Ramón Doria Bajo
Notario jubilado

«Errare humanum est»

Errar es propio de los humanos, decían los antiguos Romanos, porque efectivamente la vida: consiste en aprender de los errores cometidos e ir rectificando la conducta al respecto. Y al «errare humanum est» le añadían «sed perseverare diabolicum». Es decir, «Errar es propio de humanos, pero perseverar en el error es diabólico». Aprender consiste en ensayar y si lo ensayado se demuestra erróneo, rectificar.

Un individuo inteligente tarda menos en reconocer la comisión de un error que el conjunto de individuos componentes de una sociedad. Porque lamentablemente la mayor parte de los individuos se limitan a seguir las indicaciones del líder o líderes que los dirigen. De ahí que las sociedades tarden más en darse cuenta de los errores cometidos. Y no siempre los dirigentes de una sociedad aciertan en sus dictámenes porque también son humanos y yerran. Los sabios de toda la Historia humana, se han dedicado más a aconsejar que a dirigir. Y han escrito acerca de los errores de cada cultura o cada pueblo. Así se fue erradicando el incesto porque la consanguinidad provocaba deformaciones en los vástagos; así se condenó la violencia como perjudicial para ambos contendientes, y así, etc.

Nietzsche, en 1886, en «Más allá del bien y del mal» en su octava parte titulada «Pueblos y patrias» se refiere ¡cómo no! al pueblo cuyo idioma e idiosincrasia cree conocer a fondo, diciendo: «Los alemanes escapan a toda definición» «Lo que les caracteriza es el reducido número de veces en que han estado completamente equivocados», «El alemán digiere mal lo que ha vivido, no acaba nunca de digerirlo» (Aforismo 244).

Si aplicamos esas premonitorias definiciones al contexto de la 2ª Guerra Mundial y a la actualidad, vemos que los alemanes «estuvieron completamente equivocados» cuando apoyaron al líder nazi, Adolf Hitler y se percataron de su error. Pero han vuelto a equivocarse completamente ahora, en 2025, al defender al Estado Israelí en su genocida venganza contra Palestina, porque «digieren mal lo que han vivido». Tan execrable fue el nazismo que ellos practicaron y del que están profundamente arrepentidos, como execrable es el exterminio que Israel ha cometido sobre el pueblo palestino, aplicando no solo bombas indiscriminadas sobre la población civil sino también procurando que mueran de la forma más ignominiosa: por hambre, evitando que otros aporten ayuda a ese pueblo secuestrando a las flotillas pacíficas en aguas internacionales.

¿Error mayúsculo también el de la cúpula israelí al no consultar a los millones de la diáspora judía? Respuesta: no, porque esos déspotas israelíes demuestran conocer que la diáspora no les hubiera autorizado a cometer semejante barbaridad. Israel no es una Democracia sino una Dictadura fundamentalista. Ocho millones de israelíes son muy pocos para el poder que demuestran. Yerra también el pueblo judío en su conjunto permitiendo que sus dirigentes continúen con su histórica razzia, callan por interés, cual soldados bien pagados. No se atreven a discutir a sus históricos generales. Luce Boulnois en "La ruta de la seda" nos cuenta que el Imperio Romano permitía que los habitantes judíos «enviasen anualmente, su diezmo ritual de dos dracmas en oro a Jerusalén en caravanas custodiadas por miles de hombres armados y trataba directamente las cuestiones respecto al pueblo judío directamente con sus jefes allí». Sin embargo algunos pocos judíos pensantes y valientes, sí se han dado cuenta que la desproporcionada venganza israelí sobre Gaza constituye un error capital, un genocidio tal como el cometido por los nazis contra el pueblo judío, por ello manifiestan su oposición al Gobierno Israelí incluso atreviéndose a embarcarse en las secuestradas flotillas pacíficas de ayuda a Gaza.

Vemos como el hijito de papá, llamado D. Trump, que dilapidó el dinero heredado en francachelas y que su gestión ha quebrado sus empresas, intenta, cual ave de rapiña, resarcirse ahora, lucrándose con la reconstrucción de la destruida Gaza. Yerra el pueblo estadounidense al no parar los pies a su ególatra y nefasto presidente.

Yerra la comunidad internacional, con Europa a la cabeza por su tibieza en la repulsa al genocidio. Pocos son los gobiernos valientes que como Sudáfrica denuncian ante la Corte Penal Internacional las atrocidades cometidas o retiran embajadores. No basta con que Estados que representan casi el 90% de la población mundial reconozcan el Estado palestino, es preciso ir más allá. Es preciso aislar a semejantes enloquecidos dirigentes, pues el prepotente y ambicioso Trump y el genocida Netanyahu pasan de las normas internacionales, eso no va con ellos, someten a su voluntad, a sangre y fuego todo lo que está a su alcance, incluso aparentan bondad imponiendo desequilibrados y difusos Planes de Paz a los que ellos mismos han masacrado. Gaza está en su lecho de muerte y acepta cualquier paliativo con tal de sobrevivir, pero La Humanidad ha de aprender de este nuevo gigantesco error, perseverar en él sería diabólico. Tanto los palestinos sobrevivientes como el resto de humanos pensantes hemos de luchar pacíficamente, tal y como Gandhi nos enseñó, para que la ONU −que constituye el foro de debate de La Humanidad− arrumbe el sistema de vetos heredados de la 2ª GM y se transforme en el nuevo Gobierno Mundial que esta Sociedad Global necesita. Los europeos sabemos que nuestros políticos hablan pero no hacen.

¡Hemos de ser los pueblos que formamos la humanidad, los que hagamos que triufe la razón frente a los errores de la barbarie!


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