Historiador
Himnos

No son, sin embargo, fáciles las elecciones de un himno que pueda contentar a todas y a todos. La diversidad y la tendencia a convertir cada unidad, hombre o mujer, en una comunidad, en un universo, provoca paradojas

12/10/2019

Los restos del PP «en» el País Vasco, que no «del» País Vasco como negó Casado en una alocución que parecía preparada por un matemático, dado su grado de concreción, se reunieron hace unas semanas para hablar de su futuro. Están de capa caída, con un discurso victimista, después de que hace ya casi un par de décadas acariciaran la lehendakaritza de Gasteiz, con el prusiano y vaticanista Mayor Oreja. Superaron la depresión apoyando, legislaturas más tarde, al jatorra Patxi López, pero ahora parecen definitivamente abatidos. Desde Génova les afean su discurso complaciente y desde Sabin Etxea les desvalijan los votos.

El acto tuvo un acontecimiento sorprendente. Como era de esperar tratándose de una comunidad que realza lo español como si se tratara de un conjunto de moda barbi, la convención concluyó con la marcha musical de los que lanzaban granadas al enemigo, granaderos, una vieja tonada por cierto escrita por un miembro de familia abolenga, Espinosa de los Monteros.

Prim, un general cuyo nombre se usaba para asustar a los niños antes de que se conociera a Sacamantecas, convocó un concurso para elegir un himno para esa España cañí que aún lloraba la «pérdida» de América. Quedó desierto. Así que para no pasar el mal trago de un país grandioso con un territorio antaño enorme, pero sin himno, los asesores del general comeniños le aconsejaron que diera pábulo a la de los granaderos que se convirtió en marcha real y por extensión, himno español. Con la excepción de los dos periodos republicanos.

Pues bien, el txun-da txun-da ta txun-da tuvo una previa, y ahí va el acontecimiento que citaba, con la interpretación del “Gernikako arbola”, una bonita versión al piano, cantada por una solista y con el público puesto en pie. Como suponían desde Génova, los peperos vascos se habían echado al monte. Pero creo que el tema es más sencillo. Alguien en algún despacho sugirió que entre los himnos vascos, el Gernikako arbola era el más light. Por eso de la referencia religiosa de una de sus estrofas. Pero estaba equivocado. El desconocimiento sobre esta letra y canción de Iparragirre es total. Casado tenía razón. Se trata del PP en el País Vasco aunque sus militantes hayan nacido en Getxo o en Zumarraga.

El Gernikako arbola elegido por el PP como tema para su encuentro ha tenido el rango de himno nacional vasco, incluida Nafarroa, donde los espectadores de la plaza de toros de Iruñea lo cantaban antaño durante sanfermines, a impulsos de las peñas. El Gernikako arbola fue el símbolo de la soberanía vasca, incluso social, hasta el punto de que un batallón comunista, de esos de cuernos y rabo para los Casado and company, lo tomó como referencia para agrupar a sus militantes. El número 44 del Ejército republicano vasco.

El Gernikako arbola fue considerado también de rango similar a La Marsellesa o a la Internacional. En algunas épocas como himno más allá de lo subversivo, que es como decir levantisco. La Guardia Civil apaleó numerosas manifestaciones, algunas con muertos por medio. Recuerdo los muertos en 1893 en Donostia por si, en la próxima convención, el PP quiere unir sus retratos al canto coral: Vicente Urcelai, Rufino Azpiazu y Justo Pérez. No consiguieron concluir todos sus versos porque cayeron ante las balas asesinas.

En la Comunidad Autónoma vasca tenemos un himno que da vergüenza citarlo. Porque es, simultáneamente, el himno del PNV (Gora ta Gora) y no parece muy de recibo convertir a tres territorios en un batzoki. Su raíz es la misma, salvando las distancias, que el himno español. Los borbones se adjudicaron un himno militar que lo convirtieron en su marcha particular y luego la imputaron a todos sus dominios, incluidos los súbitos republicanos. El PNV hizo lo mismo. Cuando la selección vasca jugaba en San Mames y sonaban los sones del Gora ta Gora (Eusko Abendaren Ereserkia) el desconcierto era general. ¿Estábamos en la capilla de Sabin Etxea o en el batzoki de Berango?

No son, sin embargo, fáciles las elecciones de un himno que pueda contentar a todas y a todos. La diversidad, el respeto a todas las sensibilidades y la tendencia a convertir cada unidad, hombre o mujer, en una comunidad, en un universo, provoca paradojas. Hace ahora unos meses asistí a un acto relacionado con la memoria histórica, eludo el lugar para evitar más enfados de los necesarios, que concluyó con el canto del clásico Eusko Gudariak. Desde una esquina del público, un grupo comenzó a entonar La Internacional, en castellano. Otros, desde la otra, en euskara. Concluida la canción, unos anarquistas presentes, se sintieron ofendidos. La Internacional, dijeron, no les representaba. Así que en una afortunada improvisación, los convocantes cantaron, junto al resto del público que la conocía, “A las barricadas”.

No acabó ahí la cuestión. A raíz del éxito televisivo de una serie de Netflix, un colectivo de jóvenes entonó “O bella Ciao”. Pero no concluyeron la canción partisana. La mayoría la desconocía. Y rota su vergüenza inicial y envalentonadas por la difusión de otros himnos, un grupo feminista cantó aquella de “Zutik emakumeak, hautsi zure kateak”. El gesto feminista se cruzó con los puños comunistas y el saludo de los ekintzales, puño junto a la sien.

La letra del Eusko Gudariak fue compuesta por José Mari Garate en 1932. Garate era, en aquella época, presidente del Bizkai Buru Batzar del PNV. Su hijo, Jokin, fue el primer liberado de ETA herido de gravedad en una emboscada con la policía en enero de 1965. La música pertenecía a la melodía de la canción alavesa “Atzo Bilbon nen­goen”. El Eusko Gudariak fue utilizado por vez primera en agosto de 1936 por la compañía Kortabarria de Bilbo que, junto a otras, formó el batallón Arana Goiri del Ejército vasco. Después de la contienda de 1936, serían los procesados de ETA en el Proceso de Burgos en 1970 quienes recuperarían con toda su intensidad la canción. Uno de ellos, Teo Uriarte, ha resurgido en Ciudadanos. Así que al loro con los próximos himnos.

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