
Colombia celebra hoy la segunda ronda de la carrera presidencial y 41 millones de personas tienen que elegir en las urnas entre dos abogados con postulados políticos antagónicos: o el progresista Iván Cepeda o el ultraderechista Abelardo de la Espriella.
Según las encuestas, Cepeda partiría con una desventaja de entre cuatro y siete puntos. Esta diferencia se debe al resultado de la primera vuelta: De la Espriella sorprendió con 10.361.499 votos y un 43,74% de apoyo, tres puntos y 673.000 sufragios más que el propio Cepeda, y además, ahora recogería buena parte del 1.600.000 (6,9%) votos de la uribista Paloma Valencia.
Las opciones de Cepeda pasan por obtener entre dos y tres millones de votos más que el pasado 31 de mayo, lo que a su vez significaría la mayor participación electoral en este siglo XXI. Para ello, necesitaría convencer a abstencionistas, mejorar en ciudades como Bogotá, captar arrepentidos en las filas de De la Espriella y atraer a buena parte de quienes apoyaron a formaciones centristas en la primera vuelta.
Pese a los esfuerzos, entre los que se encuentran la moderación del programa económico y la despriorización de un proceso constituyente, Cepeda no ha cerrado un acuerdo con los principales actores del centro: lo consiguió con Claudia López, que obtuvo 225.000 votos, pero no pudo ni con Sergio Fajardo, que superó el millón de sufragios (4,2%), ni con Juan Daniel Oviedo, candidato a vicepresidente de Valencia contrario a apoyar al xenófobo De la Espriella.
Candidaturas
Esta cita elegirá al sucesor de Gustavo Petro, el primer presidente de izquierda de Colombia. Su Gobierno del cambio ha llevado a cabo reformas que han mejorado la vida de las personas desfavorecidas. Por eso, en esta legislatura el nivel de pobreza se ha reducido del 36,6% al 31,8%. Cepeda propone una línea continuista, aunque con un énfasis mayor en atajar la corrupción y con matices que palíen el aparente fracaso de la paz total con los grupos armados activos en Colombia.
Para revertir la tendencia electoral, Cepeda ha cambiado el estilo de su campaña: ha incrementado su presencia en las redes sociales, ha moderado su discurso para atraer al centro y ha tratado de desprestigiar a De la Espriella.
De hecho, el candidato del Pacto Histórico ha pasado a la confrontación directa con el ultra, a quien acusa de tener lazos con el paramilitarismo y vender la patria al plegarse por completo a los intereses de Donald Trump.
Además, Cepeda ha anunciado la apertura de dos procesos legales contra De la Espriella: uno porque su bufete de abogados participó en actividades delictivas en empresas gestoras de salud, y otro por las relaciones financieras conniventes con el paramilitarismo de las Autodefensas Unidas de Colombia, acusadas de crímenes de lesa humanidad.
Abelardo de la Espriella, que se hace llamar el «tigre», es un supuesto outsider que lleva décadas relacionado con el sistema. Un populista que abraza los valores conservadores y propone desmantelar el Estado, privatizar empresas y terminar con los procesos de diálogo con los grupos armados.
Casa a la perfección con el dogma moderno ultraderechista y sus propuestas recuerdan a Javier Milei y Nayib Bukele. Así, quiere reducir en un 40% la burocracia del Estado, cuestiona la participación en entidades internacionales como la ONU y, valiéndose de una versión actualizada de la mano dura uribista, asegura que terminará con la violencia armada con nuevas megacárceles y una mayor presencia militar. Todo este proceso con el apoyo económico y militar explícito de Estados Unidos, que tiene en De la Espriella a una nueva pica con la que ganar influencia sistémica en Latinoamérica.

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