Patxi Azparren
Miembro de Euskaria

Insumisión a Felipe VI

Estamos ante una buena oportunidad de afrontar este reto histórico y dar inmediatamente la palabra al pueblo en consultas populares

En 1707, tras vencer en la batalla de Almansa, Felipe de Borbón decretó la abolición de las Cortes y leyes de los reinos orientales de la Península Ibérica y Mallorca. Los cuatro territorios subpirenaicos de Euskal Herria mantuvieron la legislación foral (también el valle de Arán) por haber combatido a favor de Felipe de Anjou. Antecesores y contemporáneos siempre hemos vivido en la contradicción.

Tres siglos después se vuelve a querer imponer un rey homónimo de la misma Casa Real, pero en un contexto evidentemente anacrónico. Los borbones son los precursores del estado–nación en su forma absolutista, que fue heredado en forma republicana por el jacobinismo francés. El modelo de estado-nación francés de gran éxito en muchas partes del planeta nunca fue adecuado para gestionar satisfactoriamente la pluralidad cultural, nacional y lingüística. Por otra parte, la reciente fase del capitalismo ha arrebatado al estado-nación facultades socioeconómicas y políticas que han producido una crisis total de este modelo.

En este contexto, catalanas y catalanes y vascas y vascos, junto a otras naciones minorizadas de Europa Occidental, se encuentran en una interesante encrucijada de la historia que les puede permitir retomar su frustrada andadura soberana bajo formas republicanas de democracia participativa e inspiración social que puedan adelantar las formas políticas del futuro.

Al sur del Pirineo se ha iniciado el proceso para intentar imponer de nuevo a un Borbón a la cabeza de ese decrépito imperio que llaman España. Afortunadamente, el momento histórico y el marco geopolítico nos pueden permitir por primera vez iniciar un proceso independentista sin la perspectiva de un atroz enfrentamiento armado. Al fin el reloj se mueve en nuestra dirección y corre a nuestro favor.

Es un momento, quizás irrepetible en mucho tiempo, para negarnos a reconocer a Felipe VI como rey de vascos y catalanes, gallegos y republicanos de otros pueblos peninsulares. Aunque la mayor parte de quien se afirma dirigente político de nuestro país nos apunte lo contrario, Euskal Herria está en condiciones favorables para unirse de forma inmediata cronológicamente, con fórmula propia, al proceso independentista catalán, abriendo una tercera brecha al ya tambaleante sistema político español.

España está en quiebra económica, ética y política. Los últimos restos de su imperio se deshacen por las mismas razones que lo hicieron en épocas anteriores: despotismo, militarismo y corrupción.

El fracaso de la casta política española representada principalmente por el PP, el PSOE y sus aliados, nos presenta un nuevo panorama, aun en ciernes, que permite imaginar, ensayar y practicar otros escenarios hasta hace poco impensables a corto plazo.

El binomio PP-PSOE, como avaladores de la segunda reforma del régimen franquista, ya no es suficiente en buena parte de la geografía bajo dominio del Estado español. Las dos formaciones políticas podrán ser prescindibles en cualquier cambio político en lugares como Catalunya y Euskal Herria. Rubalcaba ha acabado de terminar la tumba política que comenzó Felipe González.

Las y los organizadores de la exitosa cadena humana Gure Esku Dago proclamaron a su finalización que esto «no es sino el principio». Estamos ante una buena oportunidad de afrontar este reto histórico y dar inmediatamente la palabra al pueblo en consultas populares. El primer paso como personas y como pueblo, en acto público, rechazar la condición de súbditos de Felipe VI de Borbón y Grecia.

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