Jon Emaldi
Socio de Laboral Kutxa y miembro de Arizmendiarrieta Fundazioa

La independencia europea y el reto de la productividad

En palabras de Carney, el primer ministro canadiense que antes de este puesto ha sido nada menos que Gobernador de dos bancos centrales distintos, el de Inglaterra y el de Canadá, el año 2025 supone no un momento de transición, sino un momento de ruptura. De modo que Europa tiene que cambiar su proyecto para mantener su independencia frente a otras áreas.

Y en esa ruptura, el reto básico para Europa, en opinión del famoso Informe Draghi, es una estrategia para frenar su declive económico frente a otras potencias como EEUU o China. Draghi pone el énfasis en que el escaso crecimiento económico se debe al no incremento de su productividad y como consecuencia, su pérdida de competitividad. La fortaleza económica de Europa y el mantenimiento de su modelo social exigen una nueva estrategia, sobre todo industrial, con el foco en la productividad. El dato que da Draghi es que la productividad por hora en la Unión Europea entre 2002 y 2023 ha crecido un 15%, no llega ni a un 1% anual, mientras que en EEUU el ritmo ha sido sustancialmente mayor. Una menor productividad consecuencia de la pérdida de ritmo en innovación.

Draghi insiste sobre todo en los deberes desde las Administraciones públicas para cambiar esta situación y describe tres transformaciones imprescindibles: innovación (por ejemplo, financiación público-privada para impulso a los sectores más avanzados tecnológicamente y para generalización del uso de las nuevas tecnologías), descarbonización y seguridad económica (reducir la dependencia en materias primas, en tecnología y en defensa).

En cambio, un reciente estudio de la prestigiosa consultora McKinsey, compartiendo la necesidad de incrementar la productividad, pone el foco en la actividad dentro de las empresas. Sus conclusiones son que, aunque Europa está muy por delante de otras zonas en movilidad social, y los niveles de desigualdad son menores, en los últimos años en la Unión Europea se está produciendo un estancamiento de la movilidad social y no se han reducido las desigualdades. Y defiende que reducir las desigualdades permitiría un fuerte aumento de la productividad.

Para McKinsey, las empresas que aplican medidas para crecer en estas variables reciben un impacto positivo directo en su cuenta de resultados sin esperar mucho. Para ello, tienen que actuar sobre su selección de personas, dando mayor importancia a la experiencia y la actitud de personas incluso con menos méritos académicos, y procedentes de centros educativos más modestos, así como buscar diversidad en los perfiles sociales, de procedencia, de género y de ámbitos de conocimientos de sus plantillas. Pero, sobre todo, se trata de implantar planes de desarrollo personalizados de manera que la formación de las personas no sea un freno a la asunción de nuevas tecnologías, sino que se convierta en una oportunidad. Porque los cambios que prevén son enormes. Calculan que en Europa, entre 2022 y 2030 se van a necesitar diez millones de trabajadores en actividades de media o alta cualificación, y por el contrario, la Inteligencia Artificial y la automatización de las tareas van a hacer desaparecer seis millones de puestos de trabajo. Evidentemente, va a haber tensiones por falta de trabajadores cualificados, de modo que una solución muy rentable para muchas empresas va a ser la de invertir en la educación y cualificación de sus trabajadores y trabajadoras. Con el añadido evidente de una mayor vinculación con la empresa que invierte en sus personas.

Este año 2026 es el 50 aniversario de la muerte de don Jose María Arizmendiarrieta, el fundador de la Experiencia Cooperativa de Mondragon, y para recordar su obra y sus valores traemos aquí estas referencias que ilustran la actualidad y la aplicabilidad de sus enseñanzas. Porque algo especialmente llamativo en su pensamiento es su convicción en la potencialidad de la educación, la participación y la solidaridad para transformar las empresas haciéndolas más humanas, pero también más productivas.

Una de sus frases más conocidas es «Hay que socializar el saber para democratizar el poder», a la que añadía «Tras la socialización de la cultura viene inevitablemente una socialización de las fortunas y hasta del poder; diríamos que es la condición previa indispensable para una democratización y un progreso económico-social de un pueblo».

Nuestra aportación a la independencia del modelo económico y social europeo, a nivel geopolítico, será escaso, pero cada uno y cada una en su puesto de trabajo en nuestras empresas, o en su centro de estudios, sí podemos dar pasos desde la formación permanente hacia la productividad, y desde la participación y la solidaridad hacia la reducción de las desigualdades. Siguiendo las ideas de un cura que nunca promocionó dentro de la Iglesia, nunca fue párroco, se quedó en ayudante (coadjutor).

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