PSE en Araba] diciendo que lo que hay que celebrar es el 1 de mayo, que es la fiesta de los trabajadores, y más o menos que hay que olvidar el 3 de marzo.

Con esa memoria ya hegemónica en Gasteiz, ¿cree que se ha sabido transmitir a los jóvenes lo que significa?

Es difícil de saber. Por lo menos a ciertos sectores de la juventud más movilizada sí que ha llegado, pero no sé hasta qué punto ha llegado a toda la juventud. Seguramente ya han oído algo en las familias, pero quizás no todo lo que pasó antes, el contexto y el movimiento obrero.

 

«En general, creo que es una ciudad bastante movilizada. Eso también es algo que ha quedado»



Se habla de las responsabilidades de Fraga, de Martín Villa, de la Policía... Pero siempre se echa en falta también la de las empresas, que eran con las que estaba confrontando el movimiento obrero.

Sí. Una de las claves del conflicto salarial fue la negativa de los empresarios a negociar con las comisiones representativas. Ellos querían seguir negociando con los enlaces del sindicato vertical, cuando no representaban a nadie. En febrero sí que en alguna empresa hubo alguna negociación, pero en general no es solo que se negasen, es que en muchos casos, como en Forjas, hubo decenas de despedidos. Es cuando las reclamaciones económicas pasan a un segundo plano y la prioridad pasa a ser la readmisión de los despedidos y la libertad de los detenidos. No está muy claro el papel de los empresarios, qué relación tuvieron con el Gobierno. Todavía es un punto un poco oscuro, pero está claro que su actitud fue una cerrazón total.

¿Qué huella queda hoy en el movimiento obrero y en Gasteiz? 

La sociedad ha cambiado mucho en 50 años, pero sí que creo que quedan bastantes cosas, por ejemplo, el asamblearismo. No es algo exclusivo de Gasteiz, pero en Gasteiz está muy marcado. Un ejemplo es Errekaleor, el barrio de Romualdo Barroso, uno de los asesinados. Hoy en día es el mayor barrio okupa, por lo menos del sur de Europa. En general, creo que es una ciudad bastante movilizada. En la presentación del libro se habló de que en 2024 Gasteiz fue la capital vasca con más movilizaciones, una media de dos al día. Supongo que el dato no incluía a Iruñea. Yo creo que eso también es algo que ha quedado. Ahora eso es parte de la identidad alavesa. Hablando con los miembros del tribunal donde defendí la tesis, me decían: «No veo barricadas por las calles», pero no es que toda la sociedad sea revolucionaria, porque no es así, pero sí que hay un sector movilizado bastante importante. Tampoco es el mismo momento que el 76, cuando la expectativa de cambio político, e incluso de ruptura, estaba muy presente.

La vanguardia que plantea entonces las movilizaciones, que se reúne antes de salir a la huelga, era muy pequeña, pero en muy poco tiempo consigue conectar con una parte importante de la clase obrera gasteiztarra.