¿Es posible la electrificación?
En la actualidad, alrededor del 20% de nuestro sistema energético es eléctrico y el 80% restante corresponde a otras formas de energía, principalmente hidrocarburos. La hoja de ruta para dejar los combustibles fósiles bajo el suelo es bastante clara: consumir menos, sustituir los combustibles fósiles por energías renovables y electrificar el sistema, es decir, aumentar ese 20% hasta al menos el 70%, y cubriendo el resto con otras energías renovables no-eléctricas.
Sin embargo, en el contexto del debate sobre la transición se está repitiendo que nuestro sistema energético no puede electrificarse, incluso se ha dicho que es imposible elevar la tasa de electrificación por encima del 30%. Compartimos la preocupación por la dificultad, ya que transformar el sistema energético es un desafío enorme, pero negar que sea posible electrificar, en nuestra opinión, no es ni adecuado ni cierto.
En primer lugar, porque según datos del centro de análisis Enerdata (2024), ya hay al menos cuatro países que han superado el 30% de electrificación: Noruega (47%), Suecia (33%), Taiwán (32, 5%) y Japón (31%). Y hay que tener en cuenta que solo estamos en los inicios de la electrificación.
Cómo lo ha conseguido Noruega? Hace un par de décadas apostó claramente por las tecnologías eléctricas tanto para la climatización como para el transporte. Hoy en día, el 60% de los hogares se climatizan mediante energía aerotérmica. En la Comunidad Autónoma Vasca, por el contrario, más del 90% de las calderas sigue siendo de gas. Además de facilitar la electrificación, las bombas de calor requieren un 75% menos de energía gracias a su alta eficiencia. En cuanto al transporte, Noruega lleva tres décadas desarrollando políticas públicas a favor del transporte eléctrico. Hoy en día, el 98% de los coches vendidos en el mercado son eléctricos puros −en febrero se vendieron doce coches de gasolina en todo el país. En la Comunidad Autónoma Vasca, los coches eléctricos no llegan al 10%, y la curva de crecimiento no está resultando muy pronunciada –en Nafarroa va mejor, llegando ya al 30%.
En segundo lugar, más del 75% de nuestro sistema puede electrificarse con las tecnologías disponibles ahora −en el año 2000, el potencial era solo del 25%. Un buen ejemplo es la evolución del transporte pesado: lo que antes parecía un reto insuperable ahora se está electrificando, ya que uno de cada cuatro camiones vendidos en China ya es eléctrico, con más de 20.000 unidades vendidas cada mes. Los últimos retos residen en los denominados sectores difíciles de descarbonizar o hard to abate: la industria pesada y el transporte de larga distancia. Y también están surgiendo soluciones en estos sectores, a un ritmo considerablemente más rápido de lo que se pensaba hace un par de décadas.
En realidad, existe todo un campo científico dedicado a investigar la viabilidad de los sistemas 100% renovables. En 2022 se publicó el metaanálisis más importante sobre el tema: “On the History and Future of 100% Renewable Energy Systems Research”. En él se abordan muchos conceptos erróneos −como la supuesta necesidad de utilizar cantidades inmensas de fósiles para desarrollar las renovables−, pero lo verdaderamente notable es la conclusión a la que llegan tras analizar 50 años de investigación: la principal conclusión de la mayoría de los estudios sobre los sistemas de energía 100% renovable es que estos sistemas pueden suministrar toda la energía necesaria para cualquier región del mundo a un bajo coste. Por lo tanto, en el futuro no tendremos que depender de los combustibles fósiles.
Existe otro mito: que cada vez se consume menos electricidad. Por el contrario, tanto el consumo de electricidad como la tasa de electrificación a nivel mundial han ido en aumento en los últimos años, también en Europa. Una vez más, China avanza a la velocidad de la luz: mientras que su tasa de electrificación rondaba el 12% en el 2000, en 2026 es del 27%, y podría alcanzar el 34% dentro de 4 años. India, Vietnam, Nepal, Uruguay, Sudáfrica y muchos otros países son también ejemplos de la apuesta por la electricidad. El mundo está empezando a dejar atrás el pasado fósil.
Superar este sistema de consumismo irracional y reducir el consumo energético es fundamental, especialmente en el transporte privado. En otras palabras: la bicicleta es también una tecnología del futuro. Pero la electrificación es también una buena estrategia para reducir el consumo: si todo el sistema actual fuera eléctrico, necesitaríamos un 40% menos de energía primaria.
Aunque el 100% aún no es técnicamente viable, al menos el 75% ya es electrificable. ¿Por qué, entonces, quedarnos en el 20% actual? Los autobuses ya pueden electrificarse, y para ello necesitamos comunidades energéticas, parques eólicos y solares, sistemas de almacenamiento y mejoras en la red eléctrica. Eso, o autobuses que expulsan humo. ¿Qué vamos a elegir?
Decir que la electrificación tiene un límite del 30% no solo es falso, sino que es un mensaje perjudicial, ya que nos bloquea, dando a entender que la transición es imposible o incluso una estafa. Y si el mensaje es «no vale la pena cruzar ese puente», la consecuencia real es «pues me quedo aquí mismo». Y eso es lo peor que podemos hacer, quedarnos quietos donde estamos.