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La dispersión es hoy mucho más aguda que en otoño de 2011

Las marchas de mañana en Bilbo y Baiona denunciarán una dispersión más acentuada que nunca, se mire al dato que se mire. Hay menos presos en Euskal Herria que en 2011, igual que en su entorno (Zuera, Villabona, Gradignan...). Más de la mitad de los del Estado español están en Andalucía y Valencia; y los del francés, en París o más lejos.


La reivindicación constante del Gobierno español de que la dispersión carcelaria sigue intacta, en realidad, se queda corta. Porque lo cierto es que el alejamiento de los presos y presas vascas respecto a su domicilio y entorno familiar es ahora bastante más acentuado que en otoño de 2011, cuando se produjo la decisión de ETA que abría las puertas a la resolución del conflicto y parecía hacer irreversible un cambio de la política carcelaria a corto o medio plazo. Cuatro años y tres meses después, los prisioneros están más lejos por término medio y también más solos, dado que su número ha mermado pero se mantiene casi intacto el de prisiones en que están diseminados, de modo que muchos más que antes no tienen compañeros del Colectivo.

El mapa adjunto de la dispersión, que compara la distribución en aquel otoño (concretamente noviembre) y la actual en base a los listados de Etxerat, confirma este endurecimiento, que se prueba se mire al punto al que se mire. Incluso en las cárceles vascas hay menos presos ahora que entonces, si bien en ambos casos el número es tan ínfimo que no deja de ser una triste anécdota: antes eran tres y ahora dos, en ambos casos enfermos graves que debieran estar libres hace tiempo (Aitzol Gogorza y Txus Martin).

En Zaballa, prisión a la que están reclamando en vía judicial ser trasladados los más de 300 presos de EPPK encarcelados en el Estado español, solo está actualmente Martin (hay también menos de diez presos acogidos a la llamada «vía Nanclares», que entonces eran casi una treintena pero han ido quedando libres al cumplir condena). No es mejor la situación en el norte; ningún preso en Baiona y únicamente dos en Mont-de-Marsan, la cárcel fijada como referencia para el acercamiento-agrupamiento por parte del Colectivo en el Estado francés.

El entorno cercano se vacía

Queda claro que los presos vascos no han sido repatriados. Pero tampoco acercados a cárceles del entorno, como hizo el Gobierno de José María Aznar, de forma muy medida, tras la tregua de ETA en Lizarra-Garazi. La realidad actual es justo la contraria: los penales próximos a Euskal Herria han sido vaciados de vascos en varios casos. Por ejemplo, en Zuera (Zaragoza) se ha pasado de 26 a 9 en estos algo más de cuatro años; en Villabona (Asturias), de 13 a 3; y en Gradignan (Burdeos) no hay ninguno cuando antes eran 3.

La agudización de la dispersión ha convertido las cárceles del área de Madrid, antes una especie de punto de destino medio, en lugar más asequible de lo común para las visitas de los familiares. Pero también en estas resulta cada vez más infrecuente la presencia de presos y presas vascas; así, en Soto del Real, al norte de Madrid, se ha bajado de 15 a 2; en Navalcarnero, de 11 a 1; y en Alcalá, de 13 a 2.

Más al sur y más al norte

Miremos por último a las cárceles más alejadas, y veremos qué es allí donde se concentra la mayor parte de los represaliados vascos. La reducción de su número en estas cárceles es sensiblemente menor a la merma general del número de presos en estos años. En cárceles andaluzas había en otoño de 2011 147 presos vascos y ahora son todavía 104. Si se suman a los 73 encerrados en penales del área de Valencia y Murcia, también muy alejada, el resultado es que los familiares de más de la mitad de los apresados en el Estado español tienen que hacer bien la ruta andaluza o bien la valenciana, las más lejanas sin olvidar a los 26 de Galicia.

Si en el Estado español los presos están cada vez más al sur, en el francés es cada vez más al norte. Un total de 45 (más de la mitad) están encerrados en la actualidad en cárceles del área de París o más alejadas todavía (Bapaume, Meaux, Clairvaux).

Otro dato contundente es el de dónde hay más presos vascos. Como ocurría entonces, la comunidad más amplia se sitúa a un millar de kilómetros, en Puerto de Santa María (Cádiz), con un total de 28. Le siguen los 19 de Valencia, los 16 de Murcia (aquí más incluso que los que había en 2011), los 13 de Granada, los 12 de Huelva, los 11 de Córdoba y los también 11 de A Lama (Pontevedra), la prisión gallega más lejana posible de las cuatro. En el Estado francés, a la cabeza aparecen dos destinos «clásicos»: Fresnes y Fleury, con ocho y nueve vascos respectivamente. De nuevo muy lejos, en el extrarradio de París.

Y más aislados

Sorprendentemente, si bien el número de presos ha descendido de 673 a 402 en este periodo (en torno a un 40%), las cárceles en que están recluidos han bajado solo de 75 a 69 (ni siquiera un 10%). Ello genera que estén cada vez más aislados en el interior de las cárceles, bien porque no tienen compañía alguna en el módulo o porque incluso son los únicos vascos en esa prisión: el caso de Alaitz Aramendi en Bapaume, de Jon Salaberria en Alençon, de Ion Parot en Muret, de Asier Ormazabal en Teruel o de Jon Enparantza en Segovia.

Los familiares también son afectados directamente por ello, al no disponer de la posibilidad de preparar viajes conjuntos más cómodos y baratos.