Xabier Rodriguez
Kazetaria / Periodista

Mont Ventoux, el mito del gigante de la Provenza

Este viernes el Tour femenino se decidirá en la ascensión al Mont Ventoux, en una etapa marcada por el calor y los incendios en los alrededores. La carrera vuelve a uno de los puertos con mayor historia en la prueba y que acostumbra a castigar a quien le pierde el respeto.

El famoso «paisaje lunar» del Mont Ventoux espera a las ciclistas del Tour femenino.
El famoso «paisaje lunar» del Mont Ventoux espera a las ciclistas del Tour femenino. (Mattes RENE | AFP PHOTO)

Desde que se anunció el recorrido del Tour femenino el pasado octubre todo el mundo marcó la séptima etapa en negrita. Un recorrido de 127km de aproximación, dejando que el desgaste se vaya notando en los pequeños puertos de 2ª y 3ª categoría, antes de encarar la subida que debería decidir la ganadora de la edición 2026. Desde que ASO volvió a organizar la prueba, a la organización le gusta incluir en cada edición alguno de los puertos que más historia han escrito en la carrera. Si en 2022 fue la Planche des Belles Filles, al año siguiente sería el Tourmalet; en 2024 Alpe d’Huez fue protagonista de un duelo para el recuerdo entre Vollering y Niewiadoma y el año pasado, Ferrand-Prévot se destapó con una exhibición en la Madeleine.

Para la edición de 2026, ASO se decidió a incluir al gigante solitario. La mole de piedra caliza blanca que se eleva hasta los 1.912 metros en mitad de la Provenza. Ese monstruo con varias vertientes que esperan a las ciclistas a pie de puerto, desafiantes. La más conocida, la que ha programado la organización para esta edición, inicia la ascensión de 21km desde el pequeño pueblo de Bédoin y continúa montaña arriba entre bosques de pinos hasta alcanzar los 1.500 metros de altitud poco después de dejar atrás el conocido Chalet Reynard. A partir de ese punto, cuando desaparece la vegetación y el paisaje se vuelve lunar, empieza la peor parte. Las ciclistas deberán ascender golpeadas por un calor que podría superar los 40º y bajo el viento mistral que desvían los Alpes y limpia de vegetación el paisaje, además de dar nombre a la montaña.

Sí, suena amenazante y a lo largo de la historia se acumulan los ejemplos que invitan a no subestimar al Ventoux. Es de sobra conocida la historia del inglés Tom Simpson, que colapsó a falta de un kilómetro para la cima debido a una combinación de calor extremo, agotamiento y el uso de anfetaminas, pero no ha sido el único ciclista que cometió el error de ningunear al gigante.

Otras víctimas

El suizo Ferdi Kübler lo hizo en 1955, cuando ignoró las advertencias de su rival Raphaël Géminiani. «El Ventoux no es como cualquier otro», le decía el francés y Kübler respondía con su arrogancia habitual: «Bueno, Ferdi no es como cualquier otro ciclista…». Atacó pronto y fue perdiendo fuerzas y velocidad. Cubrió los últimos kilómetros de ascensión en zigzag, antes de llegar a la cima delirando y echando espuma por la boca. En el descenso sufrió dos caídas y terminó sentado en la cuneta. Entró a meta 25 minutos después del ganador, Louison Bobet y anunció su retirada del Tour y del ciclismo, tras lo que declaró con honestidad «Ferdi se ha matado en el Ventoux».

Pero tampoco hay que ser duros con Kübler, que hasta un campeón como Eddy Merckx terminó siendo víctima del gigante de la Provenza. Eso sí, a la manera del belga, porque si algo tenía Merckx era una tozudez a prueba de fuego y tenía que terminar apoderándose de cualquier icono del ciclismo. Cuatro veces se presentó en la salida de la Vuelta a Flandes hasta que logró ganarla y hasta 5 veces tuvo que intentarlo en Lombardia. El Mont Ventoux, por supuesto, también tenía que figurar en su palmarés.

En la edición de 1970 Merckx se escapó a 13km de meta, todavía en la zona boscosa. Para cuando llegó al Chalet Reynard ya rodaba en cabeza de carrera. Al pasar por el punto en el que su compañero Tom Simpson había fallecido tres años atrás, Merckx se quitó la gorra en señal de respeto. Cruzó la meta en cabeza, sin levantar las manos del manillar, pero estuvo cerca de pagar un precio muy alto por aquella victoria. «J'étouffe» (me ahogo) decía el belga, dando síntomas de colapso y antes de que se lo llevaran a una ambulancia y le administraran oxígeno.

Pero, igual que todos los grandes puertos del ciclismo, el Mont Ventoux también es justo con el esfuerzo de los ciclistas, sean especialistas en montaña o no. Es inolvidable la victoria del irundarra Juanma Garate en 2009 y Wout van Aert también pudo ganar en el Ventoux años después. Igual que lo hizo en 1994 Eros Poli, un rodador de 1,94 de altura y 85kg de peso, especializado en preparar los sprints para Mario Cipollini. Poli atacó a 170km de meta, sin pensar muy bien lo que hacía. Una vez metido en faena, calculó que necesitaba llegar a pie de puerto con una ventaja de 25 minutos. Calculó mal. Llegó con 23 minutos de ventaja, pero fueron suficientes para cruzar la meta con tiempo de hacer una reverencia al público.

Habrá que ver cuáles son las condiciones climáticas para la ascensión y el estado de los incendios activos en los alrededores. Hace diez años, en el Tour masculino, un mistral que superaba los 100 km/h obligó a acortar la ascensión hasta el Chalet Reynard y debió afectar también a Chris Froome, que dejó la bici tirada en plena subida y continuó el camino a pie. No lo permite el reglamento del ciclismo, pero la organización miró para otro lado y evitó sancionar al inglés.

Las cosas de ASO, que le gusta presumir del estreno del Mont Ventoux en el Tour, a pesar de no ser del todo cierto. Porque, si bien organizaron el Tour femenino entre 1984 y 1989, dejaron de hacerlo ese año e impidieron que utilizaran el nombre de la prueba quienes continuaron con la idea. Por eso se llamó Tour Cycliste Féminin primero y Grande Boucle Féminine después, la prueba que ganó en tres ocasiones Joane Somarriba y que en la edición de 2006, incluyó la ascensión al Mont Ventoux. Aquel día las temperaturas rondaron los 40 grados y a pesar de tener la carrera encarrilada, la inglesa Nicole Cooke atacó desde la base de la montaña para completar una ascensión prodigiosa.

Marlen Reusser, Demi Vollering, Kasia Niewiadoma y compañía son las herederas de Cooke, Somarriba o Van Vleuten. Este viernes alguna de ellas terminará venciendo al Mont Ventoux y escribiendo su nombre en esta renacida historia del Tour.