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Celofán blanquiazul, y tiro porque me toca

Presentación de «Donostia jokoa-El juego de Donostia». (Donostia.eus)

El popular juego de la oca nació, según cuentan, en la corte de los Medicis, a finales del siglo XVI. Menos años tiene el célebre ‘Monopoly’, cuyos orígenes se remontan a principios del siglo XX. El primer proyecto se denominó ‘The Landlord's Game’, y fue diseñado por la estadounidense Elisabeth Magie.

Antiguo no tiene por qué ser sinónimo de anticuado, ahí está el ajedrez para demostrarlo. Pero basar un juego de mesa actual en mecánicas que se resumen en tira un dado, mueve ficha y compra o paga –lo que toque–, en el que la capacidad de decisión o de trazar una estrategia es nula, equivale a presentar como una tecnología puntera y novedosa rebobinar un cassette haciéndolo girar con un bolígrafo.

Viene a cuento esta introducción porque el Ayuntamiento de Donostia presentó el pasado martes un juego de mesa que ha bautizado como «Donostia jokoa-El juego de Donostia», y que recorre la ciudad «con unas reglas de funcionamiento similares al ‘Monopoly’ y el juego de la oca». A falta de probarlo, el panorama no se presenta halagüeño.

Dos botones de muestra. Si el jugador cae en la motora de la isla, va a Santa Clara y allí pierde un turno. Si cae en una parada de Dbus, puede ir a otra parada. ¿En serio? ¿Se trata de rodear de agua la posada o la cárcel y de saltar de casilla en casilla con la tarjeta Mugi?

El objetivo del juego es ser el primero en adquirir un número determinado de comercios o empresas de la ciudad, que se corresponden con establecimientos y compañías reales, y que han abonado, según desvelaron en la rueda de prensa, la nada desdeñable cantidad de entre 900 y 1.500 euros por aparecer.

Producto cultural

Cuesta digerir que en 2018 se presente, con respaldo municipal y a 27 euros la unidad –4.000 unidades editadas, una cifra más que relevante–, un híbrido entre la oca y el Monopoly. «Qué tontería», habrá quien piense, al fin y al cabo esto es o una cosa de críos o algo de cuatro adultos frikis con problemas de madurez. ¿Y si fuera un cómic? Quizás también. ¿Y si fuera un libro? Ah, no, eso ya no.

En 2013 se publicó ‘Donostiarrok harriz harri’, un juego cooperativo sobre la reconstrucción de Donostia tras su quema en 1813. Una rápida lectura a sus reglas y objetivos lo sitúa, con sus virtudes y sus defectos, a años luz por delante de este nuevo producto que huele a sacacuartos envuelto en celofán blanquiazul y postal de marco incomparable. 

  

Barcelona, Tenerife, Lisboa…

El uso del juego de mesa para dar a conocer las bondades de una ciudad o parte de su historia es muy frecuente. Sin olvidarnos de que uno de los objetivo principales de un juego es divertir, y que si no lo consigue su destino será acumular polvo en la estantería.

Por ejemplo, Devir editó en 2016 ‘La rosa de fuego’, basado en la Barcelona de entre 1860 y 1930. ‘Santa Cruz 1797’ simula el intento de las tropas británicas del almirante Nelson de desembarcar en Tenerife. En ‘Lisboa’ los jugadores tratarán de reconstruir la capital portuguesa tras el terrible terremoto de 1775.

La lista podría ser interminable, si bien son muchos los juegos con nombre de ciudad, región o país que podrían trasladarse tranquilamente a otro escenario. Se suele decir que tienen el ‘tema pegado’. Un clásico como Carcasonne o el reciente Coimbra son dos ejemplos.

Churras con merinas

Para rematar la faena, no ha faltado quien ha tratado de meter la cuchara mezclando churras con merinas y ‘Monopoly’ con  modelo de ciudad y capitalismo. Juegos hay de todas las temáticas, de las más variadas –como libros, videojuegos o películas– y jugar al ‘Monopoly’ no te convierte en un especulador inmobiliario, del mismo modo que jugar al ‘Aventureros al tren’ no te convierte en impulsor del TAV, jugar al Mombasa no hace que seas un esclavista, ni jugar a cualquier wargame de la Segunda Guerra Mundial te convierte en nazi, si es que te toca ese bando.

Los adultos son, en general, adultos, y en el caso de los menores corresponderá a sus educadores escoger qué juegos creen que son apropiados y explicarles su trasfondo, si lo consideran necesario. Ojalá el problema de la vivienda en la capital guipuzcoana se solucionara vetando el ‘Monopoly’.