Xi y Trump se citan en Pekín con Irán, Taiwán y su codependencia comercial como trasfondo
La primera visita de un presidente estadounidense a China en casi una década sitúa a Pekín en el centro del tablero global. Comercio, tecnología, Oriente Próximo y la disputa por la hegemonía marcarán una cumbre decisiva para el equilibrio internacional.

«Coexistencia pacífica». Así titulaba la cuenta de X de la portavocía del Ministerio de Exteriores chino un vídeo publicado el pasado 11 de mayo, en el que dejaba clara la posición del gigante asiático ante las conversaciones que Xi Jinping y Donald Trump mantendrán en Pekín este jueves y viernes.
Con una voz masculina generada mediante inteligencia artificial, el vídeo, de poco más de dos minutos, remarca el rechazo a la confrontación que Xi Jinping y el Partido Comunista Chino (PCCh) llevan explicitando desde el inicio de la guerra comercial con EEUU bajo la Administración Biden. Sin embargo, el contexto internacional y el modo de actuar de las grandes potencias han cambiado: el pragmatismo y la fuerza se han erigido como las principales herramientas de unas relaciones internacionales profundamente deterioradas. Reflejo de la relevancia de las reuniones es que Trump será el primer presidente de EEUU en pisar territorio chino en casi una década.
Siendo la economía la principal razón por la que los votantes eligieron al magnate neoyorquino en 2024, la reunión se presenta para Trump como una oportunidad para lograr acuerdos y avances económicos de cara a las elecciones de medio mandato de noviembre. Las tierras raras por parte china y el desarrollo de la inteligencia artificial por parte estadounidense serán dos piezas clave en las conversaciones. Analistas esperan que Pekín presione para reducir las restricciones tecnológicas impuestas por EEUU, mientras Washington busca que China reanude los envíos de tierras raras y minerales críticos, después de que los controles de exportación hayan afectado a sectores estratégicos estadounidenses como el automovilístico y el aeroespacial.
La presencia de empresarios como Elon Musk y otros dirigentes del sector tecnológico estadounidense evidencia la importancia de estos acuerdos y la trascendencia del encuentro más allá del ámbito político. No obstante, el cara a cara entre Xi Jinping y Trump estará inevitablemente atravesado por el tablero internacional y la constante reconfiguración geopolítica desde el regreso de Trump a la Casa Blanca.
Irán como trasfondo
Programada inicialmente para comienzos de año, la reunión fue pospuesta tras el ataque conjunto de EEUU e Israel contra Irán. Por ello, aunque la estrecha interdependencia entre ambas economías seguirá siendo central, la guerra en Irán ocupará también un lugar destacado en el orden del día. Así lo ha confirmado Trump antes de partir hacia Pekín, cuando ha asegurado que él y Xi mantendrían una «larga conversación» sobre Irán, aunque ha insistido en que el comercio seguiría siendo el eje principal de la visita.
Trump no llega al encuentro en la posición deseada. Sus aspiraciones de resolver rápidamente el conflicto con Irán se vieron frustradas cuando el estrecho de Ormuz y la sólida estructura de poder de los ayatolás demostraron, tal y como advertía la inteligencia estadounidense, la capacidad de respuesta de un enemigo mucho más sólido de lo previsto por la Casa Blanca. El estancamiento del conflicto en Oriente Próximo se ha convertido así en una baza adicional para Pekín a la hora de negociar acuerdos en otras materias.
Sería, no obstante, ingenuo analizar el ataque contra Irán de forma aislada. Aunque hoy Venezuela actúe poco más que como una marioneta de Washington, el precedente venezolano reforzó en Trump la idea de que EEUU podía modificar unilateralmente el tablero internacional. Irán ha demostrado que la realidad dista mucho de las ambiciones imperialistas del movimiento MAGA. Aun así, existe una línea que conecta el Caribe y Oriente Próximo. El control sobre Venezuela respondió, en gran medida, a la necesidad estadounidense de preservar el papel del dólar como moneda de referencia global. El intento venezolano de comerciar petróleo con China mediante criptomonedas y otras divisas distintas al dólar provocó una reacción inmediata de Washington. No debe olvidarse que, mientras China es la principal potencia productiva del mundo, EEUU mantiene su hegemonía gracias a su liderazgo financiero.
Teniendo en cuenta que Irán avanzaba por una senda similar a la venezolana, Washington atacó Teherán —al tiempo que respaldaba las aspiraciones expansionistas de Israel— pensando que el escenario sería tan sencillo como en el Caribe y que, además, impediría que China comerciara al margen del dólar. Todo apunta, sin embargo, a que esta vez lo tendrá mucho más difícil.
La cuestión de Taiwán
Con Irán como telón de fondo, Taiwán será un factor fundamental para alcanzar acuerdos económicos e incluso posibles concesiones relacionadas con Oriente Próximo. Resulta especialmente reveladora la petición que el Gobierno chino dirigió a Washington el pasado miércoles. Pekín instó a EEUU a «manejar con prudencia» la cuestión taiwanesa y a «detener» el envío de armamento a la isla. En una rueda de prensa rutinaria, la portavoz de la Oficina de Asuntos de Taiwán del Consejo de Estado chino, Zhang Han, reiteró que la cuestión taiwanesa es «un asunto puramente interno de China» que «no admite ninguna injerencia externa». Trump, desde el Despacho Oval se adelantó incluso a esas declaraciones al afirmar el pasado lunes que «al presidente Xi le gustaría que no lo hagamos (vender armas a Taiwán), y tendré esa discusión».
EEUU está legalmente obligado, en virtud de la Ley de Relaciones con Taiwán, a apoyar la autodefensa de la isla, una política que desde hace décadas irrita a Pekín. Washington ha aprobado ventas militares a Taiwán por valor de decenas de miles de millones de dólares, incluido un paquete de 11.000 millones anunciado el año pasado.
La soberanía de Taiwán y la venta de armamento podrían convertirse así en una moneda de cambio útil para Trump si priorizara concesiones de Pekín respecto a Irán o si considerara favorable un acuerdo comercial que implicara reducir parcialmente el apoyo estadounidense a Taipéi.
Aunque el grueso de las conclusiones y políticas derivadas de las conversaciones no se conocerá de inmediato, Pekín será durante este jueves y viernes el escenario en el que podría definirse el rumbo del orden internacional a corto, medio y largo plazo. Teherán, Taipéi y Tel Aviv seguirán de cerca todo lo que ocurra. El resto del mundo haría bien en hacer lo mismo.

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