Agustin Goikoetxea
Aktualitateko erredaktorea / Redactor de actualidad

Osakidetza aplicó a pacientes 1.385 electroshock en 2025

Osakidetza aplicó en 2025 la terapia electroconvulsiva al menos en 1.385 ocasiones en cuatro hospitales para cuadros psiquiátricos graves. En un modelo que encara estos trastornos por vía farmacológica, frente a una perspectiva psicosocial, suelen ser el último recurso y requieren consentimiento.

Acceso a una de las unidades de Psiquiatría que existen en los hospitales bajo el control de Osakidetza.
Acceso a una de las unidades de Psiquiatría que existen en los hospitales bajo el control de Osakidetza. (OSAKIDETZ A)

E l estigma persigue a la administración de corrientes eléctricas en el cerebro para abordar transtornos mentales graves. Comenzó a indicarse en 1938 ante cuadros de esquizofrenia y psicosis, fue desplazada por las nuevas drogas, para convertirse en el último recurso en casos de depresión y desorden bipolar severos.

El año pasado, en cuatro de los seis hospitales donde Osakidetza dispone de máquinas de terapia electroconvulsiva (TEC) se registraron 1.385 sesiones. Fueron 869 a mujeres -12 de ellas a menores de 17 años- y 528 a hombres. En Basurto se contabilizaron 512 (389 mujeres y 123 hombres), 447 en Araba (255 hombres y 192 mujeres), 353 en Usansolo (210 mujeres y 131 hombres) y 73 en Cruces (54 mujeres y 19 hombres). Todas cuentan con un consentimiento informado rubricado por las y los pacientes o sus representantes legales. En la información remitida por el consejero de Salud, Alberto Martínez, a la parlamentaria de EH Bildu Rebeka Ubera no se aportan datos de la OSI Donostialdea y de la Red de Salud Mental de Bizkaia del pasado ejercicio. Tampoco de un equipo concertado en el hospital Aita Menni, en Arrasate.

«La TEC se indica principalmente en cuadros psiquiátricos graves o que ponen en riesgo la vida cuando otros tratamientos han fracasado, son demasiado lentos o están contraindicados», explica el psiquiatra Ander Retolaza, miembro de la Asociación por el Derecho a la Salud (Osalde) y de Osasun Mentalaren Elkartea (OME). Cita entre las indicaciones principales la depresión mayor grave, catatonia, manía grave o episodio mixto, psicosis aguda refractaria, así como síndrome neuroléptico maligno y agitación/agresión severa en demencia. Esta terapia se valora cuando tratamientos farmacológicos y psicoterapéuticos «han fracasado o son inaceptables».

Lo habitual son de 6 a 12 sesiones, con 2 o 3 a la semana. «La respuesta suele ser más rápida que con fármacos en cuadros graves», destaca Retolaza.

Antes de aplicarse -que suele ser bilateral a la altura de las sienes- se evalúa el estado médico general a través de una analítica sanguínea, radiografía de tórax, electrocardiograma y TAC o RMN craneal. Para su administración se emplean anestesia general y fármacos relajantes musculares, siguiendo las recomendaciones de la OMS. Es necesaria, así como la presencia del especialista, para evitar movimientos violentos y lesiones, el control de la ventilación y oxigenación antes y después de la descarga eléctrica. El anestesista además monitoriza y aborda los cambios transitorios que se puedan producir en el ritmo cardíaco y presión arterial

«La mala fama y los antecedentes de uso incorrecto (o punitivo) de esta forma de tratamiento han contribuido a que su aplicación sea muy cuidadosa y se sigan normas estrictas», incide quien fuera vocal del Consejo Asesor de Salud Mental de la CAV. «Es condición necesaria en todos los casos que se hayan probado otros tratamientos indicados y nada haya funcionado. El TEC suele ir en último lugar y precisa el consentimiento del paciente», añade.

En la CAV, no hay un protocolo autonómico único y obligatorio para esta terapia, aunque las unidades hospitalarias donde se aplica disponen de ellos.

MÁS MUJERES QUE HOMBRES

La secuencia de datos desde 2012 confirma que la TEC se administra en Osakidetza con mayor frecuencia a mujeres. Estudios y encuestas internacionales la sitúan a nivel mundial en la franja 58-73%. «Sin embargo, la evidencia indica que su eficacia es similar en ambos sexos. Existen diferencias técnicas (como la dosificación) y en la frecuencia de efectos adversos reportados que justifican consideraciones clínicas y éticas específicas», comenta Retolaza.

«La mayor proporción de mujeres que reciben TEC puede reflejar mayor prevalencia de depresión grave en mujeres o sesgos en derivación. Conviene revisar criterios para evitar tratamientos innecesarios o discriminación», indica.

Este doctor en neurociencias por Euskal Herriko Unibertsitatea se refiere a que las mujeres informan de más pérdida de memoria retrograda y otros efectos cognitivos. «Una hipótesis técnica es la sobredosificación relativa si no se ajusta la carga al umbral individual», señala.

«La queja más frecuente es la pérdida de recuerdos autobiográficos y dificultades en la memoria episódica, que en algunos pacientes puede ser persistente. Estas alteraciones son el factor que con más frecuencia se percibe como ‘traumático’», expone. Además, se reportan efectos inmediatos físicos inmediatos como cefalea, dolor muscular o confusión al recuperar la consciencia después de las convulsiones que provocan las descargas.

El hecho de someterse a un tratamiento que provoca convulsiones puede generar miedo, vergüenza o sensación de vulnerabilidad a las pacientes. El psiquiatra, que se jubiló hace seis años, explica que «puede resultar traumática para el paciente principalmente por sus efectos sobre la memoria y la experiencia subjetiva del procedimiento, además de por riesgos físicos y por factores psicosociales como el estigma y la pérdida de control».

Algunas de las afecciones de las que habla Ander Retolaza son las que relata Marta que, en 2013, a raíz de «unos acontecimientos que fueron muy duros» en su vida, comenzó con ataques de ansiedad, miedos y fobias. Acudió a una consulta de Psiquiatría y el primer diagnóstico que recibió es que padecía un transtorno bipolar, por el que le recetaron Seroquel, un antipsicótico. «Me puse todavía peor», rememora esta mujer de 60 años, explicando lo que vivió en 2013. «Tuve cinco ingresos», subraya. «Acabé bloqueada, es como un mecanismo de defensa que tiene el organismo, después de tanta ansiedad y cortisol. No me hacía efecto ninguna pastilla ni nada. Emocionalmente estaba bastante fastidiada», confiesa.

«TE DEJA SIN MEMORIA»

En esas condiciones, le administraron 17 sesiones de TEC. «Entre que yo estaba bloqueada y el electroshock, que te deja sin memoria, estuve todo el año que casi no me podía ni mover de la cama», indica.

Subraya que recuerda aquello «como una tortura». Explica cómo la trasladaban por los túneles del hospital de Basurto, donde estuvo ingresada, provocándole «todavía más ansiedad. «Se sufre mucho. Lo recuerdo como una auténtica tortura», insiste Marta.

Tras las sesiones, apunta, «no te acuerdas de nada, yo he recuperado la memoria». No es la única experiencia negativa que tiene. Asegura que «por negarme a recibir más electroshock, me hicieron un ingreso involuntario». Estuvo en Basurto y luego en Zaldibar, también conoce las unidades de Usansolo y Cruces.

«Cogí terror a la psiquiatría hasta que luego conocí el Movimiento del Orgullo Loco y con otros compañeros y compañeras hemos ido sanando», añade. «Las pastillas no sanan ni curan, lo que sana es otras cosas», defiende.

Tampoco tiene una buena experiencia Maider, quien hace 28 años, cuando tenía 17, ingresó por una anorexia nerviosa en trece ocasiones en el hospital de Santiago, en Gasteiz. Al ser menor de edad, fue su abuela quien firmó el consentimiento, aunque desconoce el número de sesiones que le administraron. «Hay partes de mi vida de esa época que no consigo recordar. Sufrí muchos dolores de cabeza y terapéuticamente a mí no me hizo nada», lamenta.



 

Hasta 847 hospitalizaciones involuntarias en las siete unidades de la red pública

 

En las siete unidades de salud mental de las que dispone Osakidetza se produjeron 847 hospitalizaciones involuntarias o contrarias a la voluntad de los y las pacientes en 2025, según se desprende de la información que ha remitido el consejero de Salud, Alberto Martínez, en respuesta a una solicitud de Rebeka Ubera, parlamentaria de EH Bildu en la Cámara de Gasteiz.

El mayor número de ingresos de estas características se registra en la OSI Barrualde-Galdakao con 288 (176 hombres y 112 mujeres), seguido de OSI Donostialdea con 198 (122 hombres y 76 mujeres), OSI Bilbo-Basurto con 116 (63 hombres y 53 mujeres), Ezkerraldea-Enkarterri-Cruces con 97 (60 hombres y 37 mujeres), Red Mental de Araba con 77 (42 hombres y 35 mujeres) y Red Mental de Bizkaia con 58 (40 hombres y 18 mujeres)

En cuanto a la franja de edad, según los guarismos que maneja Osakidetza, el grueso de las personas que son ingresadas en las unidades de salud mental contra la voluntad dado el estado que presentan se sitúa entre los 41 y 60 años con 379, seguida de la de 19 a 49 años con 352. Por detrás, con 88 están los pacientes de 61 a 80 años. De 0 a 18 años se contabilizaron 20 hospitalizaciones, y de más de 80 años solo 8.