La rotonda vasca (I)

Cada cierto tiempo, la población vasca parece que observa gentilmente como algunos debates se reproducen una y otra vez. La pregunta ante esto está clara: ¿Será alguien capaz de salirse de la rotonda vasca?

20/11/2019

En los últimos días se ha acentuado la división entre las distintas facciones de la política vasca en torno al análisis de los resultados de las últimas elecciones al Congreso y al Senado español. Aquellos que no se dan por satisfechos con lo obtenido, han recuperado un tono bronco. Además las pequeñas minorías en las diversas coaliciones, se revelan ante su falta de visualización o ante axiomas políticos que defendían y que se han visto ocultos tras el debate público en torno al resurgimiento en el Estado de la extrema derecha.

Cada cierto tiempo, la población vasca parece que observa gentilmente como algunos debates se reproducen una y otra vez. La pregunta ante esto está clara: ¿Será alguien capaz de salirse de la rotonda vasca?

En el año en el que nos movemos, los debates en torno a la capacidad que tiene lo local de sobresalir en un mundo global se reproducen constantemente. Suelen ser uno de los argumentos favoritos de aquellos que defienden a través del «postureo» un mundo global con identidades flexibles y cambiantes.

No parece muy sensato pensar que lo global y lo local no pueden convivir. Sobre todo si atendemos una máxima de los físicos sobre la energía que dice que esta «ni se crea ni se destruye, se transforma». Con la identidad parece que ocurre lo mismo. Claro que no es lo mismo pertenecer a un ámbito de minoritario, es decir, de resistencia que ser el patriarca que tiene la última palabra en cada conflicto.

En cualquier caso, la fuerza de esa lucha local tiene en los últimos años algunos matices no muy bien asumidos en el discurso político. Pondré algunos ejemplos para que se me entienda mejor. En las elecciones más recientes, el voto en función de la renta y del lugar donde los independentistas han sido mayoría en el Estado determina que, por ejemplo aquí en la CAV, el votante abertzale medio (o al menos donde son mayoría), pertenece a los deciles de renta medios y medios altos. El voto más humilde se dispersa más entre opciones de izquierda más estatalistas. Así pues, la renta marca que una posición económica holgada hace más sencilla la militancia en base a la cuestión nacional y que por lo tanto, cuando la coyuntura aprieta, las soluciones demandadas están más ligadas a cuestiones de reclamo inmediato o subsistencia entre los más vulnerables.

Con todo ello, podemos concluir que la derecha, sea vasca o española, vive cómoda en situaciones de crisis pues sus votantes son tan fieles que apenas varían sus resultados. Da igual que llegue la crisis o simplemente la coyuntura económica cambie. Así la izquierda se vuelca en crecer por el otro costado y demanda constantemente políticas de redistribución de la riqueza para tratar de recuperar votantes de esas capas sociales (RGI, SMI….).

Por ello, aquellas cuestiones que nos diferencian como sociedad de otras, cuestiones más generales que tienen un sector público potente y que afectan más a las clases medias, son delegadas en manos de los sindicatos. Así las cuestiones identitarias quedan aparcadas para situaciones más favorables en lo coyuntural una y otra vez. Quizás por no disponer de fuerza suficiente para incidir ni en las prioridades de subsistencia ni en aquellas que afectan más a un determinado tipo de votante de mayor renta.

Parece que hay quien aprovecha las coyunturas presupuestarias para negociar para los votantes de otros olvidándose de los suyos propios. Por encima del verde se impone el rojo, el morado y cualquier otro color que no evoque o lleve al choque de trenes con nuestras propias contradicciones individuales.

Decía Ferran Soriano en una reciente charla sobre la identidad de lo local en un fútbol global, que lo importante es saber en qué barco estás navegando. Hay clubes que tienen que ganar por encima de todo y aún así son capaces de pelear por mantener una identidad especial. Hay otros que prefieren dirigir todos sus esfuerzos a mercados pequeños y ser los mejores en él. En cualquier caso, todos ellos se establecen con fuerza en unas bases que los hacen diferentes a sus competidores.

En el caso de los partidos políticos parece ocurrir lo mismo. El tantas veces reclamado «centro político» no es más que el nicho de votos común entre dos partidos que se disputan el liderazgo en un lugar o sector poblacional. Pero claro, si olvidas cuidar en casa a aquellos que te son absolutamente fieles, tu centro político se va escorando y aquellos que no se ven atacados, se sitúan tranquilamente en espacios de confort en los cuales la presión es muchísimo menor.

Así con los resultados en la mano de estas últimas elecciones al Congreso y al Senado español, los partidos vascos más a la derecha se han situado muy cómodos en sus nichos de votantes. Tan cómodos que a pesar de que incluso algunos han perdido votos y otros no han ganado los suficientes para sacar un poquito la cabeza de debajo del agua, parece que han triunfado si atendemos a lo publicado en los medios de comunicación afines.

Ante esta situación, unos a otros van a comenzar a ayudarse para seguir manteniendo a sus votantes más fieles. Esos que les sirven para tejer mayorías inquebrantables. PNV-PSE-Podemos aspiran a tejer una mayoría tan amplia que difícilmente les haga caer nunca de los puestos de poder. PP por el contrario intenta comerse a sus competidores Ciudadanos y Vox por el carril del desgaste continuo y la teórica utilidad del voto.

EH Bildu por el contrario trata de seguir conquistando los nichos de votantes de la izquierda desencantada. Ezker Batua, EA, Más País, Equo y otras formaciones tratan de sacar la cabeza en esta crisis mediática de contenidos con distintas formulas. Pero en el fondo todo el mundo permanece en la misma circunvalación.

Parece pues que tanto el PNV como el PP pretenden dar el abrazo del oso para seguir donde estaban. Parece que no se atisba salida a la rotonda vasca. Todos querrán volver a sus nichos de votantes tradicionales a través de la negociación presupuestaria. Todos querrán hacerse con el votante de la clase media pera cada uno en función de su identidad propia. Por eso, todos ellos nos harán permanecer en la rotonda vasca los próximos meses.

Salvo que alguno valiente trate de disputar la supremacía identitaria al Estado y los votantes de la clase media a la clase conservadora. La Unión Europea colaborará al máximo también en ello para que los autos locos sigan en el mismo circuito. Al fin y al cabo, ellos ya tiene sus propias rontodas (Brexit, extrema derecha…).

Solo quien sea valiente y se salga del guión original será capaz de disputar el liderazgo. Aunque en un primer momento encuentre de frente al IBEX 35, a la UE y los cobardes del aguilucho. Es hora de arriesgar y cambiar el discurso si nos queremos salir del recorrido marcado. Es momento de defender lo nuestro y también de compartir con otros los problemas del día a día de algunos de nuestros rivales.

No podemos esperar otros cuatro años para que Catalunya nos dicte el paso. Hay que salir de la rotonda y construir sin demora nuestro propio destino. Aunque esto suponga arriesgar y enfadar a algunos de nuestros votantes más volátiles.