Alfredo Ozaeta

Guerra y crisis

De nuevo las prioridades y necesidades de la población mundial quedan relegadas a un segundo plano en favor de estrategias hegemónicas de imposición y control de los que se otorgan el papel de jueces en el reparto de los recursos y orden mundial.

Parece ser que la diplomacia, mediadores, así como los organismos internacionales no están consiguiendo el objetivo de frenar y parar la escalada de la contienda bélica entre Rusia y Ucrania provocada por la invasión rusa. Uno sigue teniendo dudas de si realmente los esfuerzos para conseguirlo un alto el fuego es real y sincero o siguen prevaleciendo los intereses de los arsenales y fabricantes armamentísticos al objeto de modificar y resituar las posiciones en el tablero económico y geopolítico mundial a través del sometimiento o debilitamiento del adversario.

Un paso más en el cambio de nuestras vidas, modelo de sociedad y perdida de derechos que tantos años esfuerzos y sacrificios ha costado conseguir.

A su vez también en este conflicto se están generando otro tipo de víctimas indirectas entre la población y países ajenos al conflicto, a los cuales se les está empobreciendo a un ritmo galopante alcanzando en muchos casos los límites de pobreza absoluta, entendida como tal cuando muchas familias ya no tienen para comer y calentar sus hogares, y muchos países se ven privados de los recursos necesarios para desarrollarse y atender las necesidades básicas de sus ciudadanos.

Guerra que, sin perder las características convencionales inherentes a todas ellas; enfrentamiento, brutalidad y violencia extrema, tiene ciertos elementos novedosos dentro de lo común en todos los conflictos: desinformación o información parcial e interesada y tendenciosa de los acontecimientos y su transcurso. Donde no solo están tratando de direccionar la opinión de los ciudadanos en un sentido concreto, sino, y aquí esta lo novedoso, que tratan de exigirnos tomar partido en favor de uno de los contendientes so pena de vernos estigmatizados y vilipendiados por contrariar la opinión oficial y no participar del pensamiento único pretendido.

Sin haber sido consultados nos quieren hacer partícipes de una guerra con mayúsculas, de dramáticas consecuencias para los ciudadanos de los países intervinientes, sobre todo del invadido, destrucción, sufrimiento, desplazados y miles de víctimas inocentes. Y que en todos los casos y lejos de las hipócritas llamadas de gobiernos, televisiones y asociaciones varias en solicitud de ayudas estamos obligados a prestar nuestra solidaridad y socorro humanitario a los miles de inocentes afectados por este conflicto.

Contienda y disputa que por otra ya nos habían anunciado, entre otras, que podía darse. Autoridades mundiales de la talla, que creo no necesitan presentación alguna dentro del pensamiento y economía, como Noam Chomsky y Robert Pallin, en su más que interesante libro editado en el 2020 –"Cambiar o morir"–. En este recomendable escrito, entre otras muchas más cosas sobre: capitalismo, crisis climática y Green New Deal, o la necesidad de alcanzar un nuevo acuerdo ecológico que minimice los actuales riesgos de la sociedad, citan textualmente: «Ante el presagio de conflictos mayores –el mar de China, Ucrania y Oriente Medio se están alzando–, ¿quién defenderá la tierra?». Recordándonos también que el mundo se estaba gastando, ahora serán más, cerca de 1,8 billones (millones de millones) de dólares cada año en fuerzas militares en vez de dedicar esos recursos a la protección de la vida terrestre.

Pues bien, esto que nos habían presagiado ha generado una crisis sin precedentes y que sin ninguna duda va a marcar el devenir de los próximos años y el futuro de millones de personas. Para esta crisis política, social y económica tratan de poner el foco en un conflicto y en un contendiente, que sin eximir ni justificar un ápice su gran responsabilidad en este desastre humanitario no es el único de un desastre ya vaticinado y de riesgos hasta ahora desconocidos.

El miedo, inseguridad y el encarecimiento de los servicios esenciales y productos básicos hace que pongamos el foco en responsables concretos cuando ello no es la única, ni la razón más determinante, obedeciendo a una estrategia de intereses de los que mueven las fichas en la partida mundial que se están disputando los distintos bloques. Y por otra parte a que olvidemos o consideremos secundarios problemas de primer orden que amenazan a la tierra como son la extrema pobreza de los países del sur y sus consiguientes flujos migratorios para huir de ella en la búsqueda de la protección a sus familias y la necesidad de la implementación de políticas medioambientales que protejan a la humanidad.

De nuevo las prioridades y necesidades de la población mundial quedan relegadas a un segundo plano en favor de estrategias hegemónicas de imposición y control de los que se otorgan el papel de jueces en el reparto de los recursos y orden mundial.

Así nos encontramos con discursos como el que protagonizo el Sr. Zelensky ante el congreso español haciendo analogías y comparando los condenables y crueles bombardeos que están sufriendo ciudades y  población de su país por parte de la aviación rusa, con el sufrido por Gernika en 1937, en este punto habría que recordar que fueron múltiples las ciudades del País Vasco bombardeadas, Durango, Bilbao, etc., por parte de la aviación nazi alemana e italiana, pero urdido y ordenado por los fascistas españoles para doblegar las ansias de libertad de los vascos y otros para volver a someterlos a su imperio. Y hasta la fecha y que yo sepa nadie, exceptuando recientemente políticos y civiles de Alemania nadie ha pedido disculpas o reparado y compensado los daños y bajas sufridas entre los civiles de las poblaciones afectadas.

La ironía de este loable, por supuesto nada reprochable en su condición de presidente electo de un país agredido, en la búsqueda de apoyos y adhesiones, radica que entre los palmeros más efusivos de las bancadas de congresistas y senadores se encontraban los herederos ideológicos de los responsables de la invasión de nuestro país y del bombardeo aludido, contrarios a la democracia y libertad de los pueblos, que como una gran mayoría conocemos suele ser la fuente originaria de conflictos.

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