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Los escándalos de Esparza (III): El Louvre de Abu Dhabi

La joya de la corona de la gestión de Esparza al frente del instituto Navarro para el Deporte fue el Navarra Arena. Los detalles del proyecto son alucinantes.

Obras en el interior del Navarra Arena. (GOBIERNO DE NAVARRA)

Si el candidato de UPN tiene que lidiar con algo injustificable, es con el Navarra Arena. Nació para ser polideportivo pero la megalomanía de UPN acabó por convertirlo en “Pabellón Multiusos” cuando sus dimensiones empezaron a crecer y crecer y no se ajustaban a nada, sino que lo desbordaban todo.

El estadio se proyectó en los mejores tiempos del Portland San Antonio, pero ni las finales europeas del equipo de balonmano (dopado por la cementera con algunos de los mejores jugadores del mundo) conseguían atraer a gente ni como para llenar un tercio del aforo proyectado en el Arena (10.000 asientos, ¡500 menos que el Madrid Arena!). De hecho, el Portland jugaba en el Pabellón Universitario, que tiene un aforo de 3.000. Hilando fino, el último éxito del Portland fueron los subcampeonatos de liga y copa de 2007, dos años antes de que se pusiera la primera piedra del Navarra Arena.

Seis años después del inicio de las obras, se han invertido ya 54 millones de euros y aún quedan más de 6 millones por adjudicar y terminar los remates. Y sin embargo, la obra está parada, porque no se le ve viabilidad. Pese a que no abre sus puertas y no se encienden sus focos, la sangría económica para las arcas navarras continúa, ya que solo en mantenimiento el Gobierno pierde 390.000 euros al año. El proyecto con el que el entonces director del Instituto Navarro para el Deporte quería pasar a la posteridad también tenía un regusto político. Lo dijo Sanz y lo dijo Esparza, estaban hartos de ver a jugadores navarros disputando finales de pelota en frontones de Gasteiz, Donostia o Bilbo.

Cuando sus rivales le han achacado la desmesura del mamotreto, Esparza ha salido diciendo “todos estábamos de acuerdo en que hacía falta un frontón cubierto”. Aun sin que hubiera equipos para jugar en él, el problema fue que el Arena quiso ser frontón y a la vez cancha de balonmano-futbito-baloncesto. Con ese objetivo se buscó la solución más cara y rebuscada: unas gradas neumáticas para miles de personas que se pliegan y se recogen en un subterráneo. Tamaña obra de ingeniería hoy sirve de escaparate a Waagner Biró la empresa que llevó a cabo los graderíos. El vídeo deja boquiabierto. Hoy el Arena comparte espacio con otros proyectos de la prestigiosa firma austríaca, como el Louvre de Abu Dhabi, la Royal Opera de Londres o el aeropuerto internacional de Azerbayán. Pero esto Esparza no lo ve. En su debate con Adolfo Araiz, proclamó: “Aquí no ha habido despilfarro alguno”. Se supone que el emir de Abu Dhabi pensará lo mismo de su Louvre.

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