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Interview
Jim Sheridan
Cineasta

«Las dudas son tan importantes como las certezas»

Debutó como cineasta a los 40 años con ‘Mi pie izquierdo’, que le valdría su primera nominación al Óscar. Después rodaría otros títulos míticos como ‘El prado’, ‘En el nombre del padre’ o ‘The boxer’. Acaba de estrenar “Recreación de un asesinato”, una reflexión sobre los claroscuros de la justicia.

El cineasta irlandés Jim Sheridan.
El cineasta irlandés Jim Sheridan. (J. DANAE | FOKU)

A sus 77 años, Jim Sheridan se resiste a dejar de hacer un cine socialmente comprometido, pese a que nadie parezca contar ya con cineastas como él. Su última película, inspirada en la muerte de la productora francesa Sophie Toscan Du Plantier, que conmocionó a la opinión pública irlandesa a finales de los año 90, prácticamente lo ha tenido que financiar él y lo ha rodado en condiciones muy precarias. La película, no obstante, como sus anteriores trabajos, vuelve a abordar escenarios incómodos desde una óptica crítica.

Esta película parte de una muerte que conmocionó a Irlanda hace 30 años y que originó un gran debate en la opinión pública, pero que nunca llegó a ser juzgado. ¿Fue el intento de llenar ese vacío lo que le llevó a rodar ‘Recreación de un asesinato’?

Cuando conocí a Ian Bailey, que fue el principal sospechoso del asesinato de Sophie Toscan Du Plantier, pero que nunca fue acusado formalmente por falta de pruebas, tuve la sensación de que él no había podido cometer aquel crimen. Sin embargo, sus reacciones siempre fueron un tanto ambiguas y alguno de los que me acompañaron durante la investigación no albergaban dudas sobre su culpabilidad. Yo, por mi parte, empecé a releerme todos los informes policiales del caso y la sensación que todos los testigos que declararon en su contra fueron, en cierto modo, persuadidos por la policía para hacerlo. Eso reforzó mi convicción de que Bailey era inocente y de que había cierta animadversión hacia su persona. Bailey era un inglés muy extravagante y muy narcisista cuyo comportamiento era mal visto, en general, en una Irlanda que había padecido mucho por culpa de los ingleses. Entonces era un chivo expiatorio perfecto para endosarle el crimen. Ese choque cultural me permitía trabajar una serie de subtexto ligados a los prejuicios que existen en determinadas sociedades producto de su Historia y también al contexto donde aconteció todo aquello.

«Estamos alimentando un sentido de la justicia que nos retrotrae a la Ley del Talión, al ojo por ojo. Como si eliminar a aquel que ha cometido un asesinato nos asegurase la erradicación del crimen»

Ese contexto al que se refiere conecta ‘Recreación de un asesinato’ con muchos de sus filmes anteriores donde hablaba sobre la presión y la represión que llevan a cabo las instituciones sobre la ciudadanía. 

Sí, y en este caso además está el poder de los medios de comunicación que fueron usados por las instituciones para trasladar a la opinión pública la idea de que Bailey era culpable, aun no siendo nunca acusado formalmente. Las instituciones siempre necesitan un chivo expiatorio. En Irlanda, además, la situación se torna más compleja desde el momento en que la policía no necesita pruebas para detener a alguien como sospechoso, se le detiene y luego ya la justicia se pronuncia sobre si existen indicios sólidos para sentar a esa persona en un banquillo. En el caso de Bailey se dijo que no los había pero, aún así, el hecho de haber sido detenido como principal sospechoso ya predispuso a todo el mundo en su contra. El caso es que cuando la justicia dijo que no había pruebas el caso tenía que haber acabado ahí, pero lo que hizo la policía fue enviar sus informes a Francia para que pudieran juzgarle allí in absentia.

Todo eso ocurrió en la Irlanda de hace treinta años pero uno tiene la sensación de que esa maquinaria represiva y propagandística de la que disponen los Estados para condicionar a la opinión pública hoy en día funciona más y mejor que entonces. Desde ese punto se vista su película presenta una lectura muy contemporánea.

Efectivamente, es una historia que se repite y que lo que muestra es la indefensión en la que vivimos los ciudadanos. Son temas que a uno le dejan un muy mal sabor de boca cuando conoce los intereses que hay detrás de toda esa maquinaria. Porque además la ponen a funcionar justo cuando el ciudadano está en shock y sin capacidad de respuesta, como en este caso. Sophie era una mujer joven, elegante, llega a Irlanda a pasar unos días de vacaciones y la asesinan. Nadie podía explicárselo y esa falta de respuestas es la que aprovechan las instituciones para intentar colocar sus argumentos ante la opinión pública.

(J.DANAE | FOKU)

Quizá por eso el final de su película sea una invitación a saber gestionar la incertidumbre.

Las dudas son tan importantes como las certezas. Eso es algo que conviene tener claro. Es una idea que me apetecía trasladar al espectador sirviéndome del formato tradicional del true crime. La mayoría de estas narraciones están planteadas para desenmascarar a un culpable y ofrecérselo a la opinión pública para que esta deposite su odio en él. No hay un espíritu de reparación sino de venganza. Estamos alimentando un sentido de la justicia que nos retrotrae directamente a la Ley del Talión, al ojo por ojo. Como si eliminar a aquel que ha cometido un asesinato nos asegurase la erradicación del crimen.

Esa identificación de un chivo expiatorio justamente tiene que ver con la necesidad de ofrecer respuestas fáciles ante coyunturas complejas. Es un poco lo que pasó en Gran Bretaña con el tema del Brexit, lo que hace la extrema derecha con la inmigración, ¿no?

Sin contar que muchas veces esa necesidad por encontrar chivos expiatorios responde a la necesidad de desviar la atención del ciudadano de los verdaderos problemas que existen en nuestras sociedades. Entonces salta la noticia de que un inmigrante ha apuñalado a alguien en el transcurso de una reyerta y la inmigración se convierte en el gran tema del momento, copa todos los titulares y todos los debates. Es una cortina de humo que cada vez se está usando en más países.

Siempre se ha dicho que es un ‘cineasta político’. ¿Le incomoda esa etiqueta?

Al contrario, no me importa que me cataloguen como tal. De hecho pienso que todo aquel que hace cine está haciendo política, pero muchos de mis colegas prefieren ignorar este hecho. Además, los directores no dejamos de ser unos obreros de la industria del espectáculo. Recuerdo que cuando fui contratado por alguna productora americana tuve una sensación rara, me sentí un privilegiado; no alcanzaba a entender porqué tenía que cobrar más que mis colegas españoles o italianos por hacer el mismo trabajo. Ahora que todo se ha precarizado se han igualado las tornas y en EEUU te pagan lo mismo e incluso menos que a un director español o italiano (risas). Con esto quiero decir que cualquier profesión tiene connotaciones políticas.

Usted en los 90 rodó películas como ‘En el nombre del padre’ o ‘The Boxer’, que dieron visibilidad al conflicto irlandés desde el punto de vista de los oprimidos. ¿Cree que, pese a esa precarización de la industria que comenta, el cine sigue siendo una herramienta útil para activar conciencias?

Las fuentes de financiación han cambiado mucho durante todos estos años y ahora mismo el cine yo creo que tiene un impacto menor al que pudo llegar a tener cuando rodé esas dos películas que comentas. Ahora, las plataformas han homologado la producción, ya no hay voces singulares, la mayoría de cineastas parecen trabajar en una única dirección, como la mayoría de periodistas. ¿Dónde está hoy el periodismo de investigación que se hacía hace 30 años? Hoy todo son titulares y clickbaits. Ya nada deja poso, todo se consume rápido y faltan inversiones para hacer contenidos de calidad. 

«Tengo dudas de que hoy hubiera podido rodar ‘En el nombre del padre’. Ahora solo quieren contenidos en pildoritas, hay una necesidad de estar creando literatura barata para llenar de contenidos las plataformas»

¿Y no cree que esa tendencia ha generado también un público menos exigente, más conformista? Se lo pregunto por lo que comentábamos antes acerca de saber gestionar escenarios de incertidumbre o de complejidad...

Tanto es así que tengo muchas dudas de que hoy hubiera podido encontrar financiación para rodar una película como ‘En el nombre del padre’. Ahora solo quieren películas cortas, contenidos en pildoritas, hay como una necesidad de estar creando literatura barata todo el rato para llenar de contenidos las plataformas, del mismo modo que antaño las novelitas pulp llenaban los kioskos. Todo eso inevitablemente genera unos hábitos de consumo donde cualquier tentativa de abordar argumentos complejos o incómodos queda descartada.

¿En qué posición quedan los cineastas de su generación en medio de este panorama?

Las plataformas no trabajan con cineastas, somos demasiado ‘caros’ (risas). ‘Recreación de un asesinato’, de hecho, es una película prácticamente autofinanciada. Conseguimos algo de dinero de una pequeña productora de Luxemburgo, pero el presupuesto total de este film ha sido cinco veces menos de lo que cobraba yo como director cuando trabajaba para la industria. Hacer cine hoy en día es casi como un acto de resistencia, pero ahí sigo porque me resisto a pensar que el cine pueda perder su naturaleza social o que deje de ser una experiencia colectiva.