Xandra Romero Casas
Diplomada en Nutrición Humana y Dietética Nº col: EUS00151

Ecológico vs. sostenible: una aclaración

En primer lugar, quisiera aclarar que en ningún caso soy detractora de los alimentos de producción ecológica. El objetivo del artículo que ha motivado la controversia, como en todas mis colaboraciones con 7K, era aportar información a los consumidores basada en la evidencia científica disponible sobre la temática de la salud y en concreto la alimentación y la nutrición humana, que es mi campo.

Uno. Respecto al primer punto donde Eneek encuentra discrepancias, ya que según indica, el título induce a error, reconozco que quizá haya quien ha podido malinterpretarlo. En efecto como conocedora de la terminología «ecológico» y «sostenible» sé que la agricultura y ganadería ecológica se basan en sistemas de producción que tienen en cuenta el medio ambiente. Sin embargo, el objetivo era aclarar que no siempre un alimento ecológico es además sostenible. De hecho, es común encontrar alimentos ecológicos, perecederos y lejanos. Una contradicción.

Si cogemos como ejemplo la producción de quinua, esta puede ser ecológica en Perú (país de origen) y dicho alimento puede encontrarse en nuestros supermercados acompañado de la terminología «eco», «bio» o similar. Sin embargo, creo que nadie dudará de que el transporte de ese alimento ecológico desde Perú hasta nuestro supermercado es de todo menos sostenible. Quizá sí respecto al entorno en el que se ha cultivado y al modo de cultivo, pero no en su distribución que deja de ser local.

Este tránsito provoca aquello que se conoce como huella ecológica que en estos casos se mide, entre otras variables, por la cantidad de combustible fósil y de agua que ha sido preciso consumir para hacer llegar ese producto hasta el consumidor final. Existen determinadas empresas de la industria alimentaria que aseguran que sus ingredientes son 100% ecológicos, y mi duda es cómo una multinacional que vende por todo el país y en el extranjero puede asegurar que sus productos son además sostenibles.

A este respecto, ustedes refieren que las operadoras ecológicas inscritas en los Consejos de Agricultura y Alimentación Ecológica locales cumplen de verdad con los criterios de sostenibilidad ambiental, también con los de la sostenibilidad social y económica. Además indican que «la producción ecológica local es el paradigma de la alimentación sostenible». Y no puedo estar más de acuerdo, pero no sólo porque hablemos de agricultura y alimentación ecológica, si no porque ustedes mismos añaden la palabra local.

Dos. Referente a que les resulte simplista la definición que se utiliza en el artículo sobre la tecnología o producción ecológica, el razonamiento es sencillo; los artículos están sujetos a un número de caracteres máximos y van dirigidos al público en general por lo que las simplificaciones son habituales.

Tres. En relación con los límites máximos de residuos, no encuentro discrepancia alguna. En el artículo se explica que ambos tipos de alimentos, ecológicos y convencionales están sujetos a rigurosos sistemas de control para asegurar que los pesticidas convencionales o naturales presentes en los alimentos comunes y ecológicos respectivamente no superen los límites. Es decir, que la comida que llega a nuestros supermercados es segura y el control es exhaustivo en ecológico y en convencional.

De hecho, en 2013 la Autoridad Europea (EFSA) publicó los resultados de un estudio a gran escala en el que buscó restos y residuos de pesticidas en la comida. La conclusión general del estudio según la EFSA es que no hay ningún problema de salud por una exposición a largo plazo a estas sustancias porque están muy por debajo del límite de peligrosidad. En el informe también se indica, y dado que la agricultura ecológica también utiliza pesticidas –solo que estos son de origen no químico y existe una lista de los autorizados–, que no hay una mayor exigencia sobre el producto ecológico respecto al convencional por restos de pesticidas.

Cuatro. En cuanto al valor nutritivo y su efecto sobre nuestro estado de salud, el artículo se basa en la evidencia científica actual, que se caracteriza entre otros aspectos, por apoyarse en estudios bien diseñados desde el punto de vista científico e independiente, donde los autores no presenten conflicto de intereses. No se basa en estos parámetros el informe “Sostenibilidad y calidad de los alimentos ecológicos”, del Instituto para la Investigación de Agricultura Ecológica (FiBL, Suiza) al que se hace referencia en el artículo.

Por otro lado, me parece un tanto subjetiva la conclusión sobre el meta-análisis publicado en la revista “British Journal of Nutrition”. La primera puntualización es que no es un estudio sobre cualquier alimento ecológico, por lo que no puede concluir que los alimentos ecológicos son más nutritivos, si acaso la carne que es de lo que trata el estudio.

En segundo lugar y aunque es cierto que el estudio determina que las carnes ecológicas contienen mayores concentraciones de ácidos grasos poliinsaturados que las convencionales, es preciso aclarar que las carnes, sean del animal que sean, no son una fuente relevante de esos ácidos grasos a diferencia de los alimentos vegetales y animales, tales como el salmón, los aceites vegetales y algunas nueces y semillas. Por lo tanto NO son más nutritivas las carnes ecológicas debido a esto ya que para que pudiésemos beneficiarnos del aporte de estos ácidos grasos a partir de las carnes, deberíamos consumir tal cantidad, que pondríamos en riesgo nuestra salud.

En tercer lugar y citando textualmente fragmentos del estudio, «para muchos compuestos nutricionalmente relevantes, la base de pruebas era demasiado débil para obtener meta-análisis significativos», además advierte que «se requieren estudios adicionales para permitir un meta-análisis para una gama más amplia de parámetros (por ejemplo, concentraciones de antioxidantes, vitaminas y minerales) y para mejorar la precisión y consistencia de los resultados».

Para escribir dicho artículo me basé en varios de los siguientes meta-análisis:

Un estudio publicado en la revista “Journal of the Science of Food and Agriculture” estimó que no existen razones científicas como para sostener que la comida orgánica es mejor (nutricionalmente...) que la que crece con pesticidas y productos químicos.

Otra revisión sistemática de la literatura científica se publicó en 2012 en la revista “Annals of Internal Medicine” y tampoco se observaron diferencias en cuanto a nutrientes. En los ecológicos parece haber más fósforo, pero ello no es relevante ya que la deficiencia de fósforo es muy poco frecuente en Europa. Sí se detectaron, menos pesticidas en los ecológicos, aunque los niveles en ambos estaban dentro de los límites de seguridad.

Por último, respecto a las claves apuntadas sobre el consumo responsable y alimentación sostenible, en el artículo se recomienda consumir menos carne haciendo referencia en primer lugar a las últimas recomendaciones de salud emitidas por la OMS respecto al consumo de carne y proteína de origen animal.

En referencia a la sostenibilidad, se calcula que entre un 25 y un 40% del CO2 que afecta al cambio climático y la contaminación procede de esa producción y ese consumo alimentario. Tanto es así que en 2015 la prestigiosa revista científica “Nature” publicaba un informe bajo el título “Food choices for health and planet” donde concluye que los patrones dietéticos occidentales caracterizados por una alta proporción de productos de origen animal, implica una emisión altísima de gases de efecto invernadero. Es más, la cría de ganado es a día de hoy la principal causa del aumento de este tipo de gases.

De modo que con los datos actuales, recalco que un cambio dietético basado en la dieta mediterránea, especialmente rica en productos vegetales frescos y frutas, implicaría probablemente unos mejores indicadores de salud en la población y además una gestión de los recursos planetarios más eficiente y sostenible.

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