Endika Zapirain
Analista

Elecciones y derecho a decidir

En las próximas elecciones al Parlamento Vasco se plantean dos cuestiones fundamentales. Por un lado, las cuestiones clásicas y básicas a toda elección a un parlamento: empleo, jubilaciones, sanidad, educación, igualdad, cultura, seguridad, economía, infraestructuras, relaciones internacionales…

Sobre estas cuestiones todos los partidos hablarán e incluso algunos pontificarán. La experiencia nos indica que solo algunos cumplen lo que dicen. Lo han estudiado suficientemente, plantean lo que va a ser posible y, además, se emplean a fondo para ello. Otros nada más lejos de la realidad. Así ha sido en los últimos 37 años y seguirá siendo.
 
Por otro lado, el derecho a decidir. Esta constituye una variante importante en estas elecciones. Los partidos vascos cuya raíz y centros decisorios están aquí defienden inequívocamente este derecho. Los partidos españoles, salvo Podemos, se oponen frontal y vehementemente a reconocer este derecho democrático, siguen anclados en el pasado, inamovibles, coincidiendo, en este aspecto, con la dictadura franquista.

En el caso de Podemos, no han dejado claro, hasta ahora, qué entienden por derecho a decidir. Efectivamente, mezclan este derecho democrático nítido en sí mismo, con otros derechos como los sociales. Son cuestiones diferentes. Los derechos sociales, importantísimos y básicos, deben aplicarse por los parlamentos y gobiernos que surjan, en cada momento, de las urnas con los votos emitidos por la ciudadanía, sea en el estatus actual, o en otro diferente surgido de la aplicación del derecho a decidir.

Con independencia de los partidos anclados en el pasado e incluso con la aspiración de reducir o eliminar la autonomía amparada en el Estatuto de Gernika, existen dos alternativas para superar el marco actual y pasar a otro estatus más acorde con los momentos y aspiraciones sentidas hoy en día. Las dos opciones cuentan con respaldos importantes de partidos, organizaciones sociales, analistas y de la ciudadanía.

Alternativa 1: bilateralidad con el Estado; soberanía compartida; presencia directa en Europa; no interferencia del Estado en las funciones y responsabilidades de las instituciones vascas; sistema de garantías. Todo ello, por consenso mayoritario del Parlamento Vasco, sometido a referéndum a la sociedad de la CAV y si es respaldado por la ciudadanía, traslado al congreso de los Diputados para su aprobación.

Alternativa 2: independizarse de España, creando un estado libre y democrático dentro de Europa. Cuestión que se plantearía en el Parlamento Vasco y si es aprobada por mayoría, someter a referéndum. Requeriría el respaldo mayoritario de la ciudadanía para seguir adelante.

Ambas alternativas tienen muchos matices, aquí están señaladas de forma esquemática. En base a la experiencia acumulada, propia y ajena, se considera mucho más complicada la aplicación de la primera alternativa que la segunda. Aparentemente parece contradictorio, pero si se tiene en cuenta la historia de 37 años del Estatuto de Gernika, se constata la gran dificultad de llegar a acuerdos con los partidos e instituciones españolas sobre esta materia. Ahora con la presencia de un partido emergente (Ciudadanos) ultra conservador.

A este respecto recordamos algunos hechos: todavía no se ha cumplido, transcurridos 37 años, el Estatuto de Gernika con los gobiernos de PP y PSOE. Muchas de las transferencias competenciales han sido realizadas a cambio del apoyo del PNV en el Congreso de los diputados a lo largo de los años. El rechazo de la propuesta del Gobierno del lehendakari Ibarretxe para realizar una consulta a la ciudadanía, no vinculante, fue lamentable, no se admitió ni a debate en comisión.

El ninguneo al Gobierno Vasco y personalmente al lehendakari en los últimos cuatro años, ha sido evidente. Las interferencias a la gestión del Gobierno Vasco en el ejercicio de las competencias emanadas del Estatuto de Gernika por parte del Gobierno de España han sido una constante…

Esta realidad constatada a lo largo de los años, hace pensar que ante un estatus más avanzado que el Estatuto de Gernika, será mucho más complicado, casi imposible, llegar a acuerdos y aplicarlos debidamente en tiempo y forma. Además, paralelamente, los agravios comparativos de las otras autonomías del Estado con intervenciones de la judicatura y eventualmente del Tribunal Constitucional, sería una constante. Todavía hoy no han entendido/asimilado el Concierto Económico y el Cupo correspondiente.

Desgraciadamente se constatará que este sistema no es viable en España. No existen mimbres democráticos suficientes ni visión espacial ni de futuro para abordar de una forma razonable un sistema de bilateralidad diferente a los demás. Terminaremos como los catalanes, más o menos, hartos de intentarlo, pasando directamente a plantear la independencia.

¿Puede un referéndum no ser democrático? Aquí tenemos buena experiencia: el general Franco y su régimen dictatorial convocó varios, dos de ámbito estatal, el más próximo y significativo el año 1960 en pleno apogeo del régimen. No fue en modo alguno democrático, no había concurrencia política ni de ideas ni de nada. Y para rematar el despropósito, se divulgó ampliamente la especie de que la no participación podría acarrear problemas con el cobro de las pensiones. El resultado fue que muchas personas mayores, antifranquistas e incluso militantes republicanos, votaron en el referéndum.

Para que un referéndum sea democrático tiene que reunir mínimamente dos condiciones: que la ciudadanía tenga acceso a una información veraz y suficiente sobre las opciones que se plantean en dicho referéndum, y que todos los votos tengan el mismo valor a favor o en contra de cualquiera de las opciones planteadas.

A este respecto recordamos los dos referendos celebrados en Reino Unido. Primero fue el de Escocia. La ciudadanía votó, como es conocido, entre dos opciones: quedarse o salir del Reino Unido. Ganaron los que optaron por quedarse. Los unionistas con un esfuerzo extraordinario sin precedentes, lograron que ganase esta opción. Pero nótese que los votos valían lo mismo tanto para marcharse como para quedarse en Reino Unido.

El segundo referéndum fue para salir o quedarse en Europa. A pesar del esfuerzo de los partidarios de quedarse en Europa, ganó el Brexit: salir de Europa. Una vez más, el voto de los ciudadanos y ciudadanas valía lo mismo para quedarse o irse de Europa.

Hay quien cuestiona este sistema, es decir, que irse de Europa o quedarse, valga lo mismo. Pues sí, debe valer exactamente lo mismo. Las dos opciones son igualmente importantes y son los ciudadanos y ciudadanas los que deciden. Lo importante es que la ciudadanía esté suficientemente informada y que asuma conscientemente su responsabilidad.

Aquí en Euskal Herria se presenta otra variante. Algunos defienden que cualquier consenso para un nuevo estatus para este país, tiene que contar con un consenso o respaldo igual o superior al que se alcanzó con el Estatuto de Gernika.

Nada más lejos del sentido democrático y funcional.

¿Qué tiene que ver el Estatuto de Gernika (1979) de hace 37 años con un planteamiento actual? Cada votación, cada decisión en orden a un nuevo estatus, sea el que sea, responde a circunstancias concretas de cada momento. Todos los que hoy son menores de 55 años no pudieron votar en 1979.

Para orientar y/o plantear cualquier alternativa válida, será indispensable el acuerdo entre las fuerzas abertzales.

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