De la protesta contra el genocidio a sentarse en el Congreso en EEUU
La represión que apagó las protestas contra el genocidio en las universidades de Estados Unidos no acabó con un movimiento cuyos activistas ahora aparecen en primera línea de la política estadounidense y se sentarán en el Congreso. La adhesión política al sionismo empieza a resquebrajarse.

H ace dos años Darializa Ávila Chevalier era una de las 300 personas arrestadas por participar en las protestas del campus de la universidad de Columbia de Nueva York, aquellas en las que los estudiantes se atrincheraron en el Hamilton Hall, que rebautizaron con el nombre de Hind Rajab, la niña de 6 años acribillada a balazos junto a su familia en Gaza.
Ávila Chevalier, socióloga de origen dominicano y que ha participado en proyectos contra la deportación y la criminalización de comunidades inmigrantes, era una de las miles de personas que en 25 campus de 21 estados de EEUU se movilizaron contra el genocidio en Gaza y la complicidad de su país con Israel, exigiendo que las universidades cortaran toda relación con instituciones y organizaciones israelíes.
Una fuerte represión, medidas disciplinarias, chantajes y amenazas a las universidades ahogaron el movimiento propalestino en las universidades estadounidenses, que constituían una fuerte presión sobre la alianza de Washington con Israel para devastar la Franja de Gaza. Pero aquellos activistas vuelven hoy a la primera línea de la política.
Ávila Chevalier acaba de ganar las primarias en el Partido Demócrata en Nueva York frente a un candidato que llevaba logrando cinco mandatos consecutivos, Adriano Espillar.
Melat Kiros, abogada de origen etíope de 29 años, también parecía que tenía su carrera acabada cuando fue despedida de su bufete en 2023 por defender a los activistas propalestinos en una carta en la que rechazaba las acusaciones de antisemitismo y criticaba a las empresas de abogados que se oponen a las movilizaciones.
Acaba de ganar también las primarias en Colorado a Diana DeGette, candidata que se ha sentado en el Congreso estadounidense durante 30 años.
Aunque su programa incluye la universalización del servicio sanitario Medicare, la abolición de la policía migratoria ICE, el control federal de alquileres y una moratoria en los centros de datos, fue el rechazo a la «etnocracia» israelí y su apoyo a un embargo de armas a la entidad sionista las mayores brechas respecto a su rival, apoyada fuertemente con los fondos de los lobbys sionistas y que votó a favor de que Estados Unidos apoyara las acciones genocidas llevadas a cabo por Israel.
También en Pensilvania y Nueva Jersey han ganado candidatos propalestinos en las primarias demócratas, apuntando un cambio en la opinión pública, cada vez, menos proisraelí.
Estos nuevos candidatos, ligados en muchos casos al grupo Democratic Socialists of America, tienen el apoyo del alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, imagen de los intentos de renovación del Partido Demócrata, y en sus campañas Israel ha sido una cuestión clave. Han ganado en distritos tradicionalmente demócratas por lo que es probable que lleguen a la Cámara de Representantes.
KAMALA HARRIS LLAMA A SU PUERTA
La inercia, el sistema bipartidista y los enormes intereses implicados no ponen fácil este cambio, pero el establishment demócrata empieza a tenerlos en cuenta.
La ex vicepresidenta de Estados Unidos Kamala Harris mantuvo una conversación telefónica el pasado junio con Mamdani dos días después de las victorias de los candidatos propalestinos, y abordaron el futuro del partido, según el portal de noticias Axios. También se ha reunido con varios de los líderes propalestinos, como el miembro del Comité Nacional Demócrata James Zogby, presidente del Instituto Árabe Americano.
Harris, que participó en el Gobierno de Joe Biden que brindó una inestimable ayuda a Israel desde que comenzó su ofensiva contra Gaza, intenta ahora atraer al ala izquierda del partido en alza.
Como vicepresidenta prometió que la Administración Biden no impondría condiciones a la ayuda estadounidense y sus mayores críticas se limitaron a pedir un alto el fuego mientras Israel mataba a los palestinos por centenares cada día con las bombas vendidas por Estados Unidos.
Desde que dejó el cargo ha intentado desmarcarse e incluso acusó a Joe Biden de no mostrar suficiente empatía hacia los habitantes del enclave palestino y lamenta ahora no haber presionado más a Benjamin Netanyahu.
Incluso admitió que, en parte, el cheque en blanco que dio Biden a Netanyahu contribuyó a su derrota.
No está claro aún que Harris vuelva a presentarse como candidata a la Presidencia. Aunque aún falta mucho, el partido no cuenta con un claro candidato. Harris suscita rechazo entre los votantes -incluso entre los demócratas-, pero es la que mayor apoyo tiene entre los posibles aspirantes, alrededor del 27%, seguida por el gobernador de California, Gavin Newsom, con un 16%.
En cualquier caso, ha puesto en marcha movimientos que pueden interpretarse como un intento de forjar alianzas o de intentar neutralizar la oposición interna.
Si Joe Biden denunció «las difamaciones repugnantes y antisemitas y la retórica violenta» de los activistas propalestinos, ahora Harris llama a su puerta.
UNA SEMILLA
Según explicó a Al Jazeera la profesora de Sociología de la Universidad de la Ciudad de Nueva York Heba Gowayed, la victoria de Ávila Chevalier, Kiros, Mamdani y toda la lista socialista no habría sucedido si los estudiantes no hubieran acampado en 2024 para denunciar el genocidio en Gaza.
Lo que parecía una derrota, en su opinión, era la semilla de otra cosa cuyo alcance aún está por determinar. Pero Gowayed advierte de que no debemos pensar en los movimientos sociales como ráfagas de acción, como cosas temporalmente limitadas».
EL APOYO A ISRAEL EMPIEZA A FLAQUEAR
Un ejemplo de este cambio se vivió el pasado 15 de julio en la Cámara de Representantes. Más de 100 congresistas demócratas votaron a favor de suspender la ayuda a Israel, una cifra impensable hasta hace poco. Hace apenas dos años, en el punto álgido de la ofensiva sionista contra Gaza, solo 37 representantes demócratas votaron a favor de una medida similar para recortar la ayuda estadounidense a Israel.
Debido a la oposición casi unánime de los republicanos, la medida no fue aprobada, pero permitió a muchos legisladores demócratas expresar su rechazo a la campaña militar israelí en Gaza y Líbano.
«No debemos dar un cheque en blanco para la ayuda militar a países que no respetan las leyes, los intereses y los valores de Estados Unidos», afirmó la número dos de la bancada demócrata, Katherine Clark.
Sin embargo, al igual que otros 97 miembros de su partido, el líder de la minoría en la Cámara, Hakeem Jeffries, votó en contra de la medida, lo que pone de manifiesto una importante división entre ambos líderes.
Ya durante la campaña presidencial de 2024, muchos activistas y organizaciones progresistas se negaron a apoyar a Kamala Harris por su complicidad y su inacción como vicepresidenta ante la crisis humanitaria en Gaza.
Según un reciente sondeo de Ipsos realizada para el “Washington Post”, casi tres cuartas partes de los demócratas encuestados desean al menos reducir la ayuda militar estadounidense a Israel, mientras que el 40% quiere eliminarla por completo.
Para el experto en comunicación política Mike Fahey, este tema se ha convertido en «un factor determinante en las primarias demócratas, especialmente entre los votantes jóvenes y progresistas».
«Cuando más de 100 representantes demócratas están dispuestos a votar a favor de recortar la ayuda militar, ya no se trata de un voto de protesta. Es una señal de que el partido está experimentando una realineación ideológica y generacional», declaró a AFP el consultor, que ha trabajado en campañas de candidatos demócratas.
ALARMA EN EL SIONISMO
Cada vez más aspirantes demócratas afirman rechazar el apoyo de Aipac (Comité Americano Israelí de Acción Política), una organización sionista que trabaja para elegir candidatos proisraelíes, ya que si bien las donaciones son, sin duda, útiles, muchos de ellos ahora calculan que un apoyo tan controvertido no compensa el dinero recibido.
A poco más de tres meses de las elecciones de mitad de mandato, electos demócratas sionistas no ocultan su alarma por este cambio.
«Cuando ves el tipo de personas que han ganado nuestras primarias recientemente, [el partido] se está volviendo cada vez más antiisraelí y hostil hacia quienes apoyan a este aliado de Estados Unidos», lamentó el senador John Fetterman, que incluso sopesa abandonar el Partido Demócrata si su postura oficial se volviera antiisraelí.
Para Brian Romick, presidente de la Mayoría Demócrata por Israel, la enmienda que buscaba eliminar la ayuda al régimen sionista nunca debió haberse sometido a votación.
Pero «la cantidad de demócratas que la apoyaron envía un mensaje claro y contundente», afirmó, al tiempo que enfatizó su «profunda frustración» con el Ejecutivo de Benjamin Netanyahu, particularmente ante la «devastación en Gaza» y la violencia contra los palestinos en Cisjordania.
«El Gobierno israelí no debería desestimar estas preocupaciones. Francamente, esta votación debería servir como una llamada de atención y demostrar que se necesita un trabajo considerable para reparar su relación con los demócratas», declaró Romick.

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