Estratégicamente cohesionados
Es preceptivo poner en su sitio a los que obstruyen voluntariamente una puesta en marcha de una estrategia de liberación estatal digna de ese nombre.
Es del todo estéril buscar la unidad si esta no está basada en una estrategia que cohesione políticamente al grupo humano que pretenda elevarse a sujeto político.
La estrategia política pasa por diversas fases y conlleva sus tempos, condicionados por los obstáculos con los que se va a encontrar un pueblo, por un lado, y los activos que atesora para poder contornarlos y enfilar hacia el objetivo, por otro.
Un pueblo se moviliza en todos los órdenes solo por objetivos que merecen realmente la pena. La libertad es un pilar estratégico por el cual un pueblo percibe que la falta de esta hipotecará y arruinará tanto su presente como el futuro de las siguientes generaciones. Es por ello que cuando cobra consciencia de que no es libre, de que le impiden disponer de las más mínimas herramientas para poder desarrollarse tal como es, es cuando empieza a valorar de que hay que encontrar una vía mancomunada que resulte eficiente para revertir ese estado de cosas.
Se trata de una primera fase, de las antes mencionadas, que requiere su tiempo debido a varios factores de toda índole que se producen en una situación de sometimiento y que hasta entonces no era interiorizada con tanta nitidez mientras existiese una resistencia espontánea, des conexa y desorganizada que «paliase» esa falta de razonamiento estratégico, como ha sucedido en este país durante los últimos cuatro siglos.
Cuando el pueblo agredido traspasa ese umbral, es cuando empieza a reflexionar sobre lo que no le conviene seguir haciendo y por ende, irá recapacitando y a la vez desbrozando el camino de todos los aspectos contraproducentes que hasta entonces no tenía la certeza de que fuesen elementos que obturasen una correcta visión estratégica.
Se inicia, a partir de ese momento, una etapa en la cual se pasa de lo que hay que dejar de hacer a lo que hay que emprender.
Es en ese estadio donde los acontecimientos políticos empiezan a revolucionar, puesto que, emprender esa vía significa evolucionar hacia una práctica política. Es pasar de la teorización de la estrategia al desarrollo estratégico, lo cual no significa de ninguna manera que desaparezca el trabajo teórico e ideológico; necesario, vital y parte intrínseca del desarrollo estratégico en todo momento y circunstancia.
Al adentrarnos en ese ciclo de acción política, de desarrollo estratégico, existen unas mínimas reglas que son de obligada aplicación y que se resumen en saber medir y discernir en cada momento los objetivos alcanzables en relación a las fuerzas disponibles. Romper este axioma es sinónimo de abandono del ámbito político y arruinar toda posibilidad de elevarse a sujeto político por parte del grupo humano que comete el error.
Por todo ello es preceptivo, de entrada, poner en su sitio a los que obstruyen voluntariamente una puesta en marcha de una estrategia de liberación estatal digna de ese nombre. A los que en su día a día se dedican, a cambio de prebendas de todo tipo, a debilitar a este pueblo, haciéndole creer que fuera del institucionalismo impuesto y regulado por las fuerzas de ocupación, no existiese otro camino. Es eso o lanzarse al monte. De ese modo, dan por descontado de que no existe alternativa alguna diferente que no sea ser partícipes y actores del desarrollo institucional extranjero, imperialista y delictivo, dando por asentada la perpetuación de una situación de falta de soberanía y libertad, que, como pueblo, nos tuviésemos que resignar irremediablemente a ello, mientras ellos viven de ese negocio, haciéndose pasar por los adalides de lo correctamente político y vanguardia donde las haya, en cuanto a llevar a este pueblo a su meta más añorada y por la que generaciones han entregado lo mejor de sus vidas.
Es, ni más ni menos, un fraude, una impostura y una traición que debe ser denunciada y ser sus autores apartados de cualquier actividad que se precie de política. El mismo pueblo tiene la suficiente capacidad y máxima responsabilidad, para mandarlos a todos ellos al estercolero de la historia.
De sus bocas y por sus hechos, no saldrá ningún posicionamiento que se convierta en el embrión ideológico que nos permitiese salirnos de la colonización mental en la cual nos han enjaulado.
Allá ellos, nosotros sí nos posicionamos; y nos posicionamos con las voces que expresan claramente que somos un Estado ocupado, que ese es nuestro primer problema social, con los que no dudan en discernir entre quienes conformamos el sujeto político de nuestra estatalidad y quienes pertenecen al otro, con los que no vacilan en cuanto a indicar cuál es nuestro marco territorial, con los que se muestran firmes en el llamamiento a reactivar la resistencia estatal frente a la ocupación, con los que tienen interiorizado que ninguna forma de estructuración política a la sombra de un Estado que no sea el nuestro debe aceptarse ni siquiera como paso intermedio, con los que alientan la puesta en marcha de un gobierno provisional que vehicule la resistencia hasta expulsar a los imperialistas de nuestras tierras, con los que expresan con nitidez que el imperialismo es delito y que al delito solo cabe combatirlo hasta erradicarlo.
La libertad es fuerza motriz de desarrollo y progreso y es nuestro objetivo estratégico, y esta, se la tendremos que arrancar a los que la tienen secuestrada.