Josu Iraeta
Escritor

Acuerdos entre diferentes

A pesar de los años transcurridos, (1979), recuerdo perfectamente cómo el socialista Julián Balduz, (PSOE), obtuvo la primera alcaldía (sin Franco) de Iruñea. Eran tiempos «bonitos», con riesgo evidente y un incipiente «movimiento transversal».

Cuatro décadas más tarde, estamos siendo testigos de diferentes movimientos, encuentros y negociaciones, en el cada vez más «conciso» espectro político, tanto en Iruñea como en Gasteiz.

Además de legítimo, parece lógico posicionarse y buscar elementos comunes, máxime ante el frente activo de arbitrariedades con que los «delegados» de Moncloa interpretan el Estado de derecho en nuestra tierra.

Sin embargo, el resultado de esos movimientos no concluye como sería deseable. Cierto que durante un amplio espacio de tiempo hemos interpretado desencuentros, los unos verbales, otros no tanto, que lógicamente han escenificado una dificultad considerable. De tal manera que el resultado difícilmente podía ser «confluyente».

De todas formas, en la raíz de estos desencuentros hay mucho más de «peso institucional» que, de antagonismo, y eso solo se cura negociando. Sin duda, es un capítulo profundo y complejo, merecedor de la mayor estimación, y que, evidentemente, debe tener su desarrollo. El futuro pasa por ahí.

Estamos caminando por la tercera década del siglo XXI y debemos ser conscientes de que nuestra sociedad está «saturada» −no solo de elecciones− también de lucha y sacrificio, porque es mucho el dolor acumulado en todos los frentes.

Nadie debiera quedar al margen, todos debemos contribuir, porque la verdad, la «verdad de la verdad», no es patrimonio de unos u otros, la verdad hay que buscarla. Esto quiere decir que en la izquierda abertzale no estamos por esperar la llegada de otra fase de la historia para que la construyan generaciones menos egoístas que las actuales, por eso trabajamos en todos los frentes por convencer a la sociedad que debe sumarse al cambio. Y ese cambio está en nuestras manos, la sociedad vasca lo viene refrendando y este refrendo debe ser respetado. Nos aproximamos, es cierto, pero hay que seguir y seguir.

En mi opinión, con manifiesta arbitrariedad, se nos acusa de lo contrario, pero lo cierto es que si en la izquierda abertzale, a lo largo de muchas décadas, hemos cometido errores −y no pocos− nunca hemos temido a la verdad. Quizá porque siempre la tuvimos delante y tan próxima como la tenemos ahora. No sé si hay muchos que puedan decir lo mismo.

Para ello no podemos optar por hacernos «solo» intérpretes del reconocimiento del que sufre, no basta. Son muchos los hogares hoy que no son lo que fueron. La miseria se extiende, la angustia se extrema. Son afirmaciones contundentes, desconocidas para muchos y en nada coincidentes con el «bonancible» mensaje institucional. Es cierto, pero reflejan el eco de los marginados, de los trabajadores pobres, de los pensionistas engañados y robados. De quienes viven sola y exclusivamente de la caridad.

Hay mucho trabajo por hacer, porque aun siendo evidente que no partimos de cero, hay funcionamientos cuyas inercias no son admisibles. Sobran estructuras clientelares. Es imprescindible actualizar prioridades, pero lo verdaderamente urgente, es dotar de mucha mayor transversalidad y atención a la relación sociedad – administración.

Tengo una pregunta clara refiriéndome a quienes gobiernan tanto desde Lakua como desde Carlos III. ¿Quién decide, quién gobierna? Vosotros o las organizaciones empresariales? Para responder conviene leer la prensa actual y percatarse de lo que está ocurriendo aquí y no solo en el Estado español. Es constatable que el poder de estos grupos aumenta en la medida que disminuye el control democrático sobre ellos. Son junto a la banca insaciable, la «cocina» de la que fluye el dinero, el espejo en el que desgraciadamente se miran muchos jóvenes.

Lamentablemente, aun siendo conscientes de lo que ocurre, hoy muchos vascos emplean sus fuerzas y su tiempo en el largo y enfermizo enfrentamiento interno, lleno de pasiones e intereses personales. Ahora, cuando el cumplir leyes irracionales, una tras otra, no hace sino alejar la democracia. Cuando la Administración española, olvidadiza e irrespetuosa, amenaza nuestro futuro, es el momento de apuntalar el cambio. Y no me refiero exclusivamente a nuestra lengua el euskara.

Y es que, no podemos negarlo, somos parte de un universo «entregado» al credo intangible del enriquecimiento, la competitividad y la satisfacción individual. A pesar de ello, en nuestra sociedad hay muchas mujeres y hombres capacitados, no solo para reflexionar, también para denunciar que esto que nos ofrecen hoy, es el «nacedero» imprescindible de las posibilidades «creadoras» del poder financiero, tecnológico e industrial de las élites, lo que supone desembarazarse de las trabas del proteccionismo, del costo insoportable de los programas de ayuda social, y de las «caducas» leyes respecto al empleo en condiciones dignas.

Desde Bruselas avisan una y otra vez, ya lo ven. Los tiempos duros vuelven acompañados de no poca incertidumbre. Desgraciadamente, una parte importante de la sociedad vasca, deberá aprender a vivir con menos ingresos. Soy consciente de que la salida a esta situación, debe ser muy estructurada y que un sector de la sociedad, por importante que sea su peso específico –me estoy refiriendo a los pensionistas− no será lo determinante que debiera, si no tiene el apoyo y empuje del resto de la sociedad.

Los trabajadores, los hombres y mujeres que componemos la sociedad vasca en su conjunto, tanto vascongados como navarros, quizá mirásemos al futuro con otras perspectivas, si desde la Moncloa tuvieran la percepción de que, quienes gestionan Lakua y Carlos III, hubieran decidido sustentar el futuro, «alineando» su brillante discurso político, con la práctica cotidiana. Yo brindo por ello.


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