Enric Vivanco Fontquerni

Imposibilidad de objetividad

Es una evidencia que las estadísticas desagregadas bien elaboradas a la ciudadanía se nos escamotean de forma indigna. Leo el editorial de "Libération", del 4-01-24, que según la OCDE: Los migrantes según en qué países aportan entre un −0. 5% a un +0. 5%, del PNB, sin saber cuáles son. La editorial señala que en el peor de los casos es de lo más soportable. Así que escojo la ciudad en donde he nacido y vivo. Los amantes de la globalización, los cosmopolitas sin freno que les encanta comer platos exóticos, Barcelona, es su capital. En los últimos 25 años, los indígenas nacidos en la ciudad han disminuido en 100, 000 habitantes, que han sido expulsados por no poder hacer frente al incremento del costo de la vivienda. En cambio, más del 50% de la población del municipio no ha nacido en ella. El 85% de nuevos residentes son extranjeros. Negar que todos estos hechos son neutrales, y que no inciden en la convivencia, es de un cinismo sin parangón. En Poblenou, un barrio que cambió toda su estructura convivencial, por el marco del capitalismo salvaje, para que lo ocupasen los extranjeros de multinacionales, y de empresas parasitarias de esta calaña. Han conseguido que un piso de 80 metros cuadrados, no se pueda encontrar por menos de 800, 000 euros, cuando era un barrio obrero y de clases populares. Ha sido una expulsión a través de la sustitución con la billetera liberal globalizada. También la ciudad tiene el récord del ático más caro del Estado, 40 millones de euros, vendido por un fondo buitre a un asiático la mar de simpático que esconde su identidad. Naturalmente, no todos los que han llegado son de este perfil, también están los del ejército industrial de reserva, con una mentalidad abierta a todo tipo de tropelías empresariales, para poder enviar dinero a sus familias a miles de kilómetros. Negar que esto no tiene una incidencia en el tejido salarial, es también de una falsedad sin límites. No conozco a ningún Estado del mundo, que no regule los flujos migratorios, incluida Arabia Saudí, un lugar ideal para celebrar un campeonato de fútbol, de otro Estado, mientras está consintiendo la masacre en Gaza, con su seguidismo de la política liberal cosmopolita, con el añadido de los bombardeos democráticos, y de liderazgo, al martirizado Yemen, con el adjetivo: «Guardián de la prosperidad». Es maravilloso. Hay que ser muy lerdo, o mala persona, negar que la inmigración liberal dejada a la mano oculta, es beneficiosa para toda la población. Los que se benefician son los ricos, que se aprovechan doblemente: con los esclavos que contratan, y con los réditos de sus negocios a costa de ellos. El argumento pintoresco que es el futuro de los pensionistas, es de una desfachatez sin parangón. Si a lo largo de toda una vida laboral que han descontado del salario un porcentaje nada despreciable, precisamente para poder disponer de una pensión digna, ahora resulta que ha sido un espejismo del desierto. Si es así, que se devuelva todo el capital aportado en función de las rentas de ahora. Si no se hace es porque o lo han robado, o porque el argumento es un auténtico dislate. En Europa, la cuestión de la inmigración hace más de 30 años que se considera por parte de la población en general algo que se ha de regular. La prueba es que hay varios países considerados modélicos, que han puesto freno a la entrada de nueva población. Esto es irrebatible por mucho que no guste. Como siempre en este Estado, se confunde todo por las escasas luces: turismo-inmigración, y mano de obra. Es una bola de nieve que ha reventado con el atraso acostumbrado. La izquierda maravillosa solo es capaz de vociferar que es un seguidismo hacia los malvados. Perfecto. ¿Qué soluciones ofrecen?

Atentamente.

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