José Luis Úriz Iglesias
Exparlamentario y exconcejal del PSN-PSOE

40 Congreso del PSOE: de la ilusión a la decepción

Podemos definirlo como un fiasco, una ocasión perdida, que en lugar de traer ilusión lo que realmente puede aportar es decepción, al menos para los sectores progresistas más avanzados de este país.

Se acaba de celebrar el 40 Congreso del PSOE, del que ha salido su línea estratégica y la nueva dirección para los próximos tiempos.

Se ha desarrollado en un momento de convulsión externa, con un PP confrontado y el reto pendiente de Catalunya, pero en un ambiente de control y tranquilidad en su interior.

Pedro Sánchez desde su llegada de nuevo en 2017 a su Secretaría General, ha vivido en una constante zozobra por la resistencia del viejo aparato a aceptar su autoridad. Pero su consolidación al frente del gobierno los ha situado a cada uno en su lugar.

En este Congreso, ya instalado en su torre de marfil de la Moncloa, se ha desembarazado de los leales sin cuya ayuda no habría accedido a la secretaría general, cuando después del Comité Regional de 1 de octubre de 2016 se refugió con una fuerte depresión en su domicilio.

Salió de ella gracias al impulso que se le dio, desde la reunión celebrada en noviembre de ese año en el Ateneo de Madrid.

Allí afiliados de peso como Borrell, Narbona, Elorza, Escudero, Tezanos, o de la Rocha, más el apoyo de Pérez Tapias, Perelló, Ábalos y Toni Ferrer, gentes de UGT e Izquierda Socialista, e incluso Margarita Robles aunque no estuviera afiliada, impulsaron su vuelta a primera línea.

Su mitin inicial tras ese acto en Xirivella, demostró que aquel análisis era correcto y que la mayoría de la base del partido estaba junto a él de manera entusiasta.

Ahora prefiere tener cerca a gentes de perfil bajo con obediencia inquebrantable, poco ideologizados, menos curtidos en las tesis de la izquierda, muchos de ellas jóvenes en búsqueda de puesto de trabajo.

Quitarse de encima peso en las alforjas del pasado, disfrazándolo con la falsa teoría de que es tiempo de las nuevas generaciones.

Ha olvidado lo que en su día le indicó un Pérez Tapias ahora fuera del partido; «la juventud debe estar en las ideas, en las propuestas, en la ilusión y la pasión a la hora de defenderlas.
El futuro pasa por una alianza intergeneracional en el seno del PSOE.

Porque nos hacen falta todos, jóvenes y veteranos para la ingente tarea de regeneración de nuestro partido».

Por eso este 40 Congreso en lugar de para tejer una alianza intergeneracional que fortaleciera la ideología de izquierdas en su seno, dar alternativas al modelo de país de futuro, o construir un partido moderno con una profunda democracia interna, ha servido para mayor loa del líder vaciándolo de contenido.

Ha perdido la ocasión de afrontar el reto de crear ese nuevo modelo de estado, de enfrentarse con valentía a la búsqueda de soluciones para eliminar las viejas tensiones centro-periferia heredadas de la Transición.

Tampoco ha sido valiente para cambiar el modelo de partido.

La situación en el interior de los partidos políticos en lo que se refiere a la falta de esa virtud, es una asignatura pendiente que ninguno se atreve a abordar, el PSOE nuevamente tampoco.

Hay que tener en cuenta que nacieron en el siglo XIX y no han evolucionado nada en esto.

Se han convertido en una maquinaria electoral desideologizada en la que prima exclusivamente la disciplina-sumisión cercenando cualquier debate, cualquier disidencia que suponga un peligro para las élites que los dirigen.

Eso a pesar de que ahora el «converso» FG abogue por ello.

Probablemente parte de la culpa de que esto suceda la tenga la sociedad actual, que castiga electoralmente cuando en el interior se manifiesta pluralidad ideológica, o debates enriquecedores.

Esa contradicción es utilizada por sus dirigentes para cortar de raíz cualquier disidencia, utilizando un instrumento de Santa Inquisición: «las medidas disciplinarias». En Navarra tenemos suficientes experiencias.

Se aplican amparadas en los Estatutos que rigen su vida interna Una gran parte de lo que se refleja ahí es claramente ilegal, infringiendo derechos básicos contemplados en nuestra Constitución.

Lo normal sería que un afiliado tuviera los mismos derechos como ciudadano que como militante, y que las normas básicas que rigen la vida fuera se aplicaran también dentro.

Este congreso debería, aunque sólo fuera para recuperar la confianza perdida en el seno de nuestra sociedad, poner fin a esta situación y emprender una profunda transformación en este apartado, porque podría ocurrir que el primero que tenga el valor de hacerlo acabe teniendo un plus electoral inesperado.

Conseguir que dejen de ser una maquinaria al servicio de sus dirigentes, una fuente de empleo. Cambiar sus paredes de acero en cristales transparentes, con esa mayor democracia interna, fomentando la libertad de expresión, rotación constante en su dirección y en sus cargos públicos, límite de dos mandatos, régimen de incompatibilidades, listas abiertas, etc.

Convertirlos en una maquinaria al servicio de la sociedad, un instrumento que no se limiten a interpretarla de manera electoralista, sino que tenga el valor de intentar transformarla. Ha faltado valentía para hacerlo.

No ha sido así y podemos definirlo como un fiasco, una ocasión perdida, que en lugar de traer ilusión lo que realmente puede aportar es decepción, al menos para los sectores progresistas más avanzados de este país.

Y lo más grave, se corre el riesgo de perder el tren de cambio socialdemócrata que avanza en la UE. Especialmente tras las elecciones en Alemania, o Noruega, la consolidación en el resto de países escandinavos, el resurgimiento del laborismo en el Reino Unido, o la ilusión que provoca en Francia la socialista Anne Hidalgo. Una pena.

Veremos...

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